9.

1680 Palabras
Su mano siguió hasta su nuca y con apenas una leve presión, le hizo inclinarse y lo besó. Cerró los ojos. Sus labios eran tan suaves como entonces y aprisionaron los suyos con algo de fuerza. Sus brazos se cerraron en su cintura, estrechándola contra él, sus senos aprisionados contra su pecho. Un halo de menta los rodeaba mientras su lengua se abría paso y se encontraba con la suya. Era un beso posesivo, ansioso, desesperado… Una protesta luego de diez años de ausencia. Su pubis rozó su erección y toda ella se estremeció. Antes que se perdiera por completo en sus brazos, un fugaz pensamiento la hizo reaccionar y se apartó con algo de violencia. - Michael, no... Lo siento… Lo siento… - retrocedió dos pasos. - Tonya… - Lo siento. Tú tienes una relación con Valentina. Yo no debí… El brillo de sus ojos había desaparecido. Su rostro se contrajo con una expresión tensa y llena de dolor. - Tonya, aguarda - se acercó a ella y tomó su mano - No tengo ninguna relación con Valentina - - Pero… ustedes están juntos… - le miró desconcertada. - No. Ya no más. Terminé con ella. Nuestra relación se limita a lo laboral únicamente - - No comprendo… ¿Terminaste con ella? ¿Cuándo? - - Lo hice. Hablé con ella el viernes - Le miró con grandes ojos. - ¿Por qué? Es decir… ¿así nada más? - - Era lo correcto. Estábamos juntos por las razones equivocadas. Durante todos estos años solo fuimos un recurso para no sentirnos solos, para pretender llenar - al menos temporalmente - el vacío que ambos teníamos en nuestras vidas. Solo nos hacíamos compañía - - ¿Tú no la amas? - - No. No la amo - respondió sin titubear, mirando a Tonya directamente a los ojos. - Yo… pensé que luego de tanto tiempo tendrías sentimientos por ella… De todas formas… no debí besarte… - sacudió la cabeza. Pasó a su lado sin atreverse a mirarlo y recogió sus cosas. Michael exhaló un suspiro y buscó su camisa. Miró con disimulo como Tonya tomaba un poco de aire, tratando de recuperar el control de sí misma. - Cuando hayas visto al médico y tengas un diagnóstico, entonces podré preparar algún plan que te ayude con la recuperación - se volteó, tratando de mostrarse natural - Bueno… si tú quieres o puedo recomendarte a alguien… - No aceptaré a nadie que no seas tú - dijo Michael muy serio. - Agradezco la confianza - respondió con una inclinación de cabeza - Es mejor que me vaya - - Tonya, aguarda - fue hasta ella - Quiero pagarte por estas sesiones - El cuerpo de la joven se tensó. - No te atrevas - dijo con dientes apretados - No voy a aceptar tu dinero, Michael - - Sabía que no aceptarías dinero - asintió él con una sonrisa - Pero es lo justo, por tu trabajo y tu tiempo - antes que ella replicara, agregó: - Pensé que tal vez podrías aceptar una cena conmigo… - ¡Oh! - ella lo pensó un momento, pero no tardó en tomar una decisión - Me agradaría mucho - y su rostro se suavizó. - Magnífico. Gracias por aceptar… y por todo lo que estás haciendo por mí - - Lo hago con mucho gusto. Te lo debo… Siempre te estaré en deuda - - No, no me debes nada, Tonya - - Sí, no importa lo que digas, estaré en deuda contigo por el resto de mi vida… Pero no vamos a discutir eso ahora, ¿de acuerdo? - - Bueno, no lo discutiremos ahora, pero no creo que se haya dicho la última palabra al respecto - Ella sacudió la cabeza y se dirigió a la puerta. - ¿Qué día te queda bien? - preguntó él. - ¿El viernes? - - Lo que sea más conveniente para ti - - Entonces el viernes… ¡Oh! Nada demasiado sofisticado, ¿de acuerdo? Hace mucho tiempo que no tengo una cita - La mirada de Michael le hizo ruborizarse. - Es decir…- balbuceó. - Está bien, pensaré en algo sencillo y relajado - se inclinó para besar su mejilla, pero ella se movió y sus labios se encontraron de nuevo. Michael se limitó a darle un beso suave y dulce, para separarse rápidamente antes que perdiera el control y le hiciera el amor allí mismo. No quería tentar su suerte. - Nos vemos el viernes, preciosa - murmuró. - Sí, escríbeme para coordinar, ¿de acuerdo? - - Lo haré. Ve con cuidado - Le sonrió y dejó el apartamento. Mientras iba en busca de Alexis se percató que sonreía. ¡Cielos! No debió hacerlo… No debió besarlo… Pero… ¿a quién engañaba? Más tarde o más temprano sucedería. No tenía control sobre la atracción que sentía hacia Michael. Por un momento, solo por un pequeño momento se sintió culpable. Si había algo que ella respetaba, era las relaciones. Le agradara Valentina o no, era su pareja… Era… Lo fue… Ya no más. Él lo había acabado. Lo había hecho de forma tan repentina y simple - a su entender - que no podía creerlo. ¿Realmente no sentía nada por ella? Era su socia… ¿No sería incómodo tener que trabajar juntos? Bueno, no era asunto suyo… Lo que sí era asunto suyo era decidir qué pasaría de ahora en adelante. Es decir, un segundo más allí con él y le había implorado que le hiciera el amor. Si él hubiese palpado sus bragas, se había dado cuenta que estaba empapada y cuando lo besó, era evidente que él estaba tan excitado como ella. Había pasado un año sin sexo… En lo absoluto, nada. Ni siquiera se autocomplacía. Lo había intentado, pero era inútil. No lograba llegar al clímax y su deseo s****l había sido sepultado bajo el peso de la tristeza y la soledad. Pero Michael había vuelto a su vida y con él, el deseo. Se estacionó frente a la casa color naranja que resaltaba en medio del grisáceo barrio de clase media. En cuanto entró, Alexis corrió hacia ella. - ¡Mamá! ¡Mamá! Iremos a las películas... ¡Mamá! ¿Me das permiso? ¡Quiero las películas! - - Amor, no entiendo de qué hablas. Anda, dame un beso. ¿Cómo estuvo tu día? - - Bien, mamá, pero… las películas - insistió la niña sin prestar atención. Rose, una mujer de alrededor de cuarenta años y prima de Dafne, salió de la cocina secándose las manos y sonrió a Tonya. Ella había cuidado de Tonya cuando era más pequeña y sus padres trabajaban. Años atrás, ocasionalmente cuidaba de sus hermanos, Erick y Esmeralda cuando Maya y Eduardo tenían un compromiso. Ahora que Tonya volvía al trabajo, ella se encargaría de recoger a Alexis de la guardería y cuidarla cuando tuviera que trabajar por las tardes. - Hola - saludó - ¿Tenías un cliente? - - Sí, una visita a domicilio - respondió Tonya brevemente. - ¡Oh! ¿Un cliente del gimnasio? - - No, en realidad es un favor personal. Es un amigo - - ¡Oh! - - Mamá, las películas - insistió Alexis con algo de impaciencia. - ¿Me explicas de qué se trata todo esto? - Tonya se volvió a Rose. - Pues las primas de Dani vienen a pasar el fin de semana y organizaron una pijamada con una maratón de películas para el viernes - La sonrisa de Rose desapareció al ver la expresión de Tonya. - ¿Qué pasa? - - Bueno, yo… No, no, olvídalo - - ¿Qué pasó? Dime, Tonya - - Es que… Te iba a pedir que cuidaras a Alexis el viernes, pero… - ¡Oh! ¡Me asustaste! - los ojos de Rose se iluminaron - ¿Tienes una cita? - - ¿Una cita? No, no - balbuceó, haciendo un gesto con las manos - No, nada de citas. ¿Qué tonterías dices? - - No son tonterías, Tonya. Eres una mujer joven y hermosa - - Mira, tengo demasiadas cosas en la cabeza para pensar en salir en citas - y su tono era más duro de lo que habría querido. - Tonya - Rose también se había puesto seria - Ha pasado ya un año y puedo entender que no te sientas lista para salir con un hombre aún, pero en algún momento tendrás que volver al ruedo - - No, no tengo por qué hacerlo - se cruzó de brazos - y la verdad no quiero hablar es eso, Rose - miró a Alexis que parecía ajena al intercambio - Olvida lo del viernes - - ¡No! No me dejaste explicarte. Lo que quería pedirte es que permitas a Alexis pasar la noche aquí, con las niñas. Las escuchó planear la pijamada y está muy entusiasmada - - No creo que sea una buena idea. Es mucho trabajo para ti con todas las niñas aquí - - No es nada. Anda, será divertido - - Pero esas niñas son mayores, se aburrirán de tener a Alexis con ellas - - Para nada. Sabes que Dani adora a Alexis y las niñas son dulces y tranquilas. Déjala quedarse aquí el viernes y ve a tu cita - - No es una cita - Tonya rodó los ojos - Solo iré a tomar algo con unas amigas - - Bien, perfecto. Noche de chicas, me parece genial… Y tal vez conozcas a alguien - y le guiñó el ojo. - Lo pensaré - dijo la joven con un suspiro - Vamos, Alexis. Debemos volver a casa - - Mamá… ¿las películas? - la niña se abrazó a ella y le miró con sus hermosos ojos brillando de entusiasmo - ¿Puedo quedarme con Dani? Haremos palomitas - - Lo hablaré con Rose, ¿de acuerdo? - - Mami… yo quiero - hizo un puchero. - Lo veremos luego, Alexis. Ve por tus cosas. Es tarde -
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