II

2188 Palabras
Ivy Finjo una sonrisa mientras lo escucho hablar. No puedo creer que mi mejor amiga me haya convencido hacer esto. ¿Una cita a ciegas? ¿Por qué demonios acepté? Entonces recuerdo sus palabras de la última conversación que tuvimos la semana pasada; según Sara, yo era pésima buscando pareja así que como buena amiga decidió elegir un al chico perfecto- para acabar con mi triste y patética vida de soltera. Sin embargo, hoy me doy cuenta que Sara es mucho peor que yo eligiendo hombres. Recuerdo perfectamente que desde hace un mes, ella me había hablado sobre lo sexy y atractivo que era su profesor de kickboxing, cada mañana y noche, Alex siempre terminaba siendo el tema de conversación y sabía que Sara no iba a dejarme en paz hasta que accediera salir con su entrenador, así que cuando finalmente acepté, inmediatamente no perdió el tiempo y organizó una cita. Si bien, el tipo si que era caliente; sin embargo, llevo más de veinte minutos escuchándolo hablar sobre su ex-novia y sobre todo lo que solían hacer juntos. Esto parecía una especie de terapia psicológica y lo peor de todo es que no podía cobrar por escucharlo. —Sabes cuando Sara me mostró tu foto quedé impresionado. —Dice cambiando el tema de conversación. Muy bien, acaba de ganar mi atención. —Pensé que te veías muy linda y que seguramente alguien como yo no estaría a tu nivel. —Sus palabras me conmovieron, al menos sus halagos compensaban mis veinte minutos de agonía escuchándolo hablar sobre suplementos y esteroides. —¿Y qué piensas ahora? —Digo de forma coqueta mientras llevo la pajita de mi malteada a mi boca para dirigir su atención a mis labios.  Ese truco nunca falla.  —Supongo que la cámara engaña —casi escupo mi malteada ¿es en serio? —Quiero decir, no estás mal, pero creo que exageré. Eres una chica común. Y justo cuando creí que no podía ser peor, este hombre se vuelve más imbécil>> —Que simpático. —Digo con sarcasmo. Si hago una lista de las peores citas que he tenido, esta estaría en el puesto número dos. ¡Oh sí! ¡Por supuesto que he tenido peores citas que esta! Y eso fue cuando salí con el sujeto más torpe que he conocido; el muy idiota me invitó a un elegante restaurante y se tropezó con el mantel de la mesa, en resumen gracias a ese accidente mi cabello terminó en una de las velas provocando que mis extensiones nuevas se incendiaran. Después de eso bloquee su número de teléfono para siempre. Trágico ¿cierto? A veces pienso que cupido ha hecho un jugo con mi media naranja. Por eso cada día pierdo cada vez  más la esperanza de encontrar a mi otra mitad. > Le escribo a Sara sin que Alex se dé cuenta. Ella me ha metido en esto y ella me saca. No lo digo yo, lo dice el onceavo mandamiento del código de amistad que me acabo de inventar. —¿Podrías darme cinco minutos? —Pido con falsa inocencia. —Debo ir al baño. —Claro, no te tardes porque recuerdo que Isabella solía ser muy rápida. —Lo intentaré. Me dirijo hacia los baños con la única intención de esperar la llamada de Sara, pero la muy ingrata tan solo ha visto el mensaje y no tuvo la decencia de responder. Debo pensar en algo antes de pasar un segundo más junto a ese idiota. Piensa Ivy, piensa. Es entonces cuando veo la solución caminar hacia mí. —¡Oye! —Cerca de mí se acerca un camarero. No parece ser mayor de veinte años, hasta puedo apostar que se trata de un estudiante de preparatoria. —¿Te gustaría ganar veinte dólares? —El chico asiente entusiasmado. —Bien, entonces escucha con atención lo que voy a pedirte. A situaciones desesperadas, medidas desesperadas. [...] —¡Pero Ivy! ¿Qué mierda te pasó? —Pregunta Sara en cuento me ve entrar al auto. —No preguntes. —Respondo al mismo tiempo que intento limpiar de mi cabello la pegajosa malteada de tutifruti. Creo que estos han sido los cincuenta dólares mejor invertidos en toda mi vida. ¿Cómo escapar de la peor cita y de un patán? Sencillo, soborna al mesero para que te tire una malteada encima y puedas irte a casa. —¿Tan mal estuvo? —Le lanzo una fría mirada a mi amiga ¿cómo puede preguntar esto? —¡Fue mucho peor! —Respondo sin siquiera mirarla, mi principal tarea en estos momentos es deshacerme de los pequeños cereales que han quedado atorados en mi cabello como adorno. —¡Gracias a ti parece  que me ha vomitado un unicornio! —¿No me digas que fue Alex quien te tiró la malteada encima? No creí que él fuera igual que Ray. —Dice entre risitas, la miro con enfado, la muy maldita se está riendo. —Tuve que pagar para que un chico me tirara la malteada encima —explico. —El tipo se la pasó dándome consejo sobre los suplementos que debo consumir para bajar de peso, sin mencionar su estúpido halago. —Lo lamento Ivy, no creí que sería así. —Sara luce decepcionada y por un momento me siento culpable por hacerla sentir de ese modo. —Está bien —sonrío intentando tranquilizarla. —Solo fue una mala cita. —¿Recuerdas a Dallas? El amigo del que te había hablado —asiento mientras limpio los últimos restos de cereal de mi cabello. —Él tiene un amigo que está soltero, creo que sería un buen partido para... —Sara. —¿Sí? —Si vuelves a organizar otra cita a ciegas, te juro que te raparé la cabeza mientras duermes. —Ella abre los ojos con sorpresa y sabe que hablo en serio. No más citas, eso está decidido. Ya no puedo perder más tiempo en buscar al hombre ideal cuando necesito concentrarme en mis prioridades y esa es demostrar mi talento en PeachP Advertising como la mejor publicista de Chicago. Debo concentrarme para dar lo mejor de mí y más cuando mañana tengo mi primera entrevista para iniciar mi pasantía, así que lo primero que hago al llegar a casa es elegir un atuendo adecuado que me haga lucir profesional y elegante si quiero causar una gran impresión. Coloco el conjunto en mi clóset y enciendo la pantalla de mi ordenador para estudiar un poco más sobre PeachP Advertising; ajusto mis gafas y comienzo a escribir, los resultados que arroja el buscador son impresionantes así que elijo el primer artículo que aparece en la pantalla. La historia de PeachP Advertising es trágica, una empresa que estuvo a punto de irse a la quiebra por un mal negocio o eso pensaban todos hasta que de un momento a otro subió a la cima. Solo espero formar parte de ese equipo algún día. [...] Despierto cuando escucho a Sara encender el extractor de jugos. Es extraño que ella se haya levantado tan temprano; tomo el celular que está en la mesita de noche y siento como me da el primer infarto del día. Son las diez cuarenta y cinco de la mañana y mi cita en PeachP Advertising es al medio día ¿cómo pude quedarme dormida? Rápidamente me dirijo al baño para tomar una ducha; sin embargo, me detengo al ver el reloj. Jamás llegaré a tiempo si tomo ese baño. Miro hacia el tocador donde descansan los productos de belleza que mi hermana me había regalado el año pasado. —Ha llegado la hora. —Digo al mismo tiempo que tomó la caja entre mis manos. 11:20 a.m. Y logro un aspecto decente. Me miro al espejo satisfecha con lo que veo, así que si deseo llegar a tiempo sin que el tráfico me detenga, debo salir ahora. —Veo que se te pegaron las sábanas. —Se mofa Sara al verme tan apurada. —No ayudas mucho. —Reclamo al mismo tiempo que guardo todo lo necesario para mi presentación dentro de mi bolso. —¿Qué es ese olor? —La pregunta de Sara me detiene. —¿A qué te refieres? Es el perfume de cítricos que me regaló Madeline en mi cumpleaños. —Digo con obviedad. —Hueles a fábrica de aromatizantes para auto. —No molestes —espeto. —Te llamaré cuando haya llegado a la compañía. —Vale. Por obra del destino, logré llegar a tiempo. El enorme edificio de PeachP Advertising me recibe con sus brazos abiertos. Leo la palabra visitante en la credencial de acceso que me ha entregado la secretaria, me dirijo hacia al ascensor y presiono el número del último piso, estoy nerviosa; sin embargo, intento ocultarlo. No puedo dar mala impresión si me presento ante el director ejecutivo temblando como un perro chihuahua. El ascensor se detiene en el tercer piso y una mujer muy elegante entra; su ropa parece hecha a la medida y su perfume inunda el pequeño cubículo. Simplemente ella es hermosa. No sabía que este lugar tenía estándares de belleza tan altos. Nada que ver con mi aspecto de toda una colegiala. Ella no se molesta en mirarme, tan solo se limita a mirar hacia el frente y escribir algo en su móvil, al llegar al séptimo piso, sale del ascensor. Unos minutos más tarde la puerta se abre nuevamente y llego a mi destino, respiro profundamente y me dirijo hacia la oficina del director ejecutivo; sin embargo, reviso mi reloj. Tengo algunos minutos antes de la hora fijada, así que decido ir a los baños para revisar mi apariencia antes de entrar. Mi cabello está sujeto en una coleta alta  que hace resaltar mis facciones, una imagen profesional es lo que pretendo aparentar aunque por dentro esté muriendo de los nervios, coloco un poco de brillo labial y me miro por última vez. Esto es lo mejor que puedo hacer, tomo mi bolso y me dispongo salir cuando me topo con una chica, ella está llorando desconsoladamente. —Lo siento. —Se disculpa por chocar conmigo. —No hay problema —digo tratando de tranquilizarla, miro la puerta para seguir mi camino, pero no me atrevo a salir. Desde que tengo memoria, he odiado ver a las personas llorar, así que como buena samaritana le ofrezco a la chica un pañuelo. —¿Te encuentras bien? —La verdad no. —Solloza al mismo tiempo que toma el pañuelo que le ofrezco. —He sido despedida. —Lamento escuchar eso. —¿Qué voy a hacer ahora? Ese hombre es un verdadero cretino —dice entre hipidos. —¿Hablas de tu jefe? —Inquiero. —Gracias al cielo ya no es mi jefe porque realmente es un verdadero monstruo —si un hombre es capaz de hacer llorar así a un empleado, realmente debe ser una mala persona. —Si te diriges hacia la oficina directiva, prepárate para conocer al hombre más insufrible y odioso de todo el mundo. —Ella toma sus cosas y sale del baño sin decir ni una sola palabra. ¿Habla en serio? ¿Qué clase de jefe es el director ejecutivo? —No es momento de entrar en pánico Ivy. —Digo en voz alta para darme valor. Salgo de los baños y me dirijo hacia la oficina. No hay nadie que me reciba, así que decido esperar; tomo mi móvil y marco el número de Sara para matar el tiempo, espero unos segundos hasta que ella toma la llamada. —¿Cómo le va la futura ejecutiva de PeachP Advertising? —Canturrea en cuanto responde la llamada. —Ni lo menciones —digo soltando un bufido. —Acabo de enterarme que mi jefe es un verdadero ogro. —Sara ríe en cuanto termino la frase. —Creo que es muy pronto para sacar conclusiones Ivy, recuerda que no debes juzgar a un libro por su portada —Regaña. —Deséame suerte Sara —dije con entusiasmo. —Creo que la necesitaré, después de todo dicen que el director ejecutivo es un cretino de mierda. —Nunca cambiarás Ivy. Sonrío levemente, nadie como mi mejor amiga para expresarme libremente; estoy a punto de colgar cuando escucho un ligero carraspeo detrás de mí, me apresuro a guardar mi móvil para mirar al dueño de aquel sonido; sin embargo, me paralizo cuando lo veo. Él es alto, su cabello rizado cae desordenadamente sobre su frente, pero lo que más ha llamado mi atención son aquellos profundos ojos del mismo color del cielo; es la viva imagen de un dios griego.  —¡Oh! Hola. —Saludo intentando mantener la compostura. —Así que es usted la nueva pasante. —Dice con frialdad. Sus ojos me examinan de arriba a abajo con detenimiento. ¿Acaso se cree una escáner humano? —Así es. —Soy el director ejecutivo de PeachP Advertising. ¿Qué? —¿Es usted...? será bueno>> —Así es, soy el cretino de mierda.
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