12.

1344 Palabras
- Es bueno verla sonreír - comentó Franco mientras observaba a Tonya que conversaba animadamente con Lidia y Maya. Alrededor de ellas, Alexis corría intentando huir de la niña que la perseguía, hija de una pareja amiga. Eduardo siguió su mirada y luego se volvió a él, extrañado. - ¿Por qué lo dices con ese tono? - - Bueno, amigo, Tonya ha pasado meses muy dificiles, pero parece que va mejorando - - Ella lo ha manejado muy bien - asintió Eduardo - Tomando en cuenta que lo que vivió fue muy duro… - - Es una chica muy fuerte y tenaz - asintió Franco - Y sé que ha hecho un gran esfuerzo por sobreponerse… por Alexis, sobre todo… pero ella no volvió a ser la misma - - Nadie puede ser el mismo luego de perder a su esposo de un forma tan violenta - dijo Eduardo con tono grave. - Estoy de acuerdo, pero no quiere decir que ella no puede volver a ser feliz. Solo quiero que ella vuelva a ser feliz - Michael escuchaba el intercambio en silencio. Luego de debatir consigo mismo, había decidido ir a casa de Franco a la acostumbrada parrillada del domingo. Tonya le había asegurado que todo estaba bien, así que no había razón alguna para no asistir. Sin embargo, cuando llegó solo le brindó un saludo de lejos. - Oye - Franco se volvió a Eduardo - ¿Qué pasó con la casa? ¿Resolvieron algo? - El hombre negó con la cabeza. - No hay nada que se pueda hacer - - Malditos ladrones - farfulló Franco entre dientes. - ¿Qué casa? - intervino Michael. - Alexander y Tonya iban a comprar una casa - explicó Franco - Encontraron una empresa que ofrecía un proyecto muy interesante: una buena propiedad, condiciones muy buenas. Ellos debían pagar una prima y luego seguir abonando mensualmente. En medio de la tragedia y con todo el lío por la pensión de Alexander, la empresa alegó que Tonya no había hecho los pagos de los últimos meses, así que perdió la casa y el dinero que habían invertido - - Algo debe hacerse… - dijo Michael con rabia. - No - intervino Eduardo - Consultamos con un abogado que revisó el contrato y dice que no hay nada que se pueda hacer. Tratamos de negociar con la empresa para cancelar los montos que ellos alegan no se pagaron, con tal que ella no perdiera la casa, pero rechazaron todas nuestras propuestas - - Yo estoy seguro de que es una estafa - dijo Franco llevándose la botella de cerveza a los labios - Solo quieren el dinero, ni siquiera les interesa que las personas realmente obtengan su casa. Luego de meses, no han puesto una sola piedra en el terreno - - ¿Podrías enviarme los documentos? - dijo Michael a Eduardo - Me gustaría que mi socio los revisara. Él tiene mucha experiencia en esa área - - Dudo que consigas algo - Eduardo sacudió la cabeza - Tenemos meses en este pleito - - Mira, creo que nada se pierde con dejar que un par de ojos frescos revisen el contrato - insistió Michael - ¿Qué es lo que ella quiere? ¿La casa? - - No - Eduardo miró a su hija - Es mucho más conveniente para ella quedarse en el apartamento. Dafne ofreció ponerlo a su nombre y el de Alexis, pero no lo aceptó… De todas maneras, en realidad lo que queríamos era recuperar todo el dinero posible, para que Tonya tenga un respaldo - - Debería usar ese dinero para comprar un auto nuevo - comentó Michael con la mirada fija en Alexis, que seguía corriendo por el patio, dejando escapar agudas carcajadas. Se volteó a Eduardo y agregó: - Disculpa, sé que tú te encargas de darle mantenimiento, pero no creo que sea un auto seguro para ellas - - No tienes que decírmelo - Eduardo esbozó una sonrisa - Se lo digo todo el tiempo. Sé que no tendría problema alguno en encontrar un comprador, pero ella es terca y no me escucha - - Ta vez deberías hablar con ella - intervino Franco con naturalidad - Puede que logres convencerla - - ¿Yo? - Michael lanzó una mirada a Eduardo, temiendo su reacción - Si no escucha a su padre, ¿por qué me escucharía a mí? - Franco no respondió, pero le devolvió una mirada significativa. - Iré por otra bebida - dijo con voz grave y se dirigió al interior de la casa. Tomó un refresco. No tenía deseos de una cerveza. Se apoyó en el fregadero y bebió lentamente, sumido en sus pensamientos. No se percató que Tonya se había acercado, hasta que tocó su brazo. - Hola - murmuró tímidamente. - Hola, preciosa - le miró, sorprendido. - ¿Estás bien? - - Sí, todo está bien - - Parecías distraído - - Solo pensaba en cosas del trabajo - - ¡Oh! - ella le observó, tratando de asegurarse que fuera sincero - Yo… quiero disculparme por irme de forma tan intempestiva el viernes… - murmuró bajando la mirada. - Ya lo hablamos y todo quedó claro. No tienes que disculparte - respondió él sin dejar de mirar al pasillo. - Sí, pero… creí que debía hacerlo personalmente - - Tonya, no creo que debamos hablar de eso aquí - - Sí, tienes razón - ella exhaló un suspiro. Sigilosamente una pequeña figura se coló en la cocina y pasando al lado de su madre, se colocó frente a Michael. - ¿Alexis? - Tonya la miró, intrigada por su actitud. La niña la ignoró. Atrajo la atención de Michael tirando de su camisa. - Hola, princesa - dijo él con una sonrisa. La niña señaló la alacena y murmuró: - Galletas - - ¡Oh! Quieres galletas - cruzó una mirada con Tonya que trataba de mantenerse seria - ¿Tu mamá te dio permiso? - Alexis sacudió la cabeza. - Solo una… - Tendré problemas con tu mamá si te doy una galleta sin su permiso - respondió él acuclillándose para estar cara a cara con la niña - ¿Por qué no le preguntas? - Se volteó y miró a Tonya, algo dudosa, pero Michael le hizo un gesto alentador. - Mamá... ¿puedo comer una galleta? - - No más galletas, Alexis. Te prepararé un plato con verduras - La niña frunció el ceño. - Tita Maya me dio verduras - - ¿Y las comiste todas? - Asintió entusiasta. - Todas, todas - - Bueno… - pretendió considerarlo - creo que puedes comer solo una - Alexis sonrió y se volvió a Michael, tendiéndole los brazos para que la alzara. Tonya retrocedió un poco, contemplando la escena. Michael había tomado a la niña en sus brazos y la sostuvo mientras ella abría la puerta de la alacena y encontraba el tarro de galletas. - Solo una, Alexis - le recordó Tonya al ver que su mano se aferraba a las galletas. La niña miró a Michael, esperando que intercediera por ella, pero él le susurró: - Debes obedecer a mamá - Soltó las galletas, tomó solo una y la mostró a su madre. - Ve con Tita Maya. Yo iré en un momento - Michael la dejó de nuevo en el piso y la niña echó a correr fuera de la cocina. - Gracias - dijo tratando de sonreír - Siempre trata de salirse con la suya - - Es una niña muy vivaz. Solo son travesuras inocentes - - Sí, lo son - ella asintió y exhaló un suspiro. Maya la vio regresar a su lado. Tomó a Alexis y la hizo sentar en su regazo, pero tenía una expresión ausente en su rostro. - Tonya, ¿estás bien? - Asintió, pero no dijo nada. - ¿Quieres que hablemos? Luego, en casa - - No, no hay nada de qué hablar. Todo está bien. Solo me siento un poco cansada -
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