POV MAR
Lo primero que siento cuando mi mente se llena de claridad, es sed. Mi garganta está tan seca que siento la lengua como lija. Me esfuerzo más de lo que creí posible únicamente para abrir mis ojos. Veo a mi madre, dormida sobre una silla, justo a mi lado; al ver por la ventana noto que es de noche. Intento moverme, pero un ardor tremendo en mi vientre hace que me quede totalmente quieta. Bajo la mirada y el pánico me llena cuando veo que mi vientre de embarazo no está. Recuerdos fugaces de un hombre atacando a Leah llegan a mi mente y luego, confusión mezclada con dolor.
- Bebé… ¿Mi bebé? – mi garganta duele con cada silaba que pronuncio. ¿Qué paso? ¿En dónde está mi hija? ¿Kavin? Por más que intento gritar, moverme no puedo hacer nada. Es como estar prisionera en mi propio cuerpo, aterrada y llena de dolor. Cierro los ojos, intentando mantener mi consciencia; pero vuelvo a dejarme llevar por la oscuridad… cuando vuelvo a recuperar la consciencia, escucho hablar a alguien que no conozco, pero sigo sin poder moverme.
- Se recuperará pronto, está tan tranquila debido a los sedantes – parece decirle a alguien.
- ¿Seguro? – es Kavin… Kavin. Quiero gritar, poder sentarme; estoy aterrada, quiero abrazarlo, quiero ver a mi hija. Por favor ¿Por qué no puedo? – Han pasado unos días y… - se detiene abruptamente - ¿Mar? – me llama y la desesperación me llena el alma entera - ¡Doctor! ¿Ella está llorando? – siento como su mano limpia el costado de mi rostro; sé que es él debido a lo gentil de su tacto.
- Tranquilo, solo debe ser un reflejo.
- Pero…
- No es nada – asegura él – Ella está inconsciente, no es motivo para alterarse.
- Estoy aquí mi amor – siento como Kavin sostiene mi mano entre las suyas – No llores, estoy aquí – sus palabras me reconfortan tanto que ahora ya no estoy aterrada, solo asustada - ¿Crees que llora porque sabe lo que pasó? – lo escucho preguntar
- Puede ser… la conexión de una madre con sus hijos es fuerte – mi hija… quiero verla, abrazarla. ¿En donde está?
- Espero que Ola se haya despedido de ella, al menos en sueños - ¿despedido?
- Te daré unos minutos a solas – dice Kaleb y luego de unos momentos, escucho una puerta cerrarse.
- Mar, es hora que despiertes – pide en un susurro. ¡Eso intento! Pero mi cuerpo se niega a obedecer – El dolor es abrumador, estar solo… pero te prometo que me vengaré, pagarán por habernos arrebatado a nuestra niña – El pánico regresa, ¿Qué quiere decir? No, no… mi niña, ella debe estar bien. Debo despertar, ella me necesita; debo alimentarla, abrigarla… por favor.
La próxima vez que recupero la consciencia, el sol brillante entra por el balcón. Y ya puedo abrir los ojos sin demasiado esfuerzo. Un médico parece estar revisándome, porque su bata blanca es lo segundo que veo.
- Señora De Santi ¿Puede escucharme? – afirmo con un movimiento de mi cabeza - ¿Tiene nauseas? ¿Mareos? – niego – Bien, sé que es difícil. Pero aún se encuentra bajo los efectos del medicamento, pero pronto estará como nueva.
- ¿Mi hija? – pregunto con voz rasposa; él medico evade mi mirada.
- Su esposo vendrá pronto, le notificaremos que ya se encuentra consciente – y tras decir eso, sale de la habitación; dejándome con una enfermera. Una especie de vacío se instala en mi pecho. No fue un sueño… levanto mi mano y la poso sobre mi vientre plano; mi hija ya no está. No está… es mi culpa, yo me busqué eso; yo le hice esto a mi pequeña y a Kavin. Regreso mi vista a la ventana y no vuelvo a moverla. Después de varios minutos, mi madre entra efusivamente, me abraza y besa con cuidado; escucho que habla, pero no logro captar nada. Sigo con la vista fija en esa ventana; pronto varias personas más llenan la habitación, siento como me sacuden e intentan entablar una conversación.
- ¡¿MI AMOR?! – La potente voz de Kavin me arranca la vista de la ventana; al verlo, me sorprende su estado; parece haber adelgazado varios kilos y sus ojeras abarcan gran parte de su rostro haciendo que sus preciosos ojos azules resalten aún más; pero al verlos llenos con una tristeza tan grande que es imposible ver su final, me confirma lo que ya sé - ¿Qué sucede? ¿Te duele demasiado?
- Trae a nuestra hija - pido. Él aprieta los labios y luego intenta sonreír.
- No pienses en eso, tienes que descansar.
- Quiero verla – insisto al borde de la desesperación - ¿Por qué nadie se mueve? Vayan por ella – exijo
- Mi amor… - lo veo de frente
- Prometiste no decirme más mentiras – sus ojos se cristalizan y mi corazón se parte. Yo le hice esto, yo arruiné a nuestra pequeña familia. La niña que tanto adoraba y esperaba, ya no está.
- Solo descansa – pide
- Sì, creo… creo que es mejor – me acomodo sobre la cama, intento extender mi mano para acariciar su rostro; pero no logro alcanzarlo. Él se inclina rápidamente para que logre acariciar sus bellos pómulos.
- Estaré aquí – me asegura
- ¿Puedo pedirte algo?
- Lo que quieras.
- Cuando pueda ponerme de pie… quiero ver la tumba de nuestra pequeña – mis palabras lo sorprenden y las lágrimas se desbordan de su rostro, tan silenciosas como las mías - ¿Me llevarás? – él siente
- Te llevaré a donde quieras ir - ante su confirmación, me recuesto en la almohada y fijo mi vista al árbol que está fuera. El sol de la tarde lo baña de dorado, es hermoso. Veo como poco a poco, la copa del árbol desaparece en la oscuridad y luego es bañado nuevamente por el sol al amanecer. Como lo prometió, Kavin no se separó de mi en toda la noche, me acaricia el cabello, me abraza; nos consolamos en silencio, solo nosotros sabemos el dolor que el otro siente. No entiendo como es tan gentil, debería estar odiándome por esto. Odiándome tanto como yo lo hago; ojalá pudiera dar mi vida a cambio, lo haría sin pensarlo - ¿Quieres desayunar algo? – pregunta gentilmente. Pero no respondo, no puedo siquiera verlo a los ojos, no lo merezco, no merezco nada – Por favor… come algo – cierro lo ojos, intentando aparentar que estoy dormida para evitar cualquier contacto con alguien, pero las lágrimas siguen deslizándose por mi rostro aun cuando mis ojos permanecen cerrados. Muerdo mi lengua para obligarme a no llorar, no merezco siquiera eso. Debo aguantar, yo asesiné a mi bebé al no poder protegerla. No merezco nada, ni siquiera vivir.