14.

1352 Palabras
La escena era la misma de los domingos de parrillada en casa de Franco: los chicos conversaban animadamente, en la pantalla ya se encontraba el partido de fútbol del día. Sin embargo, al pasear la mirada por el patio, Michael no la halló. Lidia llegó a su encuentro y luego de intercambiar un saludo, buscó un sitio donde sentarse. Al poco rato, Franco se le acercó. - Oye, amigo, parece que un tren te pasó por encima - - Fue una semana terrible - replicó él sin mucho calor. - ¿Problemas en el trabajo? - - Sí, algunas complicaciones de última hora - - Lamento escucharlo - Se voltearon al escuchar que alguien más había llegado. Los Ferreira les brindaron un saludo desde lejos, pero quien él esperaba no les acompañaba. - Me temo que tendré que darte la mala noticia - dijo Franco con disimulo - Ella no vendrá - Michael le miró, sorprendido. - Una vez al mes pasa el fin de semana con la familia de Alexander, para que ellos compartan con la niña… - ¡Oh! - trató de que su rostro no reflejara su desazón. Tenía una semana de no verla y sentía que iba a enloquecer. Debía admitir también, que le provocaba una gran desazón ignorar algo tan importante en su rutina. Era un molesto recordatorio de cuánto se habían distanciado y como, a pesar de reencontrarse, había tanto de la vida de Tonya que él todavia ignoraba. No podia negar cuánto deseaba saber todo sobre ella. Realmente ser parte de su vida. Algo más tarde, disfrutaban del almuerzo cuando Jose comentó: - Oye, Franco, no es que me queje, pero mis compañeros de trabajo me han mencionado un par de veces que he aumentado de peso - - ¿Y cuál es el problema? - respondió el hombre saboreando su bistec. - Que a nuestra edad eso de comer y comer y no hacer ejercicio, nos pasa factura - - ¿A nuestra edad? ¿Qué se supone que quiere decir eso? - intervino Michael riendo. - Tú no digas nada - le cortó Jose con una mueca graciosa - Tú no entiendes lo que es ser normal, como nosotros - y señaló al resto del grupo. - ¿Normal? - - Sí, normal, ya sabes: cincuentones sedentarios con barrigas de cerveza - Todos rieron. - Creo que alguien está en crisis - comentó Lidia divertida. - Solo digo que antes, al menos teníamos los partidos de fútbol para hacer un poco de ejercicio… - Eso es lo que él dice - intervino Luis - Ese es su pretexto, que como no volviste a organizar partidos, no tiene oportunidad de hacer ejercicio - - Vamos, chicos - dijo Franco - Ya no estamos para partidos de fútbol… ¿A quién vamos a retar? ¿A los residentes del hospital geriátrico? - - ¡Oh, cielos! - Maya dejó escapar una carcajada - Realmente estos hombres tiene una crisis de mediana edad - - Lo dice la mujer que luego de dos hijos tiene la misma figura de cuando tenía treinta - replicó Franco pinchando sus verduras. - Bueno, con crisis o sin crisis - intervino Eduardo - creo que sería divertido un partido luego de tanto tiempo - - Y así tal vez en tus próximos exámenes no salga el colesterol alto - añadió Maya. - ¡Oh! - todos dejaron escapar una carcajada. - Te lanzaron bajo el bus, amigo - dijo Franco entre risas. Maya dio un beso en la mejilla a su esposo. - Está bien, está bien. Por aclamación, volveremos a las canchas. Si Zlatan volvió a las canchas, ¿por qué nosotros no? - -0- Estaba ansiosa por volver a casa. Todas las vías estaban saturadas y apenas había avanzado unos pocos kilómetros en más de media hora. Alexis dormía en su silla y ella solo deseaba darse un baño e irse a la cama. Visitar a los Roldán drenaba toda su energía. Todos adoraban a Alexis y aguardaban con entusiasmo sus visitas, pero era difícil para ella. Sergio se parecía mucho a Alexander físicamente y su madre no hacía más que hablar de él. Comprendía que para una madre era devastador perder un hijo y era profundamente doloroso darse cuenta que, para sus suegros, el mundo se había detenido cuando perdieron al suyo. Sí, eso es lo que sucede cuando pierdes a alguien que amas, pero ella no podía darse el lujo de suspender su vida. No era sano y no era realista. Por ella, por Alexis, debía seguir adelante. Finalmente, los autos comenzaron a avanzar y volvió su atención a la calle. Escuchó su teléfono alertar el ingreso de un mensaje, pero supuso que sería Maya o su padre, así que lo ignoró. Cuando volvió a quedar atorada en el embotellamiento, tomó su teléfono. Su corazón se detuvo por un instante al ver el nombre en la pantalla. “Extrañé no verte hoy en casa de Franco. Espero que Alexis y tú disfrutaran de un hermoso fin de semana. Cuídate, preciosa” Miró el mensaje, incapaz de reaccionar. Una fuerte opresión en el pecho le impedía respirar. No, no había disfrutado su fin de semana. Habría preferido mil veces estar con él en casa de Franco, aunque no pudiera tocarlo, aunque apenas pudieran hablar. Pero no podía ser egoísta y negarle a Alexis y a sus abuelos la oportunidad de pasar tiempo juntos. Eran familia y sabía que los Roldán habrían querido que sus visitas fueran más frecuentes, aunque nunca se habían atrevido a sugerirlo. Pero ella no podía soportarlo. Ya era bastante difícil verlos un fin de semana al mes. El p**o del auto tras ella la sobresaltó y dejó el teléfono a un lado. Una vez que se aseguró que Alexis dormía profundamente en su cama y se dio un baño, se dirigió a la cocina para preparar algo de cenar. Pensaba cómo responder a Michael. Se sentía agotada y no quería pensar demasiado, ni andarse con rodeos, así que decidió ser sincera. “Yo también te extrañé. Te extrañé toda la semana. Habría querido verte hoy, pero le debo ese tiempo a los abuelos de Alexis.” Su teléfono timbró. - Hola preciosa. Quería escucharte solo un momento - Su voz provocó que una sensación cálida le recorriera todo el cuerpo. - Hola, Michael - murmuró. - Te oyes cansada - - Es un viaje largo y había mucho tráfico - - ¿Y Alexis? - - Se durmió en el auto y ni siquiera despertó cuando llegamos a casa - - Bien, entonces debes irte a la cama y descansar - dijo él con tono dulce. - Aguarda - respondió ella rápidamente - ¿Cómo estás? Realmente te he extrañado - - Yo también te he extrañado, preciosa. Pasé viernes y sábado atendiendo cosas de la firma y hoy fui a casa de Franco, pero no es lo mismo sin ti allí… Aunque no pueda tocarte, al menos verte me habría hecho feliz - - Me siento exactamente igual - asintió ella llena de alivio - Tal vez… ¿crees que podríamos vernos esta semana? - preguntó con timidez y rápidamente agregó: - Estudié los análisis del médico e hice un plan. Quiero que lo revisemos - - ¿Tan pronto? Te lo envié apenas hace un par de días - La sorpresa en su voz la hizo sonreír. - Sí, bueno… el diagnóstico confirmó lo que yo ya temía y he estado trabajando en ello - Le escuchó exhalar un suspiro. - Eres increíble… Podemos vernos cuando quieras, mañana mismo, si tú estás de acuerdo. Me ajustaré a tu agenda - - Sí, mañana está bien. Puedo llegar a eso de las seis a tu apartamento, si te parece bien - aguardó expectante, como si estuviera pidiéndole una cita. - Por supuesto. Gracias por hacer esto por mí, Tonya - - Es un placer - dijo ella con una sonrisa y aunque habría deseado prolongar la charla, se contuvo y murmuró: - Entonces... te veré mañana - - Hasta mañana, preciosa -
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