Capítulo 6: Carta desde la ciudad

500 Palabras
(Parte 2) Tres días después, mientras Angie recogía uvas bajo el sol tibio de la tarde, un jeep viejo avanzó por el camino de tierra levantando polvo. Ella entrecerró los ojos y reconoció al conductor: don Gustavo, el chofer de la empresa de la familia. Venía vestido con camisa blanca y sombrero, tan elegante como siempre. —¡Angie! —gritó bajando del vehículo—. Te mandan esto. Le entregó una bolsa con algunas provisiones, y una pequeña carta atada con un listón rojo. —Tu mamá dijo que lo leyeras a solas. Que no se lo leyeras a ese muchacho guapo que te anda rondando. Angie se rió entre dientes. Tomó la carta con curiosidad y agradeció a Gustavo con un abrazo. Más tarde, cuando el sol comenzaba a bajar, subió sola a la colina de las parras más antiguas. Se sentó sobre una roca y desató el listón, desplegando con cuidado el papel. La letra cursiva y bien trazada de Azul la golpeó de inmediato: era como volver a estar en la cocina de su casa, con olor a jazmín y café recién hecho. "Mi querida hija," "No sé por dónde empezar, porque no sé en qué parte te dejé de entender. Quizás fue cuando creciste, o cuando me empeñé tanto en darte una vida perfecta que me olvidé de preguntarte si era la vida que querías." "Cuando te vi partir hacia esa finca, pensé que te aburrirías en dos días. Que extrañarías tus cafés de especialidad, el Wi-Fi rápido, tus libros de diseño. Pero ya han pasado semanas y no has vuelto. Y aunque no lo digas, sé que algo allá te está haciendo bien. Lo sé porque tu silencio tiene otro tono. El de quien está empezando a escuchar por primera vez su propio corazón." "Y eso me asusta, Angie. Me asusta porque te siento lejos. Me asusta porque no te crié para que vivieras entre tierra y barro, sino para que conquistaras el mundo. Pero ¿qué sé yo? Quizá ese pequeño rincón con viñas viejas, un muchacho de mirada noble y los atardeceres que mencionas... quizás eso también es conquistar algo más grande." "No te estoy pidiendo que regreses. Te estoy pidiendo que me cuentes lo que estás sintiendo. Que me dejes acompañarte, aunque sea a la distancia. No como madre que da órdenes. Sino como la mujer que te dio la vida y aún quiere entender la tuya." "Te amo más allá de mis miedos. Con cariño y verdad," "Tu mamá, Azul." Angie sintió un nudo en la garganta. Sus dedos apretaban el papel como si pudiera absorberlo con la piel. No lloró, pero el aire parecía más denso. Miró el cielo anaranjado y pensó en cuántas veces había juzgado a su madre sin comprender que ella también estaba aprendiendo. Sacó su cuaderno y una pluma, y comenzó a escribir la respuesta. Aún no sabía qué palabras usar, pero sí sabía algo: por primera vez en años, tenía algo importante que decir.
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