Sencilla y relajada… ¿Qué viste una mujer para una cita sencilla y relajada?
Miró su reflejo en el espejo. Sabía que Michael se vería bien sin importar qué vistiera. Aún con ropa deportiva, su porte elegante le hacía ver absolutamente increíble, así que no podía desentonar. No haría el ridículo frente a él.
A eso de las siete, cuando escuchó llamar a la puerta, se dio una última mirada y se apresuró a abrir la puerta.
Tuvo que sujetarse de la puerta, porque su mente era incapaz de procesar la imagen que tenía frente a ella.
Se había quitado la barba y el Michael de diez años atrás volvía a estar frente a ella. No había cambiado en lo absoluto. Tal vez, solo unas arrugas alrededor de los ojos, apenas perceptibles.
Como si eso no fuera suficiente para agitar su interior, en cuanto se inclinó para besar su mejilla, un olor marino y fresco la rodeó. El aroma que ella tan bien conocía. El aroma que inevitablemente le volvía a sus noches juntos.
Vestía un pantalón caqui, camisa blanca y una chaqueta café oscuro.
- Hola, preciosa - murmuró con una sonrisa.
Pero ella no podía hablar y él no la presionó. Dejó que lo observara y él hizo lo mismo.
Ella llevaba una blusa turquesa de cuello halter que acentuaba su cuello y hermosos hombros junto con un pantalón de mezclilla azul oscuro que se ajustaba a sus caderas. Unas botas altas hacían lucir sus piernas más largas.
El maquillaje era discreto y llevaba el cabello en una cola alta, dejando despejado su rostro.
- Luces hermosa, Tonya - su voz la volvió a la realidad.
- Gracias - murmuró nerviosa - ¿Es apropiado para lo que tienes en mente? -
- Bueno, cualquier cosa que vistes es apropiado, Tonya -
La mirada en su rostro le hizo ruborizarse.
- Sabes a qué me refiero - dijo ella, bajando la mirada.
- Sí, lo sé. ¿Vamos? -
- Sí, solo dame un minuto -
Tomó su bolso, su abrigo y salieron.
- ¿Y Alexis? - preguntó Michael mientras le abría la puerta del auto.
- Está en casa de una amiga -
Él asintió y sin decir más, rodeó el auto para ocupar su sitio.
La mente es maravillosa, sorprendente, mágica. ¿Cómo era que en un instante memorias que creía perdidas habían resurgido ante sus ojos? ¿Cómo era que podía revivir el nerviosismo, la anticipación que los viajes con Michael siempre le producían? Tal vez era el calor de su cuerpo, el aroma de su colonia que había activado esa parte de su cerebro que conservaba los recuerdos.
El viaje tomó alrededor de cuarenta minutos, donde apenas intercambiaron algunas palabras.
Estacionaron en un amplio parqueo, pero no veía el local. Una vez que salieron del auto, él le señaló un sendero bien demarcado y ella le tomó del brazo con familiaridad.
No tardó en divisar una cerca iluminada por pequeñas luces amarillas y un amplio espacio. Ya se alcanzaba a escuchar voces y música.
El edificio tenía forma de U, dividido en media docena de locales, cada uno decorado con un estilo muy particular. Cada restaurante tenía mesas en el interior, pero la mayoría de los comensales se encontraban distribuidos en el espacio exterior, en mesas bajas y enormes almohadones que servían de asiento. En un extremo, estaba dispuesto una tarima flanqueada por dos hermosos árboles de los cuales pendían pequeñas luces como las de la entrada.
- Bien, ¿qué te apetece? Puedes elegir entre mariscos, carnes, comida mexicana, sushi - dijo Michael señalando los distintos locales.
Ella lo pensó un momento.
- Creo que comida mexicana -
- Perfecto -
Entraron al local y luego de revisar el menú y ordenar sus platillos, volvieron al área al aire libre.
Ocuparon una de las mesas y Tonya miró a su alrededor.
- ¿Cómo es que conoces tantos lugares tan increíbles? Nunca había imaginado que algo así existía -
- Lo creas o no, es parte del trabajo - respondió él con una sonrisa - Por comentarios de clientes, por reuniones y eventos de los socios -
- ¿Habías venido aquí antes? - se arrepintió de hacer esa pregunta. Posiblemente le diría que sí, que había venido con Valentina y eso le hizo sentir incómoda.
- No, nunca había estado aquí. Jose lo mencionó hace unos meses -
- ¿Jose? -
- Sí, él y Luis cenaron aquí para su aniversario y me gustó mucho el concepto -
- ¡Oh! - no pudo evitar sentir alivio y sonrió: - Sí es un lugar muy agradable…
Les interrumpió la llegada de las bebidas.
- ¿Cómo te has sentido en tu nuevo trabajo? – preguntó Michael.
- ¡Oh! No creí que lo recordaras - sonrió - Pues me he sentido muy bien. Es un ambiente agradable y hasta el momento todos han sido muy amables -
- Me alegra -
- Realmente fui muy afortunada al conseguir ese puesto. Para mí lo más importante es poder dedicar suficiente tiempo a Alexis y no podía hacerlo en mi trabajo anterior -
Él asintió, pero no hizo más referencias al tema. Quizás no quería mencionar nada que le hiciera pensar en Alexander.
No tardaron en recibir los platillos y luego de una probada, ella comentó: - Esto está delicioso. Verdadera comida mexicana, hasta Jerónimo lo aprobaría -
- Jerónimo… es el esposo de tu madre, ¿verdad? -
- Sí, es un gran hombre - respondió Tonya - Es gracioso, ¿sabes? Porque al principio tenía muchas dudas de que él fuera el hombre correcto para mamá, pero con el paso del tiempo, a medida que lo fui conociendo, mi opinión sobre él cambió. Ama profundamente a mamá, la trata como a una reina y él nos recibió a todos como su familia, incluso a papá y a Maya… ¡Oh! Y adora sobre todas las cosas a Esmeralda -
Michael le escuchaba atentamente y se contentaba con asentir y sonreír. Ella se veía feliz, relajada y eso era todo lo que él deseaba.
Unos minutos después, las luces del área cambiaron para crear un ambiente más íntimo y una hermosa mujer, de baja estatura y cabello oscuro, subió a la tarima y dio la bienvenida a los presentes.
Dulces notas llenaron el ambiente. Tenía una voz maravillosa, llena de suaves matices.
Era una noche tibia y agradable, pero Tonya cubrió la distancia que les separaba y se acomodó al lado de Michael. Sin decir palabra, él pasó el brazo por su espalda y dejó que ella se apoyara en su pecho.
Mientras escuchaba a la mujer interpretar una serie de canciones románticas, alzó la mirada. El cielo sobre ellos estaba plagado de estrellas. No recordaba haber visto nunca un cielo así. Al volver la cabeza, Michael la observaba. No sabía definir qué había en su mirada. ¿Cautela, tal vez? ¿Expectación?
Era evidente que él también tenía una serie de emociones en su interior que nunca admitiría ante ella.
Tonya se incorporó y besó sus labios suavemente. Él se inclinó y su brazo la atrajo hacia él con fuerza.
Cuando se separaron, ambos sonreían. Pero ella sabía, en su interior, que eso no era suficiente.
Acabado el concierto decidieron retirarse. Esta vez, ella entrelazó sus dedos con él y se dirigieron lentamente al auto.
A medida que avanzaban por las calles llenas de autos, Tonya se iba llenando de ansiedad. Sentía como si fuera a explotar.
- Michael…
- ¿Sí? - dijo él sin apartar la mirada del camino.
- ¿Podemos ir a tu apartamento? - a pesar de sus esfuerzos, un leve temblor asomó en su voz.
- Si es lo que tú quieres - respondió lentamente y se volvió a ella.
Tonya asintió y sostuvo la mirada.
Sin decir más, dejó la calle principal y aceleró.
Mientras entraban al edificio, él sujetaba su mano con fuerza. Tal vez temía que ella cambiara de opinión. Pero eso no iba a suceder. Lo necesitaba. Lo necesitaba con desesperación y si demoraban un minuto más, iba a enloquecer.
En cuanto cerró la puerta, Tonya prácticamente se lanzó sobre él y rodeó su cuello con sus brazos para besarlo.
Michael la estrechó con fuerza, sus manos recorriendo su espalda. Sin separarse, Tonya tomó sus manos y las colocó sobre sus nalgas y oprimió con fuerza sobre las de él.
- Siempre te gustó mi trasero - dijo apenas separándose un momento.
- Me enloquece… Tú me enloqueces, Tonya… ¡Cielos! Si supieras cuánto te deseo -
- Lo sé… - acarició su erección - Te necesito, Michael… Te necesito - y volvió a besarlo.
Por un momento él dudó. Tal vez debía detenerse y asegurarse que ella estaba dispuesta a seguir adelante… Pero sus palabras no dejaban lugar a dudas y no habían tomado licor, así que no estaban intoxicados. Al menos no por el alcohol, aunque el olor de Tonya, el sabor de sus besos tenía sobre él el mismo efecto que la droga más potente que pudiera existir.
Trastabillando llegaron hasta la sala. Ella ya se había desecho de su camisa y comenzaba a soltar la faja de su pantalón. Así que Michael soltó el broche de sus jeans y al momento que sus dedos rozaron la piel de su vientre, creyó que eyacularía en ese mismo momento.
Mientras él se deshacía de su pantalón, Tonya tomó su blusa y la sacó por encima de su cabeza, dejando ante su vista un delicado sostén de satín n***o y media copa que hacía lucir sus senos como si fueran a desbordarse.
Michael deseaba morderlos, deseaba llevarlos a su boca y saborearlos. Sin perder el tiempo, recorrió su cuello hasta su pecho, deslizó los labios apenas rozando sus senos, dibujándolos con la punta de la lengua, mientras las manos de Tonya trataban de alcanzar su pene.
Él la detuvo con un rápido movimiento.
- No - dijo mirándola fijamente - Tengo que saborearte primero -
Ella no se movió, pero ya podía sentir como su interior comenzaba a humedecerse.
Michael desabrochó su sostén y de inmediato su seno fue aprisionado por sus labios. Sin poder contenerse, Tonya comenzó a gemir. Con la otra mano, quitó del paso el diminuto hilo que lucía y cuando sus dedos separaron sus labios, se estremeció. Los dedos se introdujeron en ella, moviéndose suavemente. Una vez suficientemente húmedos, los sacó y dispersó su lubricación hasta llegar a su clítoris. En ese momento, ella dejó escapar el aire con algo de fuerza.
Por solo un segundo el contacto se rompió y antes que pudiera protestar, él la tomó en sus brazos.