Se dio un baño y se sentía muy cansada. Tenía una electricidad palpitando en su interior, pero a la vez, era como si su cuerpo hubiera hecho un esfuerzo tan grande que había drenado toda su energía. Se puso ropa cómoda, tomó el libro que Salvador le había regalado, pero luego de un par de páginas, sus ojos se cerraron y apenas pudo hacerlo a un lado antes de quedarse dormida. En sus sueños, sentía una cálida mano que acariciaba su cabello suavemente y dejó escapar un suspiro de satisfacción. La caricia se detuvo y abrió lentamente los ojos. Había una presencia. Alguien estaba a su lado. Al voltearse, Salvador estaba sentado a su lado, observándola. - Hola – murmuró tratando de incorporarse. - ¿Estás bien? – preguntó él. - Sí, sí, estoy bien – - Bebe esto – y le tendió un vaso.

