El lugar es modesto, no es tan amplio como el salón de un hotel pero es lo suficientemente espacioso para albergar al menos cincuenta personas que es lo que escatimo a mi alrededor. Irónicamente, los rostros familiares los puedo contar con los dedos de mis manos: mis papas y Louisa, que están conmigo en mi mesa, Shonda, quien está en el escenario y Eliot quien está un par de mesas al fondo. El resto son ejecutivos y periodistas que en algún momento habré visto pero que hoy son primordiales en el lanzamiento de mi libro. Apoyo los codos en la pequeña mesa redonda y poso mi mentón en el dorso de mis manos. Hay dos reflectores: uno que apunta directamente a mi, a mi mesa, y otro que apunta al escenario, a Shonda. Mi fiel y testaruda editora da dos golpecitos en el micrófono que hace un son

