LA DAMA DE n***o

1665 Palabras

Los vidrios del ventanal parecieron molerse cuando un furioso relámpago gritó sin compasión en el cielo gris y pesado. Fue duro como un mazazo y desconectó a Jerónimo de su trabajo en la computadora. De inmediato y como un resorte saltó y cerró el ventanal por donde hacía un rato danzaba un aire fresco, y dando pasos de canguro, fue presuroso hacia la habitación donde estaba su madre. Clara dormía con placidez, ajena al vendaval, con sus manos arrugadas sobre su pecho que se movía al compás de una respiración liviana. Él la tapó un poco más y abrió sobre ella la manta azul de lana por las dudas algún intrépido resfrío osara meter la cola. Afuera el cielo parecía haber abierto un enorme tajo en su carne. La lluvia era importante. Jerónimo apoyó suavemente su cara en el ventanal y apreció l

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