—¡Mamá! ¡Mamá! — le llamo a viva voz. No responde y aunque el pánico me invade, recuerdo tomar su pulso y ver si está con vida. Así lo hago y está con pulso, me acerco a su pecho y respira ¡Me ha vuelto el alma al cuerpo! Sólo duerme, quizás a causa de los medicamentos. Suavemente acaricio su frente, noto que sus pies están descubiertos y al tocarlos están muy fríos así que los cubro. Cuando voy a salir del dormitorio, mi madre despierta. —Hija ¿Eres tú? — pregunta. —Si madre, disculpa, no quise despertarte, pero no sabía si estabas bien. Me extrañó no ver las luces encendidas— contesto. —Ah, es que bebí unos calmantes y me quedé dormida. Cuéntame ¿Cómo te fue en tu primer día? — pregunta. —Pues creo que bien, tuve algunos inconvenientes para llegar, desperté tarde, pe

