Mario sonríe de forma sínica.
-Me tienes acorralado –Admite, bajando el arma. Mi escolta gime de dolor mientras otro de ellos lo ayuda llevándolo dentro de uno de los carros –Lo hiciste bien, Salvador. Tienes mis felicitaciones, ¿Pero sabes que en cuando tenga la oportunidad yo también puedo chantajearte no?
-Así es este negocio.
-Te daré la misma cantidad que te iba a dar Fernando para la campaña de tu padre no más, también quiero ampliar mis rutas en el mercado, quiero algunas rutas del este del país, he odio que puedo aumentar mis ventas allí.
-Trato.
-También quiero que le digas a Cardona que borre todo rastro de ese expediente al igual que tu.
-De acuerdo. ¿No era tan difícil? Ya ves. Un placer hacer negocios contigo –Mario me da una sonrisa torcida.
-Le dices a Beatriz que interpretó un buen papel.
-Un placer hacer negocios Mario.
Mario cambia la forma de la cara a una más relajada. Volteándose a un carro que lo espera a unos metros de distancia.
-Plan exitoso.
Marco el número de Beatriz.
-¿Si?
-¿Estas ocupada?
-Supongo que no. Son las 11 de la noche
-Pasaré dentro de un rato.
-¿En serio?
Beatriz Rosalez
La luz de la luna ilumina mi habitación, me levanto a bañarme y arreglarme para ver a Salvador.
¿Se supone debería salir en pijama? Mejor no. Abro la puerta, con mi aspecto informal de mi camisa negra con estampado de piñitas con mi short tipo jean. Salvador trae una camisa negra formal combinada con un pantalón del mismo color.
-Bueno días Beatriz –Me dice cordialmente Salvador.
-Me encanto tu llamada a las 11 de la noche.
-Siempre inesperado –Salvador me abre la puerta del carro. Me monto sin rechistar, mirando mi look informal pensando a dónde vamos. Salvador conduce lentamente hasta llegar al hotel donde Salvador se hospeda, el que se encuentra a poca distancia de mi casa.
— ¿Ya cenaste?
—Si
—Bueno yo aún no, espero no te importe acompañarme a cenar.
—Para nada.
—La azotea del hotel es bastante linda por la noche, esta al aire libre. Ya debes haberla visto supongo.
—No ha habido necesidad de quedarme allí así que no…
—Bueno es cierto, vives a unos metros, sería algo absurdo. Pero te aseguro que te gustará.
Cuando llegamos el edificio se encuentra en una oscuridad total exceptuando por la luz de la sala de recepción. Saludamos al encargado y Salvador le muestra la tarjeta de identificación. El encargado no parece prestar mucha atención y nos deja pasar rápidamente para seguir viendo tv. Subimos al piso 3 en ascensor para luego entrar en un cuarto el cual es pequeño lo adorna una terraza en la cual hay una silla redonda con un par de sillas negras a su alrededor de esas que se encuentran cerca de una panadería.
-¿Crees que haya servicio a la habitación a esta hora?
-Debería –Me encojo de hombros. Salvador levanta el teléfono de la habitación pidiendo una pizza.
-Entonces ¿Qué era tan importante como para no poder esperar hasta mañana? –Me siento en la silla frente a la mesa redonda.
-Mario aceptó ser nuestro socio.
-¿Debería preocuparme o alegrarme?
-Lo segundo.
-Es decir Salvador ¿El no querrá vengarse o…
-Dudo que tenga ganas de hacerlo teniendo en cuenta que nadie quiere de enemigo a mi padre, así que no te preocupes, sé que no es tonto como para destruir su carrera por un secreto que puede mantenerse oculto… Dijiste que quería enterarte de todo a la brevedad posible y cumplo con lo prometido.
-¿Ya estoy lista para atar de manos y pies a Fernando y a Samanta?
-De Samanta me encargo yo, te dejo a ti a Fernando, no debería ser tan difícil le pides disculpas y te muestras cariñosa.
-¿Pero que podría encontrar de Fernando realmente?
-No lo sé, no creo que Fernando tenga un secreto oscuro pero… Debemos intentarlo –El sonido de la puerta nos indica que ya la pizza está aquí.
-Espero no te importe celebrar conmigo con una pizza sencilla.
-No tengo hambre pero no seré aguafiestas –Salvador va en busca de la pizza que ya está cortada en pedazos. Tomo un pedazo con una servilleta.
-Si lo logramos podremos quizá convencer a mi madre de que regreses a la casa –Frunzo los labios.
-Tengo que pensar si quiero volver a trabajar allí.
-¿Por qué? –Salvador me mira con desconcierto –En la casa no te molestaba más nadie que Samanta y si no quieres no debes acompañarme en estas misiones, si es eso…
-No es eso… Es a lo que se dedica tu familia no quiero que repercuta…
-No lo hará, me encargaré de ello. Además solo volverás a trabajar en la casa en todo caso no tienes por qué enterarte de otro tipo de cosas.
-¿Y si soy muy curiosa?
-Me encargaré de que tu curiosidad no aceche por lugares peligrosos.
-Dime algo… Cuando entre a trabajar con ustedes en el momento que tu padre supo mi apellido se puso un poco molesto o desconcertado quizá.
-Si te soy sincero es una historia que ni yo mismo se.
-Salvador –Refunfuño.
-Hablo en serio esta vez Bea. Sé que mi padre tuvo un socio hace años, un socio que lo traicionó y ahora cada vez que escucha un apellido similar a “Rosalez” o “Cueva” que era su segundo apellido entra en una especie de trance –La piel se me pone de gallina, el segundo apellido de mi padre era “Cueva” y desde un tiempo para acá anda todo sínico con que podría seguir vivo pero realmente no lo creo, murió hace años.
-Y ese señor… ¿Tenia familia?
-No lo sé cómo te dije no se mucho de esa historia, pero si tiene ojala estén muy lejos del alcanza de mi padre.
-¿Qué les haría?
-Los mataría seguramente –Trago saliva. Tomo la botella de refresco que se encuentra en la mesa y la bebo de forma compulsiva, ahogándome.
-¿Estás bien? –Toso –No debí contarte sobre eso, disculpa. No sé qué haces Beatriz que me haces hablar de más –Conversamos mientras comemos olvidándonos de los planes que debemos realizar y concentrándonos en nuestras vidas.
—No sabía que te gustara manejar helicópteros –Comento — ¿No te da algo de miedo?
—Me gusta aislarme de todos los problemas que solemos tener en casa ya sabes a veces ese tipo de negocios estresa muchísimo, y mi padre enojado y estresado no es el mejor… Suelo ir a las montañas es relajante, me aleja de todo, me hace dejar de pensar…
—Comparto ese sentimiento. Solo que no manejaría uno en sí. Soy muy nerviosa para esas cosas
–Atisbo la luz de la luna, deben ser como las 2 de la mañana quizá. El reflejo de la luna en la cara de Salvador hace que me sienta ligeramente tentada a besarlo. Mi pie pasa por sus piernas haciendo ligueros movimientos. Salvador toca mi pie quitándome el tacón que tengo puesto dejándolo desnudo y así procede al siguiente pie. Salvador se levanta ofreciéndome una mano para haga lo mismo, la verdad es que si esta noche tenemos sexo no me molestaría, Salvador me nubla el pensamiento solo con ver su cuerpo, me levanto para fundirnos en un beso, le toco el cuello con dulzura para luego aferrarlo contra mí.
Salvador pasa las manos por mis muslos para subirme sobre él, su gran cuerpo me alza en medio de la oscura noche en donde solo las luces de las lámparas nos acechan, sus brazos sobre mi cuerpo me hacen querer sentir sus manos encima de mí, controlándome, sintiendo su peso dominándome. Salvador me coloca con suavidad en la cama. Salvador toca mis piernas admirándolas con deseo en su rostro, las aprieta para luego morderlas sin fuerza. Su cara sube poco a poco hasta mi entre pierna donde me dejo dejar quitar el short junto con la braga para dar lugar a su lengua que curiosea por el exterior jugando hasta sentir hinchado mi clítoris. Mis gemidos empiezan a sentirse, haciendo que Salvador vaya más rápido. Su lengua acaricia otras zonas, un dedo se posa sobre ya mi húmeda v****a sabiendo que esto me hará quererlo dentro de mí. Sube de nuevo su lengua a donde mi clítoris, su dedo se posa sobre mi agujero lubricando la zona con su saliva, mis gemidos aumentan, empiezo a tocarme los pechos encima de mi camisa de la cual me deshago instantes más tarde. Un par de dedos más empiezan a introducirse sobre mí, quiero sentir algo más que sus dedos en estos momentos. Salvador sube su cuerpo sobre mí sin dejar de meter sus dedos para pasar su boca sobre mi cuello. Mi cuerpo aumenta la temperatura.
Salvador sale de mi v****a para quitarme el sostén color gris con fucsia. Posa su lengua en cada uno de mis pezones, poso mis manos en su camisa para abrirle los botones, necesito ver su cuerpo, ese cuerpo que me trae pensando en cosas sexuales cada vez que lo veo, ya sea solo por un objetivo; disfruto de su masculino cuerpo sobre el mío, el deseo que se envuelve entre nosotros me hace arder.
Manoseo su m*****o, Salvador sube más su cuerpo dándome oportunidad de bajarle el bóxer para darse a conocer por segunda vez su m*****o ante mí. Mi lengua se posa en la punta de su pene haciendo masajes circulares para luego insertarlo en mi boca haciendo gemir a Salvador que me da unos ojos de placer que me hacen continuar a un ritmo más elevado. Salvador continúa gimiendo tras cada movimiento. Me detengo. Ya no lo quiero en mi boca, lo quiero dentro de mí. Salvador me mira con deseo tirando mi cuerpo a la cama, mete un par de dedos en mi v****a sacándome ciertos gemidos para luego poner la punta de su pene sobre mi v****a. Lo deseo, Salvador abre camino entre mis paredes vaginales violentamente haciéndome sentir su pene tan estrecho en mi v****a que siento algo de dolor a medida que traspasa mi v****a húmeda se acostumbra a su tamaño.
Salvador da pequeños gritos de placer ahogados por mis gemidos intensos, su cuerpo sobre mí en justo lo que imagine, toco sus brazos con fuerza mientras me provoca placer, Salvador me besa apasionadamente metiendo su lengua en mi boca ahogando algunos gemidos. Salvador se detiene a lo que yo procedo a ponerme de espaldas tirada en la cama, Salvador sujeta mis caderas su pena choca contra mis nalgas subiendo y bajando poniéndome ansiosa de quererlo dentro, gimo apenas entra sintiéndolo más profundo que antes, sujeta con mayor fuerza mis caderas sobre la cama presionando mi cuerpo contra la cama en busca de más placer.
Aferro mis manos al borde la cama, sintiendo una y otra vez sus embestidas hasta que Salvador se detiene sacando su m*****o y acabando en mi trasero. Me quedo acostada en la cama sin saber qué hacer. Salvador se dirige a un armario donde saca una toalla limpiándome el líquido que dejo sobre mí.
Me acosté con mi ex jefe no había tenido una experiencia fuera de lo laboral con uno, aunque se me insinuaran y hacerlo no se sintió mal, imagino la cara de Lucia decepcionada luego de haberle dicho lo anti ético que esto era. Olvido su rostro antes de que empiece a sentirme incomoda con mis pensamientos. Me acomodo en la cama y comienzo a vestirme.
—No tienes por qué vestirte aún.
—Se supone que debería irme a mi casa en realidad.
— ¿No te gustaría quedarte aquí esta noche? Porque a mí no me molestaría.
— ¿Sería una buena idea? –Pregunto poniéndome mi camisa negra sin sostén abajo. Salvador que sigue desnudo ante mí se acerca a besarme.
—Podemos divertirnos en la mañana también –Me muerde los labios a lo que yo me aparto por el dolor, quejándome.
—Solo me parecería buena idea si no roncas.
—Estas de mala suerte entonces.
—Me voy para mi casa –Intento levantarme a lo que Salvador vuelve a tirarme en la cama pasando un par de dedos por mi cuello.
—Es broma –Juguetea con mi cuello –Lindo cuello.
— ¿Está ahorcable no? –Salvador aprieta mi cuello con suavidad.
—Bueno ahora que lo dices, se me puede ocurrir ciertas cosas con tu cuello.