Nyla… Cerré la puerta de la habitación con cuidado, como si el más mínimo ruido pudiera romper la burbuja cálida y tranquila que había quedado entre nosotros después de que todos se marcharon. Samuel se quedó justo en el centro del cuarto, con los hombros relajados pero los ojos todavía brillando con esa mezcla de sorpresa y… ¿felicidad? Parecía más joven, más suave, como si el peso que cargaba siempre sobre la espalda hubiera cedido por unas horas. Me acerqué despacio mientras me quité los zapatos y los deje a un lado de la cama. —Entonces… —rompí el silencio sonriendo hasta llegar cerca de él —. ¿Sobreviviste a tu fiesta sorpresa? Samuel soltó una risa baja, ronca, que me recorrió la columna como un susurro. —Apenas —contestó—. Pero creo que lo logré gracias a ti. Sonreí. Él no so

