— ¿Puedes hacer silencio? Me equivoque de cuarto buscando a alguien.
—Para empezar este piso es privado.
—Si bueno como te dije estoy buscando a alguien, y si me disculpas me están esperando –Me volteo para caminar rápidamente hacia la escalera.
—Viniste con los plebeyos… Te vi en su mesa, gente como tú no debería estar por aquí –Fernando sale de la habitación con su ropa desordenada mirándome para luego ver a Samanta con cara de confusión.
— ¿Puedes explicarme cuáles son esos gritos Samanta? Puedes atraer la atención de mis padres.
—Le estaba explicando a esta despistada que este es un sitio privado –Fernando me mira.
—Estoy buscando a alguien y aparte vine a comprobar si los tragos de esta barra son mejores que los de abajo.
—Bueno disculpa que te diga esto belleza pero Samanta tiene razón este es un piso privado pero con gusto puedes pedir un trago en mi barra –Samanta le rodea los ojos.
—Por eso es que estas tan rodeado de perdedores.
— ¿Qué quieres Samanta?
—Se que estas ocupado pero vine a decirte algo importante.
—Seguro puede esperar.
—Salvador acaba de llegar, está en la fiesta –Sigo caminando a la barra sin intentar que presto demasiada atención a su conversación.
— ¿En serio Samanta? ¿O solo viniste colmarme la paciencia con tus tonterías?
—Solo ten cuidado, no te dejes observar demasiado por él, no dejes que utilice algo en tu contra como lo hizo con Mario.
—Cerraré con llave, igual ambos sabemos que Salvador en una oveja blanca delante de nosotros –Fernando le tranca la puerta antes de que Samanta termine de decir algo. Samanta baja la escalera de mal humor mirándome de reojo, quizá deba irme antes de que sospeche. Luego de tomarme un trago en la que compruebo que efectivamente son mejores bajo con elegancia por la escalera. Camino hacia los baños para cerciorarme de que mi maquillaje esta igual de bien que hace un rato, observo que se ha caído un poco en la parte de la boca, me lo retoco con unas capas de polvo y algunos materiales que utilizó Camila en mi, haciendo lucir nuevamente a mi boca más gruesa de lo que en verdad es.
Salgo del baño para dirigirme a la mesa donde Amaya y Hernán se están besando, Esther me hace señas riéndose de ambos luego para ella también lanzarse encima de Daniel que le toma el muslo sin pena. Quería despedirme pero si no se da mucho mejor, camino hasta la entrada sintiéndome feliz de lo que traigo en mis manos, o en mis pechos en estos momentos. Escucho unos tacones corriendo tras de mí, ¿Sera Samanta? Camino más rápido haciendo que el teléfono pase de mis pechos a caer por debajo del vestido, lo recojo alarmada. Lo toco viendo que funcione correctamente, alegrándome de que no le haya pasado nada.
— ¿A dónde vas? –Me giro para ver a Amaya — ¿No me digas que te pusiste celosa por Hernán y…
—No, es simplemente que se me presentó algo.
— ¿Así de la nada? No te creo.
—Cosas de trabajo –Amaya toca mi mano izquierda subiéndola en los aires intentando bailar, sostengo el teléfono con fuerza —No quiero ser grosera pero… -Amaya pone sus brazos sobre mi cuello, me aparto pero Amaya se sostiene con mayor fuerza sintiendo su aliento alcoholizado en el momento que me da un beso en los labios. Amaya se aparta de mí, sonriente, ¿Cuánto bebió?
—Vamos a la mesa.
— ¿Te convencí de quedarte cierto? –Asiento llevándola de nuevo hasta la mesa.
—Está un poco ebria –Me dice Hernán que no escucha en tan excelente estado tampoco, ¿Cuándo me fui? Bueno si es cierto que yo he evitado beber a toda costa mientras todos se atragantan de tragos. Amaya se sienta tomando otro trago con Hernán. Hernán me pasa uno y lo recibo sin mucho pensar igual ya cumplí mi cometido. Un brazo me jala hacia atrás haciendo que el liquido del trago caiga en el piso. Me volteo violentamente sosteniendo aun con fuerza el teléfono.
—Disculpa –Me dice Salvador al ver mi trago derramado en parte de mi vestido y suelo.
— ¡Salvador! Viniste –Lo saludo Hernán, pasando su mirada de Salvador a mi — ¿El era tu acompañante? –No respondo —Entonces tú fuiste el que la dejo embarcada, eres un idiota –Ríe Hernán.
—Ya me conoces –Le choca los puños a Hernán.
—El gran Zwart –Comenta Amaya –No me dijiste que el mismo Salvador era tu acompañante, quizá tu mirada misteriosa no sea simplemente una mirada Kayla.
—Kayla tiene muchas cualidades –Dice Salvador.
—Nadie creyó que vinieras –Le digo.
—Inconvenientes de último momento.
—Tuvieron que ser importantes porque para dejar a esta chica tan hermosa sola.
—Tienes mucha razón, ¿Le molestaría señorita Kayla acompañarme por un trago mientras le explico el porqué de mi retraso?
—Yo me iba.
—No te tomara más de 10 minutos –Salvador me ofrece su brazo. Lo tomo por educación. Avanzamos por un sitio donde no hay tantas personas alrededor.
— ¿Se puede saber qué haces?
—Cumpliendo mi misión.
—Tu misión fue cancelada.
—No recibí notificación de eso.
—Deberías haberte quedado en casa descansando y lo sabes muy bien, ¿Cómo se te ocurre venir para acá sola? Si te descubrían ¿Qué crees que hubiera pasado?
—No lo harían tenía una buena coartada.
—Tampoco tenías mi autorización para ejecutar esta misión sola.
— ¿Socios del crimen? Eso dijimos.
—A ver Beatriz.
—Kayla.
—Kayla, como sea, da igual. Ya no seremos socios del crimen, se acabó.
—Si bueno no creas que voy a rogarte o pedirte explicaciones de algo por el estilo, ten –Le choco el teléfono con molestia en el pecho —En las fotos de la galería tienes la manera de hundir o chantajear a Fernando, misión finalizada –Camino rápidamente al exterior del local tipo mansión donde voy caminando. Me pierdo en las personas a mí alrededor pasando por la pista de baile. No estoy segura de si alguien se habrá dado cuenta de nuestro espectáculo pero tampoco me interesa, mi misión aquí ha concluido.
Salgo al exterior viendo que Hernán ha venido tras de mí, me oculto detrás de una escultura en forma de tótem con una nariz puntiaguda para ocultarme.
— ¿De quién te ocultas? –Me pregunta un chico que me resulta ligueramente conocido. No trae la máscara y eso me hace plantearme si lo he visto antes.
—De nadie solo salí porque necesitaba algo de aire.
—Parece que te ocultas de… ¿Hernán?
—No lo sé, simplemente ya me voy –El chico se coloca su máscara color gris.
—Te acompaño.
—No es necesario.
—Soy uno de los amigos de Salvador puedes estar tranquila. ¿Me recuerdas?
—La verdad no y no estoy muy interesada.
—Yo estaba el primer día que comenzaste a trabajar con los Zwart –Pienso –Sentado en la sala con Orlando y Fernando y las otras chicas si es que las recuerdas –Él es chico que no emitía comentarios algunos, muy callado solo se limitaba a reír, pero ¿Cómo puede reconocerme?
—No sé de qué hablas, mi nombre es Kayla —Sonríe amablemente —Hay gente muy peligrosa por aquí.
—Por todas partes, solo hay que tener cuidado.
—Y deberías cuidarte de los Zwart.
— ¿Sueles dar consejos a desconocidos así de la nada?
—Deberías tomar tus precauciones y salir huyendo ahora que puedes.
—Lo dice uno de los amigos cercanos de Salvador.
—Precisamente por algo lo digo, ahora si me disculpas debo volver a la fiesta, Beatriz ¿o debería llamarte Kayla? –No respondo —No te preocupes no le diré a nadie, solo vine a advertirte, Salvador te busca –Me señala detrás a Salvador que viene en su traje plateado con su máscara del mismo color, hasta ahora me doy cuenta de su atuendo, su cabello rubio suelto no se destaca tanto en la oscuridad pero aun así se ve igual de guapo.
—Te llevaré.
—No es necesario, no estoy ebria. Y aunque lo estuviera solo necesito llamarle a mi chofer.
—Te llevaré dije. Me vas a explicar que hacías hablando Gilberto y te debo algo por sacar estas imágenes.
Salvador pide su coche mientras yo le cancelo al que era mi chofer esta noche, Salvador emprende camino al sitio donde me estoy quedando en el cual me iré pronto, quizá mañana.
—Fue arriesgado lo que hiciste Beatriz –Me comenta luego de un rato en el carro.
— ¿Pero te servirá?
—Lo hará –Salvador sonríe macabramente —No lo hubiera logrado sin ti, Fernando hubiera estado muy pendiente de que sus hombres me vigilaran todo el rato.
— ¿Él fue el culpable de…
—Samanta, no sé si con ayuda de Fernando pero en definitiva estuvo relacionado con Samanta. Solo que yo no era el objetivo. Eras tú.
— ¿Cómo lo sabes? El helicóptero era tuyo.
—Samanta pensó que yo no iba a conducir el helicóptero, seguro pensó que sería Cristobal que te daría un paseo.
— ¿Por qué estaría tan convencida de eso?
—Samanta pregunto por mí en la empresa donde trabajo, la secretaria le digo que estaba en una reunión. Le mintió como siempre le digo que lo haga cuando no estoy. Samanta pensó que no estaría en ese helicóptero y solo con la llamada de ese día me queda claro que lo tenía previsto. Revisé como Cristobal mantenía el helicóptero no había un desperfecto de esa magnitud. Samanta tomo un gran riesgo, un riesgo del que esta arrepentida.
— ¿Arrepentida? No creo.
—No tanto por ti, pero seguro por el hecho que de que pudo haberme asesinado a mí. Si la hubieras visto en la fiesta, toda cariñosa siguiéndome a todos lados.
—La escuche hablando con Fernando de ti, de que debía estar pendiente y con cuidado. Que eras la oveja blanca delante de ellos.
—Delante de ellos, lo soy.
— ¿Tienes alguna prueba concreta de que haya sido Samanta la autora intelectual?
—No pero lo conseguiré, así tenga que mandar a mis hombres a torturar a los suyos para hacer que hablen.
— ¿Y luego qué?
—Es confidencial.
Veo la casa asomarse por mi vista, en lo que llegamos me quito el maquillaje aproximadamente por 20 minutos. Me siento liberada luego de quitarme todos esos kilos de maquillaje de encima.
—Bueno digamos que eso es todo por hoy –Dice Salvador.
—Eso parece.
—Te debo una; pienso recompensártela.
—No tienes que hacerlo al fin y al cabo no lo necesito.
—Te dije que volverías a trabajar a la mansión, y ahora te he metido en tantos de mis asuntos que –Mira al suelo con impaciencia — ¿Quieres regresar a trabajar a la mansión?
—No.