“¿Otra visita a domicilio?”
Podía imaginar la expresión pícara de Rose mientras escribía el mensaje y antes que pudiera responder, entró otro más.
“¿Esa es la palabra clave para cita con un chico caliente?”
“No, es la palabra clave para soy una profesional en fisioterapia” replicó Tonya con una sonrisa.
“Espero que ese paciente tuyo con el que estás tan comprometida valga la pena. No te preocupes por Alexis y tómate todo el tiempo que necesites.” Y envió un emoticón de guiño.
“Gracias. Nos veremos más tarde.”
“¡Suerte con tu chico!”
Tonya rodó los ojos y guardó el teléfono en su casillero para atender su próxima cita.
Horas más tarde y luego de acabar con su jornada, cruzaba el vestíbulo del hotel y se detuvo un instante para observarse en el enorme espejo que engalanaba la entrada. Había cambiado su uniforme por una falda de mezclilla celeste, una sencilla blusa negra y una chaqueta también de mezclilla.
Se recogió el cabello en una trenza y solo aplicó un poco de máscara en las pestañas y brillo en los labios.
Sintió sobre sí la mirada de un par de huéspedes y sonrió. Esperaba obtener una reacción similar de Michael.
No pudo evitar sentirse nerviosa cuando llamó a su puerta. Sujetó con fuerza contra su pecho la carpeta que llevaba y sentía que sus manos sudaban.
Era evidente que él no había llegado hacía mucho, aún llevaba traje y solo se había quitado la corbata.
La recorrió con la mirada y ella se sintió abrumada por la intensidad en sus ojos.
- Hola - dijo al fin, cuando sintió que había pasado mucho tiempo.
- Hola, preciosa. Pasa, disculpa… Luces hermosa -
- Gracias…
- Pasa, ponte cómoda. ¿Me das un momento? Solo iré a cambiarme y estoy contigo -
Antes que pudiera responder, desapareció en el interior del apartamento.
Tonya se dirigió al comedor y dejó allí la carpeta. Se quitó la chaqueta y luego de dar un rodeo, se dirigió al dormitorio.
La puerta de la habitación estaba entreabierta y entró sin hacer ruido. El lugar se veía vacío, así que él debía estar en el baño.
De pronto, su mirada se vio atraída por un objeto. El horrible sofá había desaparecido y en su lugar había un… diván.
Escuchó la puerta del baño abrirse y Michael salió tan solo cubierto por una toalla atada en la cintura.
- ¿Tonya? - le miró intrigado.
- El diván… - señaló - Ya no está -
Él sonrió y se acercó.
- ¿Acaso puedes leer mi mente? - dio un paso hasta estar frente a él y apoyó la palma en su pecho - ¿Cómo lo haces? ¿Cómo puedes leer mi mente? -
- No puedo leer tu mente, pero no sabes cuánto desearía poder hacerlo - respondió él tomándola por la cintura.
- Sabías que ese diván era mi favorito - murmuró ella y se sintió ruborizar al recordar todo lo que habían hecho en ese diván.
- Lo sé… No es exactamente el mismo, pero es el más parecido que encontré -
Ella sonrió.
- ¿Lo hiciste por mí? -
- ¿Tú qué crees? -
- Quisiera ser egocentrista y pensar que tú también recuerdas lo que hicimos en ese diván - sonrió, acariciando su pecho - y quieres repetirlo -
- Absolutamente - se inclinó para besar su cuello, mientras sus manos se deslizaban por sus caderas.
Tonya se apartó un momento y se mordió el labio. Tomó su mano y le hizo sentarse. Sin dejar de mirarlo, se desnudó lentamente. Los ojos de Michael recorrieron su cuerpo, siguiendo cada movimiento y en su rostro se mostraba la excitación que aumentaba en él.
Se arrodilló, soltó su toalla y no pudo evitar sentir que salivaba. ¡Cielos! Solo habían pasado unos días y sentía que su apetito por él solo aumentaba.
Besó su vientre y dejó un camino de pequeños besos, mientras su pene rozaba sus senos, reaccionando al contacto de sus labios.
Él se acomodó en el diván, echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos.
Cuando al fin introdujo su pene en su boca, ambos dejaron escapar un gemido de satisfacción. Abrió los ojos para mirarla y ella también lo miraba. Sonreía. Sonreía al ver el efecto que tenía en él.
Amaba su sabor y mientras se endurecía en su boca, el sexo de Tonya se humedecía. Dejó que su lengua lo recorriera, recogió su lubricación y luego lo llevó hasta el fondo de su garganta, succionando con fuerza.
Podía sentir como los músculos de su vientre se contraían, remarcando sus abdominales y deslizó las uñas con suficiente fuerza, pero sin lastimarlo.
- Tonya… si haces eso, no duraré mucho -
Ella alzó la cabeza solo un momento.
- Quiero que te corras -
- Nada me gustaría más que correrme en esa hermosa boca tuya -
Se incorporó y se colocó de pie frente a ella. Tomó su cabeza con sus manos para sostenerla y ella dejó que la guiara. Comenzó a moverse dentro y fuera con rítmicos y profundos movimientos. Tonya se sujetó de sus caderas y dejó que el estableciera el ritmo.
- Te cogeré duro, ¿de acuerdo? Solo ha pasado una semana, pero estaba volviéndome loco -
Ella dejó escapar un gemido de aceptación y él aumentó la velocidad.
Dejó escapar un gruñido y se derramó dentro de ella con fuertes embates, hasta que descargó todo su contenido.
Tonya se limpió las comisuras y él la hizo levantarse, la rodeó con sus brazos y la besó, ansioso y hambriento.
La llevó hasta el diván y la hizo sentarse. Abrió sus piernas y la observó un momento.
- Estás mojada… - murmuró con voz grave mientras rozaba sus labios, bebiendo su lubricación.
- Siempre tienes ese efecto en mí… Más aún cuando logro que te corras tan rápido -
- Sabes que me vuelves loco - respondió él y oprimió su clítoris con sus labios. Ella se estremeció - Tu olor, tu sabor…. Tus gemidos cuando ya no puedes más - introdujo sus dedos y ella dejó escapar un gemido - Ese… ese el mi segundo sonido favorito -
- Michael…
- Y ese es mi sonido favorito - sin dejar de estimularla con sus dedos, se incorporó para tomar su seno y llevarlo a su boca.
Tonya abrió más las piernas y él aumentó la velocidad. Apoyó sus pies en el borde del diván para que su sexo estuviera completamente a su disposición.
El hombre alternó su boca y sus dedos, uno en sus senos, el otro en su sexo. Los orgasmos se sucedían, su lubricación corría copiosa.
Michael le hizo levantar las piernas y entró más profundo.
- ¡Oh, sí! Así… - exclamó con voz entrecortada.
- ¿Te gusta? - dijo rodeando su clítoris con el dedo, esparciendo su lubricación.
- Sí, sigue… por favor…
Ladeó su cadera y volvió a estimularla con su lengua. Tonya se aferró al borde del diván, preparándose para un nuevo orgasmo que se formaba en su interior.
- Voy a correrme… voy a correrme - dijo entre exhalaciones.
Él oprimió su clítoris al tiempo que sus dedos ejercía presión en su interior y ella explotó. Dejó escapar un grito, mientras sus caderas se sacudían, pero eso no hizo que él se detuviera.
- ¡Oh! ¡Michael! - dijo entre dientes. Su cuerpo se sacudía y ella no podía detenerlo.
En cuanto la sensación comenzó a desvanecerse, Michael se apartó y tomándola por la cintura, le hizo apoyarse de rodillas en el diván y ella se sujetó del diván.
Separó sus nalgas allanando el camino para que su lengua volviera a recorrerla.
- ¡Oh, mierda! -
Creyó que no era capaz de sentir más, pero a pesar de que ya había perdido la cuenta de los orgasmos que había experimentado, la sensación de su lengua provocaba nuevas e intensas sensaciones en su cuerpo.
- ¿Me cogerás duro? - preguntó volteando levemente la cabeza.
- ¿Tú qué crees? - respondió él con una sonrisa pícara mientras tomaba un condón.
- Más te vale que lo hagas - dijo ella con tono juguetón.
- Preciosa, en este momento, aunque quisiera, no podría contenerme -
Entró en ella con un movimiento profundo y sin darle tiempo a procesar lo que sucedía, comenzó a salir y entrar con bruscos embates.
- ¡Más! ¡Más! - demandaba Tonya - ¡Más duro! ¡Oh! ¡Sí! ¡Así! ¡Más duro, Michael! -