Capítulo 29 — Piso 17: donde los sellos susurran

1665 Palabras

El ascensor subió despacio, como si el edificio tuviera pereza o planeara dejarles tiempo para arrepentirse. Valentina miró su reflejo en la puerta cromada y se peinó el gesto: no para salir bonita, sino para que la expresión “no me jodas” quedara bien definida. Alejandro a su lado respiraba con la tranquilidad de quien aún cree que puede negociar con la realidad. Lucía iba cargada con una tablet, Ana con un sobre judicial y Rojas con la disciplina de quien ha visto demasiadas escenas que no acaban bien. —Si en el piso 17 hay alfombra roja, me voy a quejar —murmuró Valentina—. Al menos que pongan buenos canapés. La broma fue un pedacito de normalidad que nadie rehusó. Subieron. El pasillo del piso 17 olía a moqueta y a perfumes de oficina que se pagan con mucha antelación. La puerta 1703

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