—Ciertas cosas que dejaremos para después porque tengo sueño –Aparto la mano de Salvador de mi cuello escogiéndome en una parte de la cama. Salvador se recuesta junto a mí escogiendo otro lado. Y así me quedo dormida sin prestarle atención demasiado a la situación en la que me encuentro.
Por la mañana despierto ante un Salvador que se encuentra con una sonrisa en la cara luego de ver su teléfono, abro los ojos despacio.
— ¿Te alegraron el día?
—Pues si una buena noticia que me brindo mi padre.
— ¿Puedo saber de qué trata? –Duda con la mirada.
—Digamos que gracias a la inversión de Mario en su campaña los medios están tomándolo muy en serio lo que quiere decir que en cualquier momento anunciara su campaña para presidente.
—Entonces es oficial –Digo con seriedad.
—Seguramente. Mi padre tendrá más poder del que nunca imaginó –Sonríe prepotente.
—Pero tu padre… ¿Digo ya no tiene suficiente dinero y poder con el que tiene? –Intento seguir la conversación.
—Se le llama pensar en grande Beatriz.
—Supongo que tendrá muchos enemigos.
—Peces pequeños, más pequeños de los que son Fernando y Samanta.
—Bueno el enemigo del que me hablabas ayer no parecía un pez pequeño si aún no lo podía olvidar.
—No lo sé, la cuestión es que era un traidor.
— ¿De verdad lo era?
— ¿Mucha curiosidad? –Sonríe con picardía pasando su mano por pierna tapada por la sabana.
—Solo digo que no puedes estar seguro, ni tú mismo lo sabes.
—Tampoco me interesa saber de los oscuros secretos de mi padre, este negocio ya es muy estresante para mi gusto, pero no creo que mi padre lo haya traicionado, mi padre es leal a sus negocios. Es algo de los Zwart, además que aunque quisiera no lo sabría, es algo reservado con eso. Según quiere dejarlo ir pero ahora con sus arranques de que su enemigo está vivo, no sé si está más loco o más cuerdo.
— ¿Por qué pensaría eso?
—Ciertas notas que han llegado a la casa pero para mí es simplemente parte de las notas que han llegado siempre.
—Si para tu padre es alarmante por algo será.
—Quizá algo que no me haya dicho pero tampoco debe contarme todo –Observa mis piernas –Al igual que yo.
— ¿Qué decían las notas que a tu padre le parecía tan intimidante como para pensar que uno de esos enemigos había regresado?
—Cosas –Salvador tira a un lado la sabana que me cubre.
— ¿Cosas? –Salvador desliza su mano sobre mi piel acariciándome la cintura.
—Cosas que seguramente no te interesan, digo es un tema muy aburrido estar hablando de los negocios de mi padre.
— ¿Te da miedo que sea una infiltrada secreta o algo por el estilo? –Sonrío.
—No, pero yo estoy aburrido de hablar de una vida tan llena de… Problemas. Podemos hacer algo más interesante. Salvador coloca sus manos en mi braga metiendo sus dedos debajo de ella, tocando mi v****a que se estimula con su contacto. Roza mi clítoris pero decide ir rápido a mi agujero saliendo y entrando con una mirada perversa en su cara, continua excitándome al punto que me hace pensar en repetir todo lo que hicimos anoche. Luego de varios movimientos, teniendo completamente húmeda Salvador se dirige a bajarme la braga a lo que procedo a detenerlo a pesar de lo mucho que me tiene encendida. Salvador se queda mirándome confuso.
Yo me levanto y me coloco el short.
— ¿Me llevas a mi casa?
— ¿No quieres divertirte otro rato?
—Otro día –Salvador se levanta tomándome de la cintura. Poniendo ojos curiosos.
— ¿Te arrepentiste? ¿Es porque te da miedo quedar obsesionada conmigo?
—Tipo Samanta –Subo las cejas —Exactamente, tengo miedo de estar como Samanta por eso debemos irnos no quieres tener otra loca en tu vida.
—Si eres tú me lo podría pensar.
—Estoy un poco más loca que Samanta –Salvador se acerca a mi labio intentándolo morder a lo que yo me resisto —Es muy temprano como para que me muerdas –Me aparto nuevamente, poniéndome en frente al espejo acomodándome el cabello, Salvador me imita para luego tomar mi cabello y desordenarlo.
—Te queda bien el cabello largo, pero quizá si te lo pintas de un color cobrizo… Un tono ni tan rojo… Pero algo provocador… Te verías aún más salvaje –Salvador juguetea con mi cabello haciendo un peinado en el que un lado del cabello se ve más largo que el otro de forma extraña y poco ordenada —Con un peinado así serías la sensación.
— ¿La sensación del desastre?
—La verdad es más original que la mayoría de los peinados a los que estoy acostumbrado, un desastre en ti no se te vería mal, es difícil pensar que algo te quedaría mal a ti, tienes un buen porte, sabes hablar muy bien con gente de elite, podrías conseguir cualquiera que te propusieras.
— ¿Cómo a ti?
—Ambiciosa.
—Eso no responde mi pregunta.
—No quisieras conseguirme a mí.
—Tienes toda la razón –Me acomodo el cabello de nuevo — ¿Nos vamos? –Salvador asiente, para luego ir a bajar al comedor del hotel a desayunar para luego llevarme a mi casa.
—Pronto será el cumpleaños de Fernando, no sé cómo te llevare, pero creo que se me ocurren unas cuantas cosas que podríamos hacerte para que te veas algo diferente.
—No creo que sean tan estúpidos como para pensar que no soy yo.
—Es una fiesta de máscaras, quizá con modificarte la nariz sea más que suficiente.
— ¿Modificarme dices?
—Si ya sabes ponértela un poco más puntiaguda –Salvador me observa la nariz modificándola en su mente.
—No creas que me iré a un cirujano a hacerme eso solo por infiltrarme en una fiesta.
— ¿Por qué no? ¿Le tienes miedo a la agujas? Luego de una vez ya te acostumbras
— ¿Alguna experiencia?
—Lucia. No por mí –Salvador enciende la radio relajando el ambiente —Tienes la nariz algo torcida quizá te haga bien.
— ¿Qué? –Salvador ríe.
—Es broma –Lo miro con aire serio —No seas amargada –Me aplasta la nariz, haciéndome rodar los ojos.
Llegamos en unas horas a mi casa, salgo rápidamente para poder tirarme en mi cama lo antes posible, el colchón de anoche también estaba duro.
—Beatriz –Volteo rápidamente —Ten —Salvador me entrega unos boletos de lo que parece ser… avión —Necesitaras… eso nos vemos en una semana en el aeropuerto.
— ¿Una semana?
—Si, en más o menos en una semana y media es la fiesta de Fernando, claro que vendrás unos días antes a la ciudad para resolver como te infiltraremos, ¿Puedo despedirme de tu familia antes de irme?
—Claro ¿Estas muy apurado?
—Digamos que tengo que resolver ciertas cosas en mi casa, negocios… y hablar con Fernando quizá porque aún no me ha llegado la invitación a su fiesta.
— ¿Le pedirás por favorcito que te invite a su fiesta?
—Algo menos… gentil, pero educado. Seguro con nuestro nuevo socio no tendrá de otra que invitarme.
—Entonces hasta pronto.
—Por lo menos ¿Merezco un beso de despedida? –Me acerca Salvador brindándole un largo y apasionado beso —Perfecto, no te molesto más Beatriz.
Los días en mi casa pasan volando paso mis días aprovechando para ayudar a mi hermano y mi madre con su negocio, haciendo nuevas recetas y comiendo como unos locos, creo un menú nuevo con mi hermano que seguro me hará ganarme el corazón a más de una persona que venga.
Y me viene bien ampliar mis conocimientos por si necesito otro trabajo.
— ¿Para qué vas a regresar a esa ciudad Beatriz? –Me pregunta Mike por quinta vez esta semana.
—Ya te dije Mike deje pendiente unas cosas, tengo unas entrevistas de trabajo.
—Siento que no me estas siendo del todo sincera. ¿Se va Salvador y ahí mismo planeas un viaje de vuelta a esa ciudad?
—Salvador no tiene nada que ver en esto.
—Me parece que sí y si es así Beatriz…
— ¿Otra vez con tus amenazas Mike?
—Es que esa obsesión con encontrar quien mato a nuestro padre ha llegado muy lejos y puede ser peligroso –Frunzo el ceño.
— ¿Por qué debería ser peligroso?
—Solo pienso que por algo está muerto –El horno suena anunciando que el pan gallego.
— ¿Hay algo que debería saber Mike? –Muevo mi pie impacientemente.
—Ve a sacar el pan Beatriz sabes que no hay que sepa más que tú.
—Sé que puedes ocultar cosas para que no me altere pero si quieres protegerme puedes decirme porque tanto suspenso últimamente por la muerte de nuestro padre.
—No hay nada importante de lo cual debas enterarte.
*****
Voy en camino al aeropuerto donde luego vuelo unas horas a la ciudad de donde me había ido hace menos de dos semanas. Salvador me espera en auto deportivo color n***o. Me siento donde está el copiloto.
—Hable con el señor que me alquilaba el departamento anterior me puedes llevar para allá.
—Puedes hablar con él y decirle que ya no iras para allá, alquile otra cosa para ti.
—No era necesario Salvador, sabes que igual no se cuanto tiempo me quedaré aquí.
—Si todo sale bien espero que mucho tiempo.
—Además estaba cómoda donde estaba.
—Primero mira el lugar que alquile para ti y luego me das una opinión.
—Veremos si me impresiona.
— ¿Quieres apostar?
—Realmente no –Me recuesto en el asiento para abrir camino a mis sueños.
Llegamos a una residencia con mucha vegetación a su alrededor, todas de diferentes formas y tamaños, la tranquilidad que se respira es bastante agradable. Llegamos a una entrada que tiene unas paredes blancas en la que se asoma una puerta marrón claro y al lado un par de estacionamientos del mismo color, la casa que se asoma es de dos pisos, tiene una puerta de vidrio y ventanas grandes que asoman al exterior igualmente aunque tapadas por unas cortinas rosa pálido, en lo que se ve del segundo piso tiene 4 ventas de forma vertical en la que se ve una cama y un par de lámparas con un balcón con rejas negras. Se ve una casa pequeña pero cómoda.
Al entrar a unos pisos se encuentra una cocina espaciosa con una campana grande color plateada, tiene una plantita a su derecha y al frente de la encimera de madera hay una silla que ha sido la más rara que haya visto nunca.
—Y dices que las sillas de mi apartamento son raras –Veo la silla que al parecer tiene la parte en donde se debería recortar la espalda en la parte de abajo, como si la silla hubiera sido construida al revés, se le asoma un tubo que la sostiene con un circulo debajo.
—Esa silla superó a las tuyas –Salvador se sienta en una silla de madera con unas almohadas a su alrededor al lado hay una igual, tienen una mesa de madera redonda con una flor blanca que sale de un matero — ¿Impresionada?
—He visto muchas casas pero aprecio el buen gusto. Esta muy linda.
—No has visto todo aún puedo ganar –Salvador se levanta como si hubiera estado esperando esa respuesta de mi parte. Me conduce a una puerta de madera que tiene una ventana, la abre para salir al patio de atrás.
Una acera de madera oscuro que parece más un puente plano que otra cosa se asoma por entre las ramas del patio, doy un paso para observa la piscina con agua cristalina que surge entre los pisos de madera, recorro la vista por otro piso de madera de una forma más gruesa que contiene unos muebles grises acolchados con un sitio para subir los pies igual de acolchado. Unas lámparas color naranja le da un tono naranja al ambiente. Miro a Salvador.
—Lo impresionante de la casa es esto.
— ¿Gane?
—Yo diría que sí.
—Bueno te dejaré descansar el día de hoy, mañana trata de levantarme tenemos cosas que planear.
— ¿Me dejaras sola aquí?