Ya eres mía...

1676 Palabras
POV KAVIN ASTHON D.S. Después de que Mar anunciara su tonta decisión de renunciar he intentado hablar de nuevo con ella. Pero, no he podido acercarme. Mi único consuelo es que llegó al trabajo al día siguiente y se ha mantenido así durante la esta ultima semana. - Tiene salidas muy frecuentes con él – Troy me muestra una fotografía de ayer en donde Mar y Adrián están cenando muy felices de la vida. - Creí que estaba saliendo con otra – menciono - No, está soltero. La chica que mencionó ver con él aquella noche, es su hermana menor – por alguna razón, al escuchar que está soltero; lo tolero todavía menos – Él es el director de la sucursal en la ciudad ¿desconfía de él? – miro la fotografía y lamento el día en que contraté a ese tonto. - No tiene nada que ver con el trabajo – digo para tranquilizarlo – Es bueno en lo que hace, pero… - Adivinaré; no le agrada que esté tan cerca de su mujer – alzo una ceja ante su comentario. - ¿Qué te hace pensar que es mi mujer? - Es más que evidente su interés por ella. Y teniendo en cuenta que ella y usted están… - su teléfono suena interrumpiendo su oración - ¿Señor? – por el tono, sé perfectamente bien quien es la persona que lo llama – Sì, está conmigo en este momento – y tras la oración, me brinda su teléfono. - No estoy de humor, hermano – digo sin saludar - Kavin, estoy llegando al limite de mi paciencia – puedo imaginar su expresión con solo escuchar el tono de su voz – Te pedí hacerte cargo de la empresa en esa ciudad y ¿Qué haces tú? ¡contratas a un director para hacer tu trabajo! - Él es la mejor opción y lo sabes – respondo molesto - No, no lo sé. Te has alejado tanto de mí, que pareces mi enemigo. Solo hablamos para discutir; solo logro enterarme de las cosas que te ocurren gracias a Theo, eso claro; teniendo en cuenta que quieras contárselo a él – una punzada de culpabilidad me llena el pecho al escuchar su voz triste y dolida – Eres mi hermano, mi única familia. Pero pareciera que me rechazas… como sí, te estorbara mi existencia. - Deja de decir estupideces. - Estoy preocupado por mi hermanito y… no tengo la menor idea de que hacer para volver a ser tan unidos como solíamos serlo – ambos nos quedamos en silencio. No puedo decirle el motivo por el cual estoy casi al otro lado del mundo, lejos de él, de ella y de todo. - Todo está bien – suelto por fin - No lo está – su voz es casi un susurro – Regresa a casa, te necesito. Theo te necesita. - Tengo cosas que hacer aquí – es claramente una excusa - Estoy seguro que Logan tiene mejores personas para ser su secretario. - ¿Me estás vigilando? - ¿No haces tu lo mismo? - Claro que si – respondo – Pero me ofende que me lo hagas a mí. - Hermano, por favor. Regresa. - Dame más tiempo – pido – Necesito esto. - Llevas casi tres años lejos… ¿Cuánto tiempo necesitas? - No lo sé, pero sí sé que no es el momento de regresar. - Bien, pero quiero resultados de tus negocios con Logan; quiero esa empresa en el mercado a finales de este mes o a ti en la presidencia ¿estoy siendo claro? - ¿Por qué insistes en imponerme ese cargo? - Te libraste en una, pero en las dos… no lo creo. - De hecho, quería venderle la empresa de vuelta a Logan y su familia. - Siempre y cuando paguen el precio justo – concuerda - Pero… aún no tienen el dinero – Kaleb suspira desde la otra línea - No hacemos caridad, ya lo hemos ayudado lo suficiente y lo sabes. - Es nuestro amigo – intento razonar - Es tu amigo – me recuerda – Pero si quieres que la empresa aguante y le dé mi apoyo, entonces ya sabes lo que tienes que hacer; toma la presidencia y aguanta en ese puesto hasta que Logan pueda comprarla de nuevo. - Pero Kaleb… - Es mi ultima palabra - taja – Ahora tengo que irme. - Bien. - Una última cosa. - ¿Qué? - ¡Contesta tu maldito teléfono! – me grita y luego cuelga. Miro la pantalla con un enfado que solo Kaleb puede producirme. Le regreso a Troy su teléfono. - ¿Tus hermanos también son fastidiosos? – pregunto. Aunque jamás he visto a Taylor y Tony peleando. Troy es sumamente pacifico, lo cual es sorprendente, porque es capaz de ponerte a dormir con un solo golpe. - Mejora con el tiempo – responde con una sonrisa - Eso espero. - El señor solo se preocupa por usted – comenta - Lo sé, pero eso solo empeora mi estado – me lamento - ¿Tiene alguna orden especial con relación a la Señora Mar? - No, por el momento no – Troy asiente y se marcha. Un momento… ¿acaba de llamarla señora?. Seguramente fue un desliz de lengua, necesito una ducha y luego dormir. Mañana, no habrá forma de que se libre de mí. Llego a la oficina más temprano de lo usual, estoy lleno de motivación… la cual se esfuma al verla salir del auto con Adrián. Una ira incandescente crece en mi interior al verla sonreírle y coquetearle; ¿enserio le gusta ese tipo? La observo fijamente hasta que se despide de él y entra al edificio en dirección a su escritorio. Decido calmarme un poco antes de hablar con ella, de otra forma; terminaremos peleando de nuevo y eso es lo que menos quiero hacer. Pero la mañana pasa y la angustia solo crece en mi interior; cuando llegan las tres de la tarde, decido ir a verla. La encuentro en su escritorio, con la vista pegada a la pantalla, totalmente concentrada. La observo por varios minutos, hasta que se percata de mi presencia. - ¿Qué haces aquí? – su tono está lleno de precaución. - Quería hablar contigo. - No creo que tengamos nada de qué hablar – aprieto mi puño en un acto de autocontrol (que hago desde niño) para no empezar a gritar como loco. - Solo quiero recuperar a mi amiga. - Creo que deje clara mi posición. - ¿Te gusta ese chico? – con mi pregunta, capto toda su atención – Te vi bajar de su auto esta mañana ¿están juntos? - ¿Me estás vigilando? – claro que sí, pero no quiero que ella se entere. - Te vi por casualidad – otra verdad a medias. Sì la vi por casualidad. Me recuesto sobre su escritorio, para poder verla a los ojos. - Escucha Asthon, me siento incomoda al verte y es por eso que prefiero mantener mi distancia – se pone de pie y al hacerlo, accidentalmente empuja una estatuilla de arcilla que tiene en la mesa. El objeto de decoración, me cae de lleno en la mano y el dolor punzante me hace gemir de dolor. - ¡Mierda! – el dolor es agudo y mis dedos salen más afectados. - ¡Lo siento! – Mar corre hacia mi y toma mi mano en un intento de aliviar mi dolor. - Oye, no lo toques… duele más – me quejo. - Siéntate – se apresura a empujarme en su silla mientras entra en pánico – Lo siento, te juro que no fue mi intención – al girarse, golpea con el codo su vaso de agua y me lo hecha encima – Ay no… perdóname. ¡Te juro que no es a propósito! – su nerviosismo me parce tierno y voy a admitirlo, finjo más dolor del que tengo. - ¿Hay algún botiquín? Necesito una venda. - Claro, claro… voy por él – dice corriendo hacia unos estantes a nuestra derecha - Intenta no tirar nada – pido - ¡No es momento para bromas! – saca apresurada los materiales para vendarme la mano – Deberíamos ir a un hospital – dice cuando ya ha terminado. - Creo que estaré bien. Pero debo cambiarme. ¿puedes ayudarme? – ella se aleja de mi dando un saltito. - No – responde - ¡Fuiste tu la que me empapó! Debes hacerte responsable – intento razonar – Y la mano me duele ¿Cómo se supone que voy a quitarme la camisa? ¡tiene muchos botones! – ella parece considerarlo. - Bien, vamos a la oficina – ella avanza decidida y yo reprimo una sonrisa triunfal. Al entrar, me quita el saco con cuidado, luego la corbata y de último, la camisa - ¿traer tu pañuelo? – pregunta - Sì, en el saco – toma la tela y empieza a limpiar mi torso, hay un leve temblor en sus manos al pasar la tela sobre mi piel. Limpia con cuidado las gotas de mis hombros y cuando se acerca para secar mi cuello, tomo su cintura entre mis brazos; sorprendiéndola en el acto. - ¿Qué haces? – su rostro está tan cerca del mío, que puedo sentir su aliento. No logro contenerme mucho tiempo y la beso, tomo sus labios con toda la delicadeza que mi impulso y deseo me dejan. Saboreo milímetro a milímetro su boca; la escucho gemir levemente y me abrazo, cruzando sus brazos detrás de mi cuello. Mi corazón se llena de júbilo al sentir como corresponde mi arrebato. Nos besamos como si quisiéramos memorizar los labios del otro, de hecho… quiero hacerlo. No tengo idea de lo que es esto, pero no puedo seguir de este modo; para averiguar lo que siento, primero debo tenerla cerca y haré lo que sea necesario para lograrlo. - Ya eres mía, Mar – le susurro sobre sus labios justo antes de volver a tomarlos.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR