La frase a modo de título que Melina dejó correr como si fuera una arteria rota en su corazón desprendiéndose de algo tóxico, abrió una brecha entre nosotros por unos instantes. La tenía sentada a un metro y medio de mí, pero sus palabras nos dejaron a siglos de distancia, dentro de soledades individuales necesarias para deglutir y desmenuzar la gran frase que Melina desparramó. Y mis fantasmas despertaron de su ocio degradante ¿Acaso iba a terminar siendo yo el descubierto en esta historia? ¿Acaso Melina manejaba mejores armas que yo y me estaba llevando a un juego que jamás se me hubiese atravesado por mi cabeza? ¿Quizás ella supo desde un principio toda mi estratagema y obró en consecuencia, y ahora me encontraba parado en un pie sobre una porción de tierra en un punto del e

