Capítulo 5

1731 Palabras
Llegamos al hotel y como no podía ser menos, era uno de los más famosos y caros de la ciudad, aún tenía esperanza de decirle a alguien que un aprendiz de gánster me tenía secuestrada, pero me pareció muy difícil cuando observé que todos le lamian el culo a su paso. Me llevaba cogida de un brazo, quien nos viera pensaría que éramos una pareja normal o… quizás lo que había dicho antes; su puta. No podía pedir ayuda porque debajo de su chaqueta sentía el metal de su pistola, así que mis esperanzas de ser rescatada solo eran eso; esperanzas.   Cuando nadie nos estaba mirando me arrastró por el pasillo del hotel hasta que Llegamos a una suite del último piso, los armarios del bar se quedaron fuera, solo entramos él, yo y…su pistola.   –Desnúdate. –Fue la única palabra que salió de sus labios. Mi risa se escuchó por toda la habitación.   – ¿Perdona? –Pregunté mirándolo. No daba crédito a lo que me estaba pidiendo.   –He dicho, que te quites la puta ropa. –Su voz era pausada, pero daba miedo. Pensé en seguir riendo y no hacerle caso, pero observé su cara, su pistola en mi frente y un cuerpo cañón envuelto en un Versace.  Lo pensé mejor y empecé a quitarme mi traje de dos piezas que me puse con tanto esmero hacía… ¿Cuánto? ¿Dos horas? a mí me parecía que había pasado un siglo desde que salí de casa. Me quedé en bragas y sujetador, quizás solo quería mi falda y mi chaqueta.   –¡Todo! –Bramó como un animal. Despacio me desabroché el sujetador al que le siguieron mis bragas quedándome totalmente desnuda ante un desconocido. "Calma, ni que fuera la primera vez que te desnuda ante un desconocido", me dije   –A ver… no sé qué quieres de mí, pero…   –Arrodíllate. –Su orden llegó a mis oídos como un eco, porque me quedé con la vista clavada en como empezaba a quitarse su traje. Era un pecado para la humanidad femenina y de su culo mejor no digo nada. Observé la inexistencia de calzones, dejando salir una polla gruesa y apuntando hacia mí, al igual que su pistola. Me quedé mirando tal magnitud y la boca se me hizo agua, me gustaba el sexo, me gustaba su polla, el hombre y la pistola era otra historia.    Yo seguía de pie, intentando tapar con mis manos algunas partes de mi cuerpo. Se acercó, me agarró por el hombro e hizo que me arrodillara. Por mi cerebro pasaron unas imágenes como en cámara lenta de una de mis últimas veces en el negocio. En esa habitación me dio la misma orden. A pesar de que fue una cogida alucinante y un pago desproporcional seguí con mi vida sin pensar en ello, porque era precisamente lo que quería dejar atrás. Además, ese tipo de clientes en su mayoría eran narcotraficantes que se camuflaban de empresarios y ser la puta de un narcotraficante no era la mejor opción, si quería lograr mi objetivo.   –Chupa. –Ordenó sin dejar de mirarme. Seguía con la pistola en mi frente. Mi mirada se clavó en la suya sin hacerle caso. Estaba dilucidando si chupar o mandarlo a la mierda, pero lo pensé mejor y creí que la primera opción era la más factible, la segunda era jodida porque si lograba escaparme y pasar la puerta sin que me pegara un tiro los matones del pasillo se encargarían de hacerlo.   – ¿Es normal que un tipo como tú tengas que obligar a una mujer a que te haga una mamada a punta de pistola? –Pregunté mirándolo desde abajo. Por unos segundos lo vi dudar, pero se recompuso enseguida.   – ¿Es normal que la puta que pagué para cogérmela hasta la saciedad haya aprovechado que fuí un segundo al baño para largarse como una ladrona? –Me devolvió la pregunta sin perder mi reacción que, en un primer momento fue de sorpresa.   – ¿Yo hice eso? Te digo que estás confundido, soy diseñadora, trabajo en Prada, si quieres lo puedes comprobar. –Repetí en un intento vano de convencerlo.   –Lo comprobaré a mi manera, ¡Chupa! –Repitió abriendo mi boca con la punta de la pistola para dejar entrar una gran polla gruesa. Hice caso, empecé a dar lametones sin dejar de mirarlo.   –La vez anterior me demostraste que podías hacerlo mejor, así que no me vengas con tonterías. –Murmuró increpado.   –Esa vez no tenía una pistola apuntando mi cabeza. –Contesté sin pensar. ¡j***r! ¡j***r! ¡La he jodido!   –Hasta que al fin reconoces que eras tú la puta de la mamada y la cogida fantástica, así que fuera la careta, disfrutemos, veo que a los dos nos gustan las mismas cosas.   –Si te refieres al sexo, sí, pero siempre que no me paguen me gusta elegir con quien follar y a ti no te he elegido.   –Me da igual y no te preocupes, yo compro, yo pago, yo recibo placer, soy generoso si el producto lo vale, así funciona todo en mi vida. ­–En vez de temblar al escuchar sus palabras mis partes bajas se mojaron más de lo que ya estaban.   –Creo que tú estás loco.   –Yo también lo creo, muchas veces se necesita un poco de locura para vivir en este mundo. –No entendí lo que quería decir, pero tampoco me dio tiempo de analizarlo, porque agarró mi nuca y de una estocada metió su pene en mi boca, así que hice lo que tenía que hacer, y la pistola… al final me olvidé ella.   Su polla entraba y salía de mi boca, su mano estaba en mi nuca controlando el ritmo, me dieron ganas de tocarme, pero me aguanté, no quería que se diera cuenta que me excitaba, de tan solo ver lo que mi boca provocaba a su cuerpo.   –Chupa más fuerte. –Pidió a punto de derramarse, lo sabía por el hinchado de sus venas.   – ¡Ahhh…! –Su bramido fue como el de un animal, se derramó tan fuerte que el chorro de ese líquido viscoso llegó a mi garganta.   – ¡Traga! –Pidió –. Limpia todo. –Recalcó señalando su polla, a la que yo empecé a limpiar con mi lengua.   – ¿Satisfecho? Ahora me voy –No le estaba pidiendo permiso, le estaba informando mi decisión.   –No irás a ninguna parte, ahora voy a follarte, te irás cuando yo lo decida.   –Mira… –Empecé a rebuscar las palabras para hacer un razonamiento lógico y que dejara que me fuera. –. He sido secuestrada, me has traído aquí en contra de mi voluntad, me has pedido que te haga una mamada, también en contra de mi voluntad, te prometo que si me dejas ir no te voy a denunciar, pero yo…   – ¿De verdad crees que me importa una mierda que vayas con la policía o con quien quieras ir? No me conoces, no sabes con quien estás tratando, y… es mejor que no lo sepas. Ahora, colócate a cuatro patas como la última vez.   Hice lo que me pidió, lo hice por dos razones, la primera es que a pesar de la situación el tipo me ponía, no sabía si eran sus desorbitadas órdenes, su forma de hablar o la gruesa polla; quien a pesar de la mamada seguía erecta, y la segunda… no me acordé, la verdad.   –Puedes decir lo que quieras, pero eres como yo, somos iguales, te gusta que te follen fuerte, te gusta sentir que una caricia se convierte en una estocada con mi grueso falo, te gusta… – Dejé de escucharlo cuando sentí como me agarró por los laterales de mi culo y embistió fuerte contra mí, dejando que mi agujero se llenara con su polla.   – ¡Haaaa…! –Te voy a coger por todos los agujeros, en cada parte de este hotel, lo voy a hacer porque es lo que te gusta.   –Hazlo. –Contesté sin reconocer mi voz.   Durante unos minutos estuvo embistiendo desde atrás, hasta que sentí como sacó su polla dejándome vacía. Me colocó de espalda al colchón sin ninguna ceremonia y empezó a hacer presión con sus dedos en mi coño, unas veces flojo y otras veces fuerte, pero evitando que me derramara.   –Métela más, cógeme fuerte.  –Exigí sin dejar de mirarlo. Hizo caso, se colocó y empezó a entrar lentamente sin dejar de hacer presión con sus dedos, me estaba volviendo loca de deseo, de pasión, quería derramarme, pero no quería que terminara.   –Más fuerte.  –Pedí, mientras seguía cogiéndome con su polla y con los dedos. Una mano la tenía en mi coño, la otra en mis tetas. Mientras todo esto pasaba el aprendiz de secuestrador no dejaba de mirarme, yo sentía que me podía perder en esa mirada, con el pelo cayendo delante de su cara y esos ojos cada vez más n***o y con pestañas postizas.   Sus manos cambiaron de posición y volví a sentir que me faltaba algo, las colocó a ambos lados de la cama y empezó a embestir más fuerte, hasta que llegó ese momento culminante que tienen las cosas buenas. Apreté los dientes y mi coño queriendo controlar lo incontrolable, cosa imposible cuando te dan tanto placer.    Veía sus venas hinchadas, su cuerpo temblando y con un poderoso gemido que parecía el de un animal herido su pene se contrajo dentro de mi dejando que saliera todo de él, al igual que lo hice yo. Pude sentir el ritmo acelerado de su corazón, pude sentir su aliento soplando mi cara.   –¡¡Ahhhhh…!! –Rugió dejándose caer sobre mí, para luego arrastrarse hasta la alfombra, yo me quedé en la misma posición, no supe por cuanto tiempo. Esa clase de sexo no era el de una puta que quería dejar de serlo para convertirse en una gran diseñadora. Esa clase de sexo era el de una mujer y un hombre que disfrutaban del sexo, que sabían lo que le gustaba y que eran libres de sus emociones, no así de un secuestro.                          
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR