Mi niña...

1734 Palabras
POV MAR No logro pegar el ojo en toda la noche; las palabras de Kavin y su mirada triste me persiguen cada vez que cierro los ojos. Pero quedarme a su lado sería un error, las mentiras nos han envuelto en sus hilos y han ahorcado lo poco que habíamos construido. Ahora, solo quiero ir a casa, estar con mi familia y descansar; quiero poner distancia entre nosotros, de esa manera; puede que en el futuro pensemos las cosas de una manera más fría. Cuando el reloj marca las 6:30 AM me doy por vencida y me levanto de su cama, me coloco una bata y salgo a dar una vuelta. El lugar parece estar en total silencio, con la única excepción de que Troy parece estar haciendo guardia en la salida. Kavin no volvió a la habitación anoche, es entendible, pero tengo una rara preocupación en el pecho. Me adentro en uno de los pasillos más alejados y noto una luz en una habitación, al acercarme noto que es un gimnasio. Llevo aquí varias semanas y ni siquiera me he tomado la libertad de explorar el lugar. - ¡Pero no te entiendo! – la voz de una chica hace que me congele - ¿Qué es lo que planeas hacer? ¡Ella no se merece tanta consideración de tu parte! - Claire, sé perfectamente bien lo que hago – es Kavin, parece que están teniendo una discusión. - Lo que deberías hacer es demandarla por los 360 millones de dólares que has perdido solo el fin de semana – la cifra hace que me sorprenda, ¡es mucho dinero! – El lugar de esa mujer es la cárcel. - Suficiente, ¿desde cuándo me cuestionas tanto? - Desde que tus sentimientos te dominan ¿Tanto te importa ella? - Sí, me importa y no voy a dejar que se vea afectada por nada ¿lo entiendes? - Ya veremos que dice tu hermano de esto – escucho como algo se estampa contra la pared; me adentro en la habitación para asegurarme de que él se encuentre bien. Para mi sorpresa, Claire está arrinconada contra la pared mientras Kavin la sostiene del cuello. - No vuelvas a amenazarme, sabes perfectamente bien como manejo las cosas. No tientes a mi paciencia – advierte. Un escalofrío me recorre el cuerpo, jamás lo había visto utilizar ese tono de voz o comportarse de esa manera, con nadie. - Mantenerla a tu lado, solo te causará problemas. Sabes que haría lo que fuera por ti, es por eso que intento convencerte de hacer lo mejor. - Yo sé perfectamente bien que es lo mejor para mi – la chica empieza a ponerse roja y me preocupo. - ¡Kavin! – al escucharme, la suelta inmediatamente y ella cae al suelo sosteniendo su garganta - ¿Qué haces? – él se gira rápidamente y noto que está tan sorprendido como yo de verme. - Solo hablábamos un poco – le dedico una mirada de fastidio - Creí que solo me hablarías con la verdad – le recuerdo - Lo siento, no quería que presenciaras esto. Perdí un poco la compostura – me acerco a la chica e intento ayudarla. - Estoy bien – dice rechazando mi ayuda. La veo ponerse de pie y marcharse de la habitación. - ¿Qué haces despierta tan temprano? ¿Te sientes mal? – noto que no lleva camisa, solo unos pantalones de ejercicio. - ¿Siempre te vistes así cuando te ejercitas? – él frunce su ceño y luego ve su torso desnudo. - Pues, sí… es más cómodo. – acepta. Luce como un Dios romano, con su piel brillando ligeramente por el sudor y su cabello n***o despeinado. - No regresaste anoche – señalo y eso lo sorprende. - ¿Querías que regresara? – se acerca a mí y me toma de la cintura. - ¡Claro que no! – intento soltar su agarre, pero él se resiste – Solo me preocupé porque te fuiste alterado. - Ambos necesitábamos espacio para pensar – lo veo inclinarse y meter su rostro en la cavidad de mi cuello. - Es verdad que necesitaba tiempo para calmarme, pero no para pensar. Ya sabes mi decisión – siento como vibra su pecho al dejar salir una risita. - No irás a ninguna parte, Mar – susurra, mientras sus labios besan mi piel suavemente; provocándome escalofríos – Eres tan mía que llevas a mi hijo en tu interior – sujeta más fuerte mi cintura – Eres mía. - Deja de jugar – trato de empujarlo para poder poner un poco de distancia entre nosotros, pero me lo niega. Parece que estuviera hecho de plomo, no logro moverlo. - Eso hice, es hora que ambos nos dejemos de juegos – me pega contra la pared, aprisionándome con su cuerpo – Soy impulsivo, pero trato de pedirte de buena manera que arreglemos esto – noto sus manos colarse bajo mi bata – Sí sigues negándote, lo tomaré por la fuerza – él miedo me llena el cuerpo. - ¿Qué quieres decir? - Estoy harto de mendigar tu amor – sus manos se mueven desde mi vientre hacia mis pechos – Puede que ahora tenga predilección a tomarlo sin preguntar – su respuesta me llena de indignación, miedo y enfado; todo en uno. - ¿Y antes preguntabas? – señalo - Porque no recuerdo que lo hicieras. - Mar, no te conviene hacerme enojar más – advierte - ¿Me vas a estrangular también? – pregunto indignada - Sí, pero lo haré mientras te penetro bruscamente contra esa pared – el calor se me sube a las mejillas. - ¿Quieres alejarte un poco? – me da un último beso en el cuello y luego se separa levemente, coloca su rostro al nivel del mío y sus ojos azules me dedican una mirada afilada. - Prepárate, nos vamos – y tras decir eso, me libera y sale de la habitación. - ¡Espera! ¿De que hablas? - lo persigo por los pasillos – El único lugar al que iré será a mi casa. - No sigas con esto, Mar. - ¡Esto es secuestro! ¡Quiero irme! – llegamos a la sala en dónde los empleados preparan la mesa del desayuno – No puedes retenerme en este lugar ¿Qué te pasa? - ¡BASTA! – su grito me sobresalta y los empleados huyen hacia la cocina, en segundos nos quedamos a solas – Mar… deja de sacarme de mis casillas. Solo haz lo que se te dice – le dedico una ultima mirada de odio y corro a la habitación. ¿Enserio cree que puede mantenerme en este lugar por la fuerza? Tomo mi teléfono y marco el número de la única persona tan loca como para apoyarme. - ¡Leah! - Mar, que bueno que llamas – su tono es preocupado - ¿Qué sucede? - Es tu padre, tuvo una crisis esta madrugada y atacó a tu madre – la noticia me sorprende, después de todo; él parece un vegetal ¿Cómo se pudo mover? - ¿Qué? ¿Cómo está mi madre? - Estamos en el hospital en este momento, tu madre tiene unas cuantas heridas y tu padre sigue alterado – me informa - Voy para allá, mándame la dirección del hospital. - Te esperamos – corto la llamada; tomo las primeras prendas que veo y me cambio rápidamente. Salgo corriendo hacia la salida; pero me topo con Troy. - Muévete – pido – Necesito salir, quítate del camino por favor – intento salir, pero él me toma por un brazo, evitando que me marche. - No haga esto más complicado señora, no tiene permitido salir. - ¡Tengo todo el derecho del mundo! Es un país libre – alego - No – su respuesta me llena de frustración y desespero. Unas lágrimas se me escapan de los ojos. - ¡Troy! – la molesta voz de Kavin me llega desde alguna parte detrás de nosotros. - Kavin, dile que se mueva – pido girándome hacia él. - Mar, por favor. No puedes… - ¡Mis padres están en el hospital! Necesito ir a verlos – explico. Él me ve sorprendido. - ¿Qué sucedió? - No lo sé, Leah dijo que mi padre atacó a mi madre. Necesito ir. - Está bien. Troy prepara el auto – ordena y el alivio me llena el pecho. - Enseguida – veo al guardia desaparecer tras el ascensor. - Tranquila, no debe ser grave – su tono es suave – Vamos, te acompañaré – no respondo, solo me giro hacia el elevador con él a mis espaldas. No pronunciamos palabra en todo el camino; supongo que no es el momento de decir nada, si lo hacemos; vamos a terminar peleando de nuevo. Al llegar, corro por los pasillos hasta que las localizo. - ¡Mamá! – me abalanzo sobre ella, dándole un abrazo enorme. - Oh mi niña, no te preocupes; estoy bien – me separo un poco para poder revisarla; lleva una venda en la cabeza, tiene varios hematomas en el rostro, brazos y tiene rastro de sangre en su blusa. Las lágrimas corren de nuevo, odio verla de esta manera – Ya pasó, tranquila. - Lo siento, debí estar allí para ayudarte – admito - No habrías podido hacer nada – informa Leah, quien también tiene hematomas en los brazos – Estaba fuera de sí. Creo que tu madre ya no será capaz de cuidar de él, lo mejor será internarlo en una clínica – es fácil decirlo. Esa fue mi primera opción, pero son muy costosas y no tengo los recursos para hacerlo. Veo a mi padre sentado viendo a la nada a varias camas de distancia. El corazón se me parte al verlo de esta manera; repentinamente gira su rostro y la mirada se le ilumina al ver a nuestra dirección. Se pone de pie y avanza. - Di Mar… mi niña – el corazón se me acelera cuando logra reconocerme. - ¡No dejes que se te acerque! – grita mi madre, pero yo ya estoy corriendo hacia él. La felicidad se me esfuma cuando veo que sostiene algo en la mano y lo levanta, claramente quiere golpearme con eso; pero estoy muy cerca y no puedo esquivarlo. Me cubro el vientre con mis manos y espero el golpe.
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