— ¿A qué te referías entonces con lo que dijiste en el helicóptero?
—No es algo importante con gusto te lo explico luego, pero ahora me duele demasiado la pierna como para hablar, puedes estar tranquilo no soy una agente de la Tea o algo por el estilo –Salvador me brinda su hombro para continuar caminando. Me cuesta caminar al paso de Salvador que parece estar apurado por encontrar una carretera o alguna salida de este gran bosque. Salvador manosea su pantalón en busca de su teléfono.
—Sin señal ¿Tienes el tuyo? -Toco mis bolsillos. Lo saco viendo que esta igual al de Salvador.
—Me detengo aquí –Expreso con una mueca de dolor señalando mi pierna —Estas caminando muy rápido.
—Disculpa, es que no quiero que se nos anochezca aquí –Salvador mira al cielo contemplando la luna que ofrece el cielo.
—Lo sé pero solo estamos dando vueltas en círculos. Solo podríamos perdernos más –Salvador mira algo a los lejos corriendo hasta allá.
—Genial, me ha abandonado, seguro se lo comerá un oso y yo me quedaré aquí esperando que el loco del autobús me consiga y así tener una muñeca más en su… ¿Qué estás diciendo Beatriz? Me recuesto contra un árbol apartándome rápidamente por las astillas que tiene —Ni los arboles parecen querer colaborar conmigo estos días…
—Beatriz –Me llama Salvador a lo lejos.
— ¿Qué? –Respondo de mala gana.
— ¡Beatriz! –Grita aún más fuerte, si cree que correré hasta allá está loco. Salvador viene corriendo mirándome con cara impaciente.
— ¿Por qué te quedas allí? –Lo miro con mala gana apuntando mi pierna. Salvador la observa cambiando de cara.
—Encontré algo que nos podrá ayudar al menos esta noche.
— ¿Un carro con gasolina y las llaves puestas?
—Dije al menos esta noche. No algo que nos salve para siempre –Salvador me carga aumentando mi dolor en la pierna.
—Sé que te duele la atenderemos mejor en el lugar que encontré.
— ¿Has encontrado un hotel en medio de la nada? Si no es así… -Veo la cabaña de paja que se ve entre los árboles.
—Pongamos que es un mini hotel.
— ¿Estás loco? Alguien podría vivir allí.
—Revisé y no hay nadie… Pero encontré agua y comida… Algo viejas pero funcionará esta noche al menos. No creo que alguien venga en unos días… Solo mira este lugar dudo que alguien se quede aquí muy seguido…
—Si nos encontramos con el loco del autobús escolar no digas que no te lo advertí.
—Un loco psicópata y un narcotraficante… ¿Quién crees que gane?
—El más rápido.
Salvador entra conmigo por la puerta de paja de la cabaña que parece a punto de caerse en cualquier momento, su puerta esta doblada y apenas entramos pienso que no aguantara toda una noche, tampoco tiene un seguro así que es muy probable que alguien entre si así lo desea. Algunas de gavetas estas movidas y desordenadas como si hubieran estado buscando algo rápidamente.
— ¿Las dejaste así?
—Ya estaban así cuando llegue; el último que se fue estaba algo apurado.
— ¿Crees que haya sido un ladrón?
— ¿Qué ladrón vendría a robar a una cabaña de paja?
—Alguien que simplemente se topó con una cabaña como nosotros –Salvador me deja en la colchoneta de colores azul y rojo que se encuentra en el suelo —Tuvimos suerte de que el helicóptero no cayera en el acantilado.
—Por eso me viste intentando subir con el volante lo más posible… -Estiro la pierna.
— ¿Estas triste por lo del helicóptero?
—Tenia valor sentimental pero por los momentos estoy más enfocado en tu pierna, no me gusta como se ve, está sangrando mucho –Me quito la venda poco a poco, Salvador me hace el ademan de que me detenga para el hacerlo, me quedo mirando aunque estoy segura de que no quiero ver lo que se viene a continuación. Miro la herida la cual sigue sangrando mucho como se esperaba y el dolor no ayuda. Me recuesto en la colchoneta mirando al techo de paja esperando que no me caiga encima para completar mi día.
— ¿Crees que alguien se haya enterado de que estaba contigo? –Los ojos de Salvador dudan.
—Imposible, mis hombres no me traicionarían.
—El objetivo quizá era yo.
—El único que se monta en ese helicóptero soy yo, quizá Mario se arrepintió de hacer negocios conmigo… Quizá desconfía de mí, así es esto.
— ¿Él tendría el poder de llegar hasta tu helicóptero?
—No, muy pocos tienen ese poder. Pero puedo concentrarme en las personas que saben que lo uso. Pero por los momentos ¿Tienes hambre? No suelo comer esto pero… -Saca un enlatado.
—Yo sí, realmente son buenos con la receta indicada –Lo tomo con emoción —Lastima que no hay una cocina.
—Seria pedir mucho.
—Para ser un mini hotel estoy muy decepcionada –Salvador se levanta a abrir el resto de los estantes, sacando un alcohol que está a la mitad.
—Creo que eso solo podría quemarme la herida.
—Es mejor a que se te infecte –Veo mi herida negando con la cabeza -¿Prefieres que se te infecte? Te dolerá mucho más. También debemos limpiarte la de la frente.
—Comienza por tu mejilla –Salvador consigue un trapo con el comienza a limpiarse la herida de la mejilla que no parece más que un raspón, a diferencia de mis heridas. Al sentir el alcohol en pierna siento que me quema —Ni se te ocurra echar más.
—No sería prudencial. Necesita que te la vea un médico –Salvador abre las latas en las que al principio se niega a comer pero luego el verme parece abrirle el apetito —No esta tan mal.
—Para alguien acostumbrado a los platos más finos que puedan hacerle.
—Sería algo estúpido de mi parte quedarme sin reservas cuando seguro nos toque caminar hasta alguna carretera…
—Tus padres deben venir por ti.
—No si no saben dónde estoy. Este bosque es bastante amplio. Puede que nos estén buscando pero en el sitio incorrecto –Observo la ventana de la cabaña. Esta anocheciendo.
—Por los momentos supongo que nos quedaremos aquí hoy.
—Es la mejor opción –Salvador saca un par de sabanas –No se ven mal.
—No sabemos que hicieron con esas sabanas –Salvador se coloca al lado mío, colocándose la sabana para el solo —Oye –Salvador ríe.
— ¿No que no te quería colocar esas sabanas?
—Nunca fue un no, además hace mucho frio –Le quito una de las sabanas color menta y me la coloco como si fuera una bufanda — ¿Sabes hacer fogatas? –Salvador niega con la cabeza.
—Bueno, hora de aprender.
Me levanto con la pierna coja al aire frio en el que ya es de noche, me estrecho contra la sabana que no hace realmente mucho efecto en mí al respecto de abrigarme.
— ¿Estás loca cierto? ¿De dónde sacaremos el fuego?
—Improvisando.
— ¿Crees que eso de juntar palitos de madera funciona? –Me dice Salvador al verme recoger ramas del suelo.
—Habrá que intentarlo –Fijo mi mirada en una rama que se ve perfecta para esto — ¿No es bonita? Ramas así justamente estoy buscando tiene el tamaño perfecto –Acomodo muchas ramas al frente nuestro para luego sentarme en un trono cortado a la mitad que se encuentra en el suelo. Salvador se sienta a mi lado junto con las ramas más pequeñas que recolecte haciendo un movimiento tras otro sin tener éxito.
— ¿Nunca has ido a un campamento? –Pregunto ante la aburrida cara de Salvador.
—Sí y llevamos yesqueros en todo caso.
— ¿Cuál es el chiste de llevar yesquero a un campamento? No estas sobreviviendo realmente.
—El chiste es pensar que puedes hacer eso sin un yesquero. Y la idea de los campamentos es sentir que sobrevives cuando en el fondo sabes que no es así realmente, se le llama autoengaño –Salvador se queda pensativo mirando a la nada mientras muevo mis brazos los más rápidamente posible. Salvador se voltea hacia mí para luego pararse y entrar a la cabaña.
—Vamos ramitas, yo sé que ustedes pueden. Demuestren que esto en serio funciona. Que a esos campamentos a los que fui no fui estafada –Salvador se acerca acomodando muchas ramas alrededor de nosotros — ¿Ya tienes fe con que lo voy a lograr?
—No –Salvador saca un yesquero encendiendo las ramas de la fogata.
—Ya estaba a punto de lograrlo –Digo falsamente tirando las ramitas por el costado.
—Si quieres la apago para que la vuelvas a prender, eso sí, si el yesquero falla…
—Sabes que nunca estuve a punto de lograrlo.
—También sé que eso de las ramas solo funciona en pocos casos y casi nunca.
—Bueno es bonito creer que se puede sobrevivir así de fácil en la naturaleza.
—Es más bonito encontrar una cabaña y que tenga un yesquero. En realidad tiene varios.
— ¿Por qué dices que fallara entonces?
—Era simplemente para asustarte. También conseguí una olla podemos quizá ponerla encima de algo y calentar algunos enlatados más.
—Seguro el que vive aquí tiene algo hecho exclusivamente para eso –Observo la olla que trae Salvador de metal, parece de hacer sopa.
—Buscaré una más pequeñas y bueno quizá si no conseguimos algo que podamos poner encima quizá podamos poner dos ramas grandes encima de la fogata y allí colocamos la olla.
—Gran idea, sabes sobrevivir mejor que yo.
—La cabaña nos salvó hoy en realidad.
Lo hacemos así calentando en una taza de metal más pequeña encima de dos ramas grandes para calentarla. Seguro sabrá mejor así. Bien caliente.
— ¿Aun te duele la pierna? –Me dice quitando la olla luego de un rato de la leña.
—Mientras esta quieta no duele.
—Para mañana seguiré viendo si hay alguna carretera o algún camino cerca de aquí.
—No me vayas a dejar tanto tiempo sola.
—Tranquila –Me acaricia el mentón dándome un beso sutil en los labios.
Comemos en la tranquilidad del frio bosque en frente de nuestra fogata. La cual ha ayudado a que no nos congelemos. Entramos luego de un rato a la cabaña en la que hace más frio que afuera. La fogata está en sus últimos gritos de vida.
—Me aseguraré de que se apague por completo antes de dormir, no quiero sorpresas a la media noche –Me recuesto en la incómoda colchoneta que huele a húmeda. Intento dormirme pero doy vueltas por la colchoneta sin encontrar una posición en la que no me duela. Salvador lo nota poniendo acomodando unos libros para que pueda subir la pierna.
—Mejor que te quedes así toda la noche, sé que es incómodo tener la pierna así toda la noche pero mejorara el flujo de sangre –Salvador se recuesta a mi lado en la misma posición que yo.
—No hay nada interesante en el techo si eso creías.
—Si de hecho da la impresión de que se caerá.
—Si a la media noche nos pasa eso tendrías que salir a buscar otra cabaña.
—Seguro, quizá termine construyendo una yo mismo si no nos encuentran.
—Y nos toque crear nuestra propia vida donde tengamos que salir a buscar enlatados.
—Seguro, en realidad con la leña no sabía tan mal.
—Ya te estás acostumbrado, eso es bueno. Preparación mental, a lo que creo que no me podría acostumbrar sería al frio, hay mucha brisa por aquí.
—Podemos dormir abrazados para darnos calor mutuamente.
—En ese caso solo me abrazarías tu porque yo no me puedo mover –Doy una sonrisa triste, Salvador me da un beso en la mejilla acurrucándose junto a mí. El calor de su cuerpo ayuda en esta helada noche. Pienso en todo lo que ha pasado este día hasta por fin dormirme…
Un ruido de unas voces entran en mi sueño, la puerta de la cabaña abriéndose deja entrar a la luz del sol que hace que cierre más los ojos para no levantarme, siento lo temprano que es.
— ¿Quiénes son ustedes? –Una voz gruesa y molesta me hace abrir los ojos de una y ver a Salvador ya con su cuerpo sobre exaltado — ¿Quién les dio permiso de entrar aquí?
—Disculpe, tuvimos un accidente hace unos metros… -Comenta Salvador cauteloso.
— ¿Ah y creen que esta cabaña está disponible para cualquier persona que quiera entrar? –El señor lleva ropa sucia con una camisa color marrón desteñida y un pantalón jean todo manchado de lo que parece ser manchas y rasgones por estar tanto tiempo en el bosque, lleva un machete en la mano —Háganme el favor de salir.
Lo hacemos rápidamente antes de que el señor se ponga violento a apuntarnos con su machete. Al salir nos fijamos que unos hombres están apuntando al señor del machete con unas armas.
— ¿Qué está pasando?