13.

1396 Palabras
Habían sido días muy complicados, llenos de reuniones y asuntos de última hora que resolver. Una cliente particularmente difícil había puesto a prueba su paciencia reiteradamente. No había dejado de pensar en Tonya, pero durante el día tenía poco tiempo disponible y en las noches prefería contenerse, pues sabía que ella estaría ocupada atendiendo a la niña. De todas formas, ella tampoco lo había contactado y aunque había insistido que todo estaba bien, ambos sabían que no era así. En algún momento tendrían que hablar de lo que sucedió esa noche de viernes y ambos estaban conscientes que cada vez que estuvieran juntos la tensión s****l estaría presente y tendrían que tomar decisiones al respecto. Era jueves por la tarde y necesita aún unas horas para ponerse al día con sus asuntos. En la pantalla de su computadora saltó la notificación de un nuevo correo y lo leyó rápidamente. Se aseguró de descargar todos los documentos adjuntos y luego de una rápida ojeada, dejó su oficina y se dirigió a la aledaña. Dio dos rápidos cambios golpes a la puerta para llamar la atención de su socio. - Gustavo, ¿tienes un minuto? - dijo desde la puerta al hombre que revisaba unos documentos. - Sí, claro. Adelante - Michael se acercó y tomó asiento frente a él. - Quiero pedirte que revises un caso. Es un asunto personal - El hombre le miró con curiosidad. - No es un tema corporativo, pero sé que tienes experiencia con el área inmobiliaria - le tendió una copia del correo y le explicó brevemente la situación de Tonya. - ¡Oh, amigo! Esto está mal de tantas maneras… - sacudió la cabeza - Lamentablemente sí, ya he visto estos casos - - ¿Sabes qué me molesta? El chico era abogado. ¿No debió detectarlo o al menos sospechar? - - Supongo que esta no es su área - se explicó el hombre - Y estos contratos están muy bien diseñados para que no sea fácil detectar la trampa - - ¿Crees que se pueda hacer algo? - - Conozco un abogado que ya ha llevado demandas contra esa empresa y ha ganado algunos casos. Pero debo advertirte que será duro y será caro. Como te digo, la estafa está bien blindada - - No importa. Yo correré con todos los gastos o con lo que sea necesario para que ella recupere su dinero - - Hablaré con él ahora mismo - asintió Gustavo - Envíame todo lo que tengas del caso y me encargaré de que él lo atienda cuanto antes - - Te lo agradezco. Te haré llegar el expediente a tu correo personal - -0- - ¿Acaso debo abrir una botella de tequila? - La voz de Rose la sacó de sus pensamientos. - ¿Ah? - la miró sin comprender a qué se refería. - Creo que un té no es suficiente. Tu rostro me dice que necesitas algo más fuerte - la mujer se sentó frente a ella. Estaban en la cocina mientras las niñas terminaban de ver una película. - Solo estoy cansada - - Tonya… Te conozco desde hace muchos años. Yo sé que no estás así por cansancio - Miró a Rose por un momento y luego tomó su té lentamente, debatiéndose en sus pensamientos. Finalmente, se dio por vencida. - ¿Tú crees…? - titubeó un instante - ¿Tú crees que es muy pronto para que yo…? - - ¿Salgas con un hombre? - Rose terminó la frase por ella. Tonya asintió con un gesto apenas imperceptible. - ¿Honestamente? Creo que es el momento perfecto - dijo con seguridad - Ya ha pasado un año, Tonya - - Sí, pero… Yo no siento que… Es decir, no estoy segura si debería - - ¿Conociste a alguien? - una sonrisa pícara asomó en el rostro de su prima. - Sí, pero… no lo sé. Tengo mucho en qué ocuparme… El trabajo, Alexis… Tal vez no es un buen momento - - Bueno, Tonya, eso no va a cambiar en un futuro próximo. Así funciona la vida real. Las personas adultas tienen responsabilidades y tienen que balancear cada aspecto de su vida para sentirse plenas. No puedes limitarte a trabajar y ser madre. Eres una mujer joven, hermosa, inteligente que merece salir, divertirse y conocer chicos - - Sí, lo sé… Pero no siento que esté lista para una relación - - Bueno, no tienes que lanzarte a una relación de inmediato. Solo tómalo con calma. Conoce a este chico, pasa tiempo con él y deja que las cosas se den. Puede ser que funcione, puede que no. Pero si no lo intentas, no lo averiguarás - - No creo que seas muy consciente de lo que implica o no me alentarías - comentó Tonya tratando de bromear. - ¿Te refieres a Alexis? Sabes que adoro tenerla conmigo y Dani hace la mayor parte del trabajo - respondió Rose con un guiño - Así que no tengo ningún problema en que se quede conmigo para que tú puedas salir en unas prometedoras citas - - Lo consideraré, pero no creo que salte a ello de inmediato - - No tienes que hacerlo, si no te sientes cómoda. Pero no tomes tu trabajo o a tu hija como excusa para dejar pasar una buena oportunidad - Era jueves en la noche, Alexis se había dormido y ella permanecía en la sala con el televisor encendido, pero no prestaba atención a lo que sucedía en la pantalla. Había pasado prácticamente una semana sin saber de Michael. Ni mensajes, ni llamadas. Había perdido la cuenta de las veces que miró su teléfono, esperando ver una notificación. No podía culparlo. Seguramente estaba ocupado y ella tampoco había hecho ningún esfuerzo por contactarlo. Tomó su teléfono, dubitativa. ¿Debía escribirle? Jugaba con el aparato en sus manos, aún indecisa cuando la notificación de un mensaje le hizo saltar en el sofá. ¡Era él! “Hola, preciosa. ¿Qué tal tu semana?” “¡Hola! Ha sido una semana larga y con mucho trabajo. ¿Cómo estás?” “No he tenido un minuto de descanso. Lamento no haberte escrito antes.” “No te preocupes. Yo comprendo.” Pasaron unos minutos sin respuesta. Dejó escapar algo parecido a un gruñido. - ¡Cielos! Yo no sirvo para estas cosas - dijo en voz alta, llena de frustración. Entró un nuevo mensaje. “Vi al médico, como tú lo recomendaste. Me temo que no hay buenas noticias. Le pedí que me enviara el reporte y la radiografía. Pensé que tal vez podrías verlo y darme alguna sugerencia” “Por supuesto. Envíame todo a mi correo. Lo veré cuanto antes” “No es urgente. Solo lo hago porque tú me lo pediste, no quiero causarte molestias.” “Sabes que no es ninguna molestia. Por favor, envíame toda la información.” Le escribió su dirección y aguardó. En cuanto recibió la notificación de correo, tomó su computadora y revisó el dictamen. Con el paso del tiempo, los tristes eventos alrededor de Flora habían quedado atrás. Lo cierto es que luego de entrar a su apartamento para "charlar" como ella le había dicho, en su memoria solo existía un enorme vacío hasta que despertó en la cama de hospital. Más de veinticuatro horas de su vida perdidas. Y pudo haber perdido mucho más, de no ser por su padre, Alexander y Michael que no se movieron de la estación hasta que la policía tomó en serio su denuncia. Con el tiempo, su cuerpo sanó y era tan feliz al lado de Alexander, que nunca más volvió a pensar en lo sucedido. Simplemente lo guardó en lo más profundo de su memoria, porque habían nuevos momentos y recuerdos por conservar. Pero ahora, con la mirada fija en las imágenes de las radiografías, su corazón se sobrecogía. Indudablemente Michael sufría las consecuencias de una herida que no sanó bien. Michael se había lanzado a un barranco por ella. Había vivido con las secuelas de esa herida por diez años y sabía que no podría sanarlo, pero si podía aliviar un poco el dolor que experimentaba (aunque él pretendiera minimizarlo), se esmerararía y aplicaría todos sus conocimientos y toda su experiencia. No porque se lo debía, sino porque él lo merecía.
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