POV MAR
Admiro la belleza de la casa que Kaleb y Artemis nos han obsequiado; también es agradable que esté a pocos minutos de la suya. Nunca me había planteado la posibilidad de vivir tan lejos de la ciudad, pero con un hogar como este, se te olvida eso rápidamente.
- ¿Ya viste los jardines? – Kavin parece un niño pequeño, me toma de la mano mientras grita cada cinco minutos ¡“mira eso”! – Los tulipanes eran una de las flores favoritas de mamá y hay varios – se agacha para poder tocar los pétalos de uno de ellos.
- Es un lugar verdaderamente hermoso – concuerdo al ver los árboles que nos rodean, incluso el color del cielo parece ser más celeste de lo normal.
- Y puedes decorarlo como te guste, cambiar lo que quieras – se pone de pie y me entrega un tulipán.
- Artemis hizo un buen trabajo con la decoración, no quiero cambiar nada – le aseguro
- Pero dejó vacía la habitación de nuestra hija ¡es momento de comprar las cosas para ella! – su emoción se me contagia y sonrío abiertamente con junto a él.
- ¿De qué color quieres que pintemos la habitación?
- Es una niña ¿no debería ser rosa? – pregunta mientas se acerca para acariciar mi vientre.
- ¿Te parece bien el color?
- Sí – se inclina para darme un beso en el vientre – Pero lo hablaremos cuando vuelvas de visitar a tu familia ¿Okay?
- Claro
- Ahora, deberíamos irnos o llegarás tarde al aeropuerto – me toma de la mano y ambos recorremos de nuevo el sendero hacia la parte frontal de la casa en dónde Troy y Ted nos esperan. Mi nuevo amigo alias guardaespaldas; parece ser una buena persona, reservado y muy observador. Es una pena que tenga que estar atado a mi todo el día. Ambos subimos al auto mientras Troy conduce – Quiero que te cuides, no hagas nada imprudente y deja a Ted abrirte las puertas – pongo los ojos en blanco.
- ¡Apenas toqué esa puerta! – me quejo recordando el catastrófico primer día que tuve como secretaria de Leah, eso parece muy lejano ahora.
- ¿Y que me dices de la vez que te diste de frente con la puerta giratoria? – pregunta con la sonrisa ladeada
- Ese vidrio estaba muy reluciente y transparente – razono – No noté que seguía siendo vidrio.
- Solo ten cuidado ¿sí? – mete sus dedos en mi cabello, deslizándolo por cada mechón que encuentra.
- Lo tendré – accedo
- Y quiero que llames todos los días.
- Relájate – pido
- ¿En verdad tienes que ir? – se recuesta en mi hombro – No quiero tenerte lejos tanto tiempo.
- Apenas y me has dado una semana – reclamo
- Oye… quiero que les preguntes algo por mi – se levanta de mi hombro y me ve fijamente – Quiero que vivan en este país, puedo darles una casa en la ciudad o donde quieran. Así no tendrás que extrañarlos tanto y no te alejaras de mi ¿Qué dices?
- Te sobra el dinero ¿verdad? – pregunto
- Sí, y quiero usarlo para que seamos más felices – me asegura – Solo hazles la propuesta ¿quieres?
- Lo haré, pero ya no te angusties más. Regresaré tan rápido que no me extrañarás.
- ¿Lo prometes?
- Lo prometo – lo sujeto por la nuca y tiro de su cuerpo para poder besarlo de la manera más exigente que puedo. Pasamos todo el viaje hablando de los muebles para la habitación de nuestra hija y en posibles nombres. Cuando llegamos, me toma diez minutos poder soltarme del agarre de Kavin para poder subir al Jet que me llevará con mi familia. A diferencia de Troy, Ted se sienta lo más alejado de mí; por lo que me condena al silencio en todo el viaje. Intento dormir, pero es incomodo debido al tamaño actual de mi vientre; así que el viaje se alarga mucho más que el anterior. Después de horas metida en ese Jet, agradezco cuando la brisa fresca de la noche me golpea el rostro al bajar. Dos autos nos esperan y nos conducen hasta el departamento de mi familia. No necesito abrir la puerta ya que mi madre me espera en el umbral.
- ¡Madre! – corro hacia ella para poder atraparla en un abrazo de oso algo extraño debido a mi vientre.
- Mi niña, estás hermosa – dice mientras se aparta y acaricia mi vientre – Luces preciosa embarazada – está sonriente, ya no tiene ojeras y parece feliz. Mis ojos se llenan de lágrimas.
- Te extrañé tanto – admito
- Oh cariño, estamos bien. Somos más fuertes de lo que parecemos ¿recuerdas? – me anima a entrar en la sala.
- Espera – me giro hacia el pasillo en dónde Ted sostiene nuestras maletas – Él es Ted, mi guardaespaldas – lo presento – Ted, ella es mi madre.
- Un placer – lo saluda mi madre, con tono de preocupación.
- Un gusto, madame – responde él.
- Que amable – señala mamá – Entre por favor – nos sentamos en la sala mientras él escoge una silla justo en la esquina de la estancia - ¿Por qué necesitas un guardia? ¿Estás en peligro? – pregunta preocupada
- No, es solo… todos los miembros de la familia De Santi tienen uno y han insistido en que yo también lo tenga – me explico – Pero no debes preocuparte, lo aseguro – mi madre le lanza una mirada de preocupación a Ted, luego suspira como dándose por vencida – Pero cambiemos de tema ¿Cómo han estado?
- La verdad, muy bien. No tenemos nada de que preocuparnos gracias a tu…. ¿esposo? – sugiere
- No estamos casados – señalo – Somos… - no tengo idea siquiera de eso; es decir, estamos a punto de tener un hijo y tenemos sexo. Pero él jamás me ha pedido nada, ni siquiera que sea su novia – Como sea, lo importante es que Kavin ha cumplido con su palabra - Ahora mi madre luce aún más preocupada.
- Deberías pedir que se case contigo. ¡Eres la madre de su bebé!
- No voy a forzar a nadie a nada – le aseguro – Así estamos bien.
- Pero hija…
- ¿En dónde está Ramiro?
- En clases de piano – me informa – Al parecer le gusta.
- ¿Enserio?
- Sí, parece muy emocionado y es muy diligente con todo.
- ¿Y Leah? – mi pregunta obtiene respuesta cuando mi amiga abre la puerta y corre a abrazarme, sobresaltando a Ted quien se pone de pie rápidamente. Pero al ver su rostro, vuelve a sentarse – Hola – la saludo
- ¡Por fin estas aquí! – dice apretándome el cuello
- La sofocas – me sorprendo al ver a Adrián parado a unos pasos de la puerta y me sonríe. Leah me suelta y se sienta a mi lado.
- ¿Adrián? Qué bueno verte – me pongo de pie y al ver mi vientre; observo como su sonrisa se desvanece poco a poco hasta ser reemplazada por la confusión e incredulidad.
- ¿Mar?.... ¿Qué…? – me avergüenza no haberlo comentado antes, pero con todo lo sucedido. No quise hacerlo por mensaje.
- Sé que esto es repentino, pero… ya ves el motivo por el cual ahora vivo en el extranjero.
- ¿Quién fue el imbécil? – pregunta con su mirada fija en mi vientre – No… yo, lo siento. No quiero hacer incomoda la situación, pero no sabia que tuvieras una relación con alguien.
- Fue algo… repentino – admito – Pero, él se ha hecho responsable de mí, de nuestro bebé… incluso de mi familia.
- Dijiste que estaba trabajando en el extranjero – acusa a Leah
- No me correspondía ventilar la vida de otra persona – dice encogiéndose de hombros - ¿Y él quien es? – pregunta al percatarse de Ted quien nos ve de manera indiferente.
- Mi guardia – explico – Su nombre es Ted.
- ¿Guardia? – Adrián pone cara de preocupación, al igual que mi madre – Mar… ¿en que estas metida?
- No es nada, es solo… una precaución.
- Dime que no estas embarazada de un mafioso – pide
- No, para nada – me muerdo la lengua para no decirle que estoy embarazada de su jefe.
- Cenemos primero y luego hablan con tranquilidad, eso sí Mar no quiere dormir – interviene mamá poniéndose de pie. Me acerco y sujeto la mano de Adrián.
- ¿Estás enojado conmigo? – pregunto
- No, no… eso no es… - suspira y luego me abraza, depositando un beso en mi coronilla – Te extrañé Marianne – susurra mi nombre como si lo saboreara y cierro los ojos al sentirme aliviada de que no esté molesto – Tienes mucho que explicar – menciona sin romper nuestro abrazo.
- Lo sé, lo haré – luego nos encaminamos hacia la mesa para cenar. Ojalá pudiera estar más de una semana aquí. Pero supongo que con la propuesta de Kavin, las cosas mejorarían para nosotros. Aunque ellos ya están acostumbrados a esta vida, en esta ciudad y en esta casa.