POV MAR
Aunque el sueño sea pesado, la sensación de hambre es más fuerte; por lo que en contra de mi voluntad me despierto. Las luces de la habitación aún están encendidas y me sorprendo al ver a Kavin dormir en una silla junto a la cama. Por su posición, sé que despertará con dolor de cuerpo. Me pongo de pie y abro la puerta, necesito comida… pero ¿en donde rayos está la cocina en este lugar? Regreso hasta Kavin y lo sacudo levemente.
- ¡Kavin! – pero nada, parece como si alguien le hubiera dado un golpe - ¡Despierta!
- ¡Mar! – se pone de pie rápidamente, haciéndome retroceder dando trompicones - ¿Qué sucede? ¿Te duele algo?
- Wow tranquilo – intento calmarlo – Solo… estoy hambrienta.
- ¿Y por eso me despertaste?
- No conozco el camino a la cocina – me defiendo – Además, tu eres el embarazador; tienes que cumplir con tus responsabilidades.
- ¿Embarazador?
- Tengo hambre – insisto.
- Bien, vamos – lo observo tomar una bata y colocarla sobre mis hombros. Me guía por un par de tramos de escaleras y pasillos interminables hasta que por fin llegamos a lo que parece ser una sala, logro saber que es la cocina únicamente por las hornillas.
- Es la cocina más increíble que he visto – respondo admirándola.
- Mi madre la diseñó – comenta - ¿Qué quieres comer? ¿Aperitivos? ¿Algo más pesado?
- ¿En dónde está el refrigerador?
- Aquí – señala una pared; al ver mi expresión de confusión se acerca, da unos toquecitos y allí está, el refrigerador.
- Es increíble – digo emocionada. Me acerco y tomo varias frutas, leche y yogurt – Tu madre era una genio - empiezo a devorar la fruta con avidez, es como si nunca haya probado una en mi vida.
- Sí lo era – se sienta a mi lado.
- Nunca has hablado de tus padres – señalo - ¿Aun es doloroso?
- No hay motivo para hacerlo, fueron geniales y no me puedo quejar. Pero prefiero pensar en eso lo menos posible.
- Claro, lamento la intromisión.
- Está bien – veo dirigir su vista hacia un estante – De hecho, ¿ves ese jarrón? – pregunta señalando
- ¿El azul?
- Sí, ella solía preparar galletas y las escondía en ese jarrón. De esa manera me mantenía controlado, era mi recompensa por obedecerla – su sonrisa triste me parte el corazón por alguna razón – Daría lo que sea, por volver a probarlas – su mirada es soñadora – Si soy la mitad de bueno con nuestro hijo de lo que fueron ellos, nos irá genial – instintivamente acaricio mi pequeño vientre, él observa mi movimiento con anhelo. Caigo en cuenta que no lo he dejado tocarme en ninguna ocasión.
- Tú… ¿Quieres acariciar mi vientre? – se pone de pie tan rápidamente que la silla cae con un enorme estrepito detrás de él.
- Sí – toma mi silla y aún conmigo sobre ella, tira fácilmente de ella, alejándome de la mesa para estar de frente. Acerca su mano, su toque es gentil y cálido – Está dura – comenta y luego me mira.
- No creí que serias esa clase de hombre – comento al ver el éxtasis en su rostro, sus ojos lagrimean.
- Cualquier hombre que no se emocione por tocar el vientre embarazado de la mujer que ama, es un total imbécil – el corazón se me acelera. Él no parece notar lo que sus palabras me provocan, incluso… podrían hacerme olvidar mis principios y las promesas que me hice a mí misma - ¿Puedo abrazar tu vientre?
- Yo… bueno, eres el embarazador después de todo; puedes hacer lo que quieras – observo como se arrodilla frente a mí, desliza sus manos sobre mis piernas y luego me rodea la cintura, recostando su cabeza sobre mi vientre. Me quedo petrificada en el lugar, ahora incluso puedo escuchar el palpitar de mi corazón, la sangre me llena la cara ruborizándome en el acto y… mi entrepierna se siente rara.
- Tu olor es maravillosamente tranquilizador – susurra. Mis manos se aventuran a acariciar su cabello, introduzco mis dedos entre cada hebra provocando que él se aferre a mí con más fuerza - ¿Cuándo crees que empiece a moverse?
- No lo sé – nos quedamos así durante varios minutos y luego regresamos a la habitación, él se acomoda en el suelo y yo regreso a la cama. Esta vez, más que mis pensamientos; es mi cuerpo el que no me deja dormir. Tengo la sensación de hormigueo en mi entrepierna solo de recordar el calor de su cuerpo contra el mío ¿Cómo puedo seguir deseándolo de esta manera? Estoy embarazada, no debería pensar en esas cosas. Obligo a mi mente y cuerpo a relajarse, debo dormir y dejar de pensar en tonterías. Cuando me despierto a la mañana siguiente, no hay señales de él en la habitación. Así que supongo que ya se ha marchado a la oficina. Una de sus sudaderas está sobre la silla que utilizó para dormir anoche, no puedo evitar tomarla y acercarla a mi rostro; sentir su olor en la tela hace que el cosquilleo en mi entrepierna vuelva, quisiera abrazarlo y dejar que hiciera lo que quisiera conmigo. Aparto la prenda rápidamente, no debo seguir alimentando mi lujuria.
- ¿Mar? – me giro rápidamente para ver a Artemis en el umbral de la puerta – El desayuno está listo – indica y doy gracias al cielo de que no me haya visto.
- Claro, me prepararé y bajo enseguida.
- Bien – me sonríe y luego desparece por el pasillo. Le doy una ultima mirada desaprobatoria a la prenda y luego me alejo lo más que puedo. Los días en ese palacio pasan rápidamente, a pesar de que ya llevo más de dos meses en este lugar, aun no termino de explorarlo en su totalidad. Pero creo que debo buscar algo que hacer o con el tiempo, me aburriré a montones. Cuando llega la tarde, Artemis y yo nos sentamos en el jardín a tomar algo de té ante la puesta de sol.
- Ellos llegaran tarde hoy – me informa – Creo que Kavin está poniendo resistencia a los despidos – mi corazón vuelve a llenarse de dulzura.
- ¿Crees que pueda hacer algo?
- Es muy terco, seguramente hallará la manera de salirse con la suya. Pero, las recientes pérdidas de la petrolera, puede que le ponga difícil el camino – agacho el rostro, después de todo yo tengo culpa en eso – No lo dije para hacerte sentir mal, así es el negocio y nosotros sabemos como funciona. No te preocupes – me anima Artemis, ahora entiendo porque Kavin la adora tanto.
- Señora, su pedido ha llegado – uno de los empleados le entrega una caja
- Genial, me alegra que se hayan apresurado – toma la caja y luego me la entrega.
- ¿Qué es esto?
- Ábrela cuando estés sola – pide – No quiero que te sientas incomoda; pero te vi esta mañana con la sudadera de Kavin – me ruborizo al instante – Es normal, a algunas embarazadas les da por no soportar al esposo y a otras, por no querer soltarlos.
- Oh, eso no es…
- Tus hormonas están como locas, lo sé. Y conociendo la situación en la que se encuentran; creo que mi regalo te gustará – dice sonriente y luego se pone de pie – Bueno, debo ir con mi hija. Que pases una feliz noche.
- Descansa – observo como el sol desaparece dándole oscuridad a mi alrededor; sostengo la pequeña caja y cuando la curiosidad no puede más; me retiro a la habitación. Abro la caja rápidamente y casi la dejo caer al ver el interior - ¿Qué mierda…? – es un puto dildo, hay un pequeño control al lado lo cual me hace creer que esa cosa, también vibra. Dejo la caja sobre mi cómoda y me alejo indignada. ¿Enserio pensó que su regalo me gustaría? Mi vista se desvía a la sudadera de Kavin, no… no puedo ¿Enserio lo estoy considerando? Esto es aberrante, antinatural y yo soy incapaz de hacer eso.