Sus mejillas y el vestido eran ya del mismo color, no supo qué decir, menos aún cuando Adam se acercó lentamente y le dejó un casto beso en los labios, solo abrió sus ojos y sintió el nerviosismo apoderarse de ella, enseguida sintió como la tomaba de la mano para llevarla hasta el otro extremo del salón, luego giraron a un pasillo que estaba solo y caminaron en él, así, de la mano pero mas tranquila. —Pasa —abrió para ella la puerta y él se situó en la entrada, de manera que al entrar pasara lo mas cerca posible de él, cuando eso sucedió dejó que su suave aroma le llegara a lo mas hondo de sus sentidos, suspiró levemente. Se lavó las manos y con los ojos cerrados se recargó sobre la fría cerámica por unos segundos. —¿Estás bien? —Le cuestionó un preocupado Adam. —Sí, solo tomo un poco

