Capitulo XVII

2195 Palabras
Salvador procede a quitarse el bóxer tirándolo por alguna parte por fuera de la piscina, me rio por su acto para luego seguirnos besando. Toco el pene de Salvador suavemente, Salvador toca mi cintura apretándolo contra para luego voltearme contra el muro de la piscina. —Salvador se baja el bóxer introduciendo su pene en mi v****a mientras con su mano jala mi cabello con su nuevo tono cobrizo hasta que su boca está lo suficientemente cerca de mi cuello y mi cuerpo y su cuerpo se sienten el uno al otro. Salvador acaricia mis pechos mientras me sigue dando placer con su m*****o, pasa a soltarme el cabello para afincar mi espalda en la pared de la piscina quedando más centrado mi cuerpo contra en su pene. Me apoyo del muro rasguñándolo con mis uñas. Salvador afinca su pene provocándome más gemidos al sentirlo más profundo, a medida que el calor de nuestros cuerpos aumenta Salvador empieza a moverse más rápido procediendo a poner las manos en mi cintura para estrecharme contra él. Siento su pene estrecharse contra mi cavidad vaginal hasta sentir su excitación total dentro de mí.   Pasan los días en los que me ha tocado compartir cierto tiempo con Camila y Federman que me han enseñado cosas sobre mi nuevo personaje, sus características, sus aptitudes, sus negocios, ambiente, todo muy planificado como para ser una simple fiesta.   —Es la fiesta de Fernando, mucha gente estará pendiente de las personas que estarán –Me comenta Salvador mientras Camila me prueba el maquillaje que utilizaremos para esa noche, ha pasado alrededor de 4 horas desde que comenzó y ya está haciendo los retoques finales, me hace la invitación a levantarme. —Este será tu maquillaje el día del evento–Me comenta Camila al ver mi cara que se siente pesada en estos momentos —Quizá podamos hacer ciertas características más finas para que no te pese tanto pero ha quedado bastante bien hasta ahora. Toco mi nariz la cual no ha movido ni un poco a pesar de tanto maquillaje, tampoco me mancha los dedos de maquillaje o algo por el estilo parece bien fijado pero igual me da miedo seguir tocando, mi barbilla se ve un poco más grande que de costumbre y mis cejas menos pobladas, mis ojos más rasgados. Camila me ha puesto un fleco poblado para disimular más mi antiguo aspecto. — ¿Qué tal? –Camila le pregunta a Salvador que lo mira con su mano en la barbilla analizando cada detalle. —Se ve que es pesado ¿No tendrá problema durante la fiesta de toda una noche? —No pero yo aconsejaría no lavarse mucho el rostro, incluso no comer demasiado por si arruina la parte de la boca, y eso no combinaría muy bien con su cara. —Bien, es tu mejor maquillaje hasta el momento, Camila y por supuesto Federman. —Es una lástima que no lo pueda presumir en mis r************* . —Eso arruinaría muchas cosas pero tranquila, tendrás una buena publicidad con mi socio –Camila sonríe fugazmente junto con Federman que no lo había visto sonreír desde en todo este rato. —Nos vemos en unos días señor Salvador –Vuelve a sonreír saliendo por la puerta junto con Camila. — ¿Te parece si estrenamos tu nuevo rostro? — ¿Salir con él? –Pienso en lo pesado que esta el maquillaje como para intentar pasear por la calle. —Tienes que ir practicando –Salvador saca las llaves, pero unas que no parecen ser de su auto — ¿Recuerdas cuando te dije que sabía volar helicóptero? — ¿Quieres que vaya con este maquillaje a volar en tu helicóptero? — ¿Qué mejor plan que ese? Un plan para nada previsto. —Un plan espontaneo, tanto que tienes las llaves justo hoy –Salvador sonríe sutilmente. — ¿No te gustan las sorpresas? —Depende de la sorpresa. Pero me gusta tu idea me ayudara a relajarme. —No tienes que estar estresada por lo del plan, si no consigues algo en la fiesta de Fernando. Lo intentaste. —Pensé que de aquello dependía que volviera a trabajar con ustedes. —Realmente si pero no creo que eso sea tan importante en estos momentos para ti… Una chica que tiene a su familia dueña de una cafetería sin preocupaciones de tipo violencia o drogas… — ¿Me estas confesando que trabajas con drogas? —No, es un ejemplo –Salvador mueve su llave haciéndola sonar. Camino con Salvador a su carro en el que nos dirigimos a un pequeño aeropuerto, al caminar con este maquillaje al principio se sentía incómodo pero ya no se siente tan pesado, creo que me voy acostumbrado pero de que lo aguante una noche eso está en veremos. Un señor de estatura pequeña con una camisa holgada color gris saluda con cariño a Salvador, se quedan charlando un rato sobre cómo se encuentran sus vidas, hasta que se despiden, el señor me da la mano cordialmente y se retira dejando a la vista el helicóptero color azul cielo en una parte y en la otra color gris claro, con ciertas rayas color vertical en la parte del azul cielo, en una esqui esquina en letras negras se lee “ZWART” —Te presento a uno de los amores de mi vida. —Es bellísimo –Salvador me abre la puerta del helicóptero, en el que veo una mesa con dos sillas amobladas del lado derecho y otra del lado izquierdo. Salvador me indica que pase al lado del copiloto poniéndome el cinturón de seguridad, cuando veo a Salvador poniéndose en el asiento del piloto me entra un ataque de nerviosismo. ¿En verdad sabrá pilotear esto o solo tiene un deslumbre de niño rico? —Dime que no nos vamos a estrellar –Comento al ver a Salvador apretar los botones del helicóptero y manejando el volante haciendo que el helicóptero empiece a subir en el aire. —Pensé que no le tenías miedo a las alturas. —No lo digo por las alturas precisamente –Salvador pone una mueca graciosa. — ¿Tienes miedo? Es bueno, el miedo nos define como personas. —No estamos en una clase filosófica pero gracias por hacerme sentir más tranquila –Digo con ironía. —No creas que aprendí a manejar helicóptero de un día para otro y casualmente estoy aquí probando mis habilidades recién contigo –Asiento, él tiene razón. Debo relajarme.   Pasa una hora cuando el helicóptero nos conduce a un sitio lleno de pinos donde se ve como una pequeña mancha una ruta en carretera la cual da muchas vueltas, a lo lejos se ve un autobús abandonado según parece. —Si a mí también me llamaba la atención ese autobús –Me comenta Salvador —Se ve tétrico. — ¿Cuál podría haber sido su historia? —Parece un autobús escolar así que… ¿Alguna historia con campamentos? —Seria lo primero que viene a la cabeza… ¿Qué tal algún psicópata que no superaba su infancia y decidió huir de la sociedad donde tenía que tener un nivel de madurez que no quería tener y simplemente robo un autobús escolar para irse lejos y vivir allí por el resto de su vida junto con todos sus recuerdos? —Y que secuestró a un par de amigos que hace años dejaron de ser niños a los que tuvo que atar a los asientos para que se fueran con él, el típico grupo de 3 chicos. —Y así nunca más fueron vueltos a ver; seguramente todos pensarían que huyeron juntos y no es así, porque dos de ellos están siendo torturados en un autobús de niños. —Sí lograron casarse alguna vez ya para esas familias no debe haber ninguna esperanza. —Quizá hasta lograron ser de nuevo felices con otras personas. —Lo que casi todos hacen. —Casi excepto las abuelas –Salvador ríe. —Sí, mi abuela era así, murió sin tener otra pareja. Me pregunto si era más por el que dirán o por respeto. Ya que se quedó soltera bastante joven, tendría unos 40 como mucho. Y admiradores no le faltaban. —La era de los matrimonios duraderos. —Pero se tendría que ver por qué son duraderos… — ¿Lo dices por tus padres o en general? —Mis padres se aman pero he visto muchos matrimonios torcidos en mi ambiente. Quizá el ambiente no sea el correcto o las parejas. —Las personas. El helicóptero sigue volando pasando bosques donde no existen carretera alguna, solo grandes bosques con ciertos ríos, las montañas se alzan sobre la vista, Salvador me señala un oso a lo lejos color marrón cerca de uno de los tantos árboles. Me divierto al ver un ave muy extraña a lo lejos, se la señalo a Salvador que no parece muy pendiente de lo que digo. Un Salvador con mirada seria me mira, el helicóptero comienza a sonar más de lo normal y las hélices parecen ir en un sentido demasiado rápido para mi gusto. —Hay una falla en el estabilizador –Me dice seriamente Salvador. —Me dijiste que sabias manejar esto Salvador. —Y es así, nunca he tenido una falla de estas antes. Así que sostente –El ruido se hace vez mayor por las hélices sonando. — ¿Vamos a morir? –Pregunto gritando. —Necesito un lugar donde aterrizar, ¿bien? No moriremos hoy –Salvador sujeta con furia el volante y el freno. —Bueno supongo que este es el fin de mi papel contigo. — ¿De qué papel hablas? Veo un acantilado cerca, el avión empieza a dar vueltas como un trompo moviendo en todas las direcciones. Hasta que siento que chocamos. —Beatriz. El humo que siento alrededor de mí no parece normal, no lo es, sin embargo me duele el cuerpo ¿Es esto una especie de pesadilla? ¿Dónde estaré en primer lugar? ¿Será esto mi camino al cielo? —Beatriz –Se escucha a lo lejos. Unas manos parecen cargarme en medio del humo, siento mi cuerpo caer al suelo de nuevo, ¿Estoy en el helicóptero de nuevo? — ¿Beatriz me oyes? Abro mis ojos con cuidando, todo me da vueltas. Un pelo rubio resalta en mi vista, un Salvador con una mancha de sangre y cabello desordenado me observa. — ¿Me escuchas? –Afirmo lentamente. Me duele horrible la cabeza, me toco la cabeza sintiendo lo que parece ser sangre. Salvador me la aparta. —Tranquila, no te toques allí –Salvador voltea la mirada con cara de preocupación —Te voy a cargar unos metros más, necesitamos estar lejos del helicóptero. Siento sus manos cargando mi cuerpo mareándome. De nuevo me coloca con suavidad en el piso, se agacha al lado mío viendo la herida que tengo en la frente. —Te dije que no moriríamos –Una explosión capta mi atención, volteo a ver el helicóptero vuelto en llamas y miro desorbitada a Salvador.   Luego de una al menos media hora, observo como en el cielo comienza a caer la tarde, Salvador y yo caminamos por el bosque dando vueltas en círculos incluso. —Si nos topamos con ese oso nos vamos a morir –Comento recordando el tamaño del oso. —Si sabes correr no lo creo. —Si bueno no creo que con mi pierna en este estado –Observo mi pierna sangrando, la cual Salvador me tapo rasgando una parte de su camisa informal —Pueda hacerlo. —No hay que perder la fe –Salvador se detiene a ver mi pierna —Tratemos de encontrar ayuda antes de que eso se infecte. —O antes de que moramos. —Ambas opciones son válidas, pero no creo que tarden tanto en buscarme si amigo Cristóbal les notifica que el helicóptero nunca llego. Mi madre seguro formara un drama pero es mejor que nada. —Entonces ¿No tienes algo que decirme? ¿Cómo que no eras un experto en esto? —Un experto no soy, pero se conducir en este negocio tienes que saber conducir de todo en realidad, a mi padre le ayudo mucho antes y a mí me ayuda ahora… Aunque mi padre tuvo más riesgos de cierta forma. — ¿Al helicóptero le faltaba mantenimiento entonces? Es decir no creo que sea normal que haya pasado. —No lo es pero pensar que le faltaba mantenimiento no es confiar mucho en Cristóbal y yo confío en él a pesar de lo que diga mi padre con eso de que no confié en nadie –Me observa con una mirada escrutadora — ¿Podría confiar en ti no? —La pregunta sería al revés. —No eres hija de uno de mis enemigos que yo sepa así que ¿Por qué no podría hacerlo? Quizá yo tenga más riesgo que tú en esto de confiar de alguien que sepa tantas cosas de mi entorno. — ¿Qué podría hacer yo con esa información? — ¿Venderme quizás?
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