—¡Eso es una locura! ¿Cómo podría yo enseñarle a enamorar a una mujer? ¿No es algo natural que los hombres deben saber? — pregunto. —¡No sé en qué estaba pensando al proponerte eso! Me disculpo, olvida todo lo que he dicho— se lamenta. —No lo tome a mal joven, pero yo no soy una experta en el amor, no tengo novio y no sé cómo ustedes se enamoran, pues nunca he estado enamorada— confieso. —Eres una mujer— dice en voz baja. —¿Cómo dice? — pregunto para confirmar si escuché bien. —Dije que eres una mujer, no necesitas más para enseñarme, ni tener novio ni estar en pareja, sólo ser una mujer y decirme las cosas que te gustan, enseñarme a tratarte como quieres que te traten y así aprenderé a ser un buen novio o esposo— argumenta. —¿Qué gana usted con eso? No entiendo por

