Las crónicas de Spaywer Hills parte 6

1067 Palabras
CAMINO EQUIVOCADO PARTE 1 “Todo tiene un inicio inesperado, y si ese inicio es malvado, tal vez el camino tomado fue el equivocado” SPAYWER HILS LAS CRÓNICAS DE SPAYWER HILS: CAMINO EQUIVOCADO PARTE 1 No bastó con llevarse a sus hijos lejos de Digna, para que ahora se dedicara solo al vicio de drogarse y venderlas a la vez. Manuel, había descuidado muchísimo a sus hijos, tal vez eso fue lo que hizo que su hijo menor Jesús, cayera a las drogas al igual que el, después de ocho años. Luis se inscribió por sí solo a una escuela, en la que logró variedad de reconocimientos y premios, por su gran rendimiento académico y convivencia, su hermano por su parte no quiso estudiar, por lo que al llegar a sus 16 años, fue analfabeta. Y por más que Luis trató de ayudarlo, nunca quiso aprender. 18 AÑOS DESPUÉS Pasaron entonces 18 años, nunca supieron nada de su madre, de absolutamente nadie en el lugar que los vio crecer. Pero Luis tenía una meta, y era apenas se graduara de su colegio como todo un bachiller, buscaría trabajo para tener dinero y así, irse al barrio para buscar a su madre y a sus abuelos. Con 18 años de edad y en once grado de bachillerato, Luis, era un joven muy apuesto y simpático, con una inteligencia enorme que lo caracterizaba, era serio, sincero, amable, decente, cariñoso, bondadoso y muy talentoso. Físicamente era cabello n***o liso, ojos marrones, voz aguda y los labios tan rojos como la sangre. Su hermano en cambio era todo lo contrario, no ayudaba en nada cuando estaba en la casa, se la pasaba todo el dia fuera con malaa compañías, que lo impulsaban a probar diariamente, una nueva pastilla para pasarla feliz. Manuel solo bebía cervezas acompañadas de de drogas, y aún sabiendo que le hacía mal a Luis ver ese acto, ignoraba su presencia como si fuese solo una visita en aquella casa. Nadie decía palabras sobre los sucesos, sin embargo, tenían ganas de expresar lo que sentían y hacia que hicieran todo. Tal vez el miedo vencía sus valentías, pero ahora nada ya importaba, ya que creían que sus vidas estaban perdidas, y no había nada que rescatar. La mañana estaba espléndida, Luis terminaba de hacer el café como siempre apenas salía el sol. Su hermano al igual que su padre aún continuaban dormidos, pues a la hora de dormir eran casi siempre a las tres de ka mañana. Luis sentia que era su madre, haciéndose cargo de deberes como una mujer, que debía cuidar de dos pares de holgazanes. —¡Papá! ¡Jesús! ¡Despierten! —les gritaba intentando despertarlos, pues ya debía irse a su escuela —¿Qué quieres Luis? Déjanos dormir tranquilos —Papá, ya me voy a la escuela —¿Ah sí? ¿Y qué quieres? No tengo dinero para tu merienda —No te estoy pidiendo eso —¿Entonces qué? —¿Por qué eres así conmigo? ¿Qué te he hecho yo para merecer tal desprecio? Su padre quitó las sábanas de su cara y se levantó mirando a su hijo mayor, diciéndole que aunque no lo creas, él lo quería. —¿Me querés? Me quieres es para ser tu maldito esclavo, para nada más me quieres tú y mi hermano —le dijo Luis enojado y salió de la casa dejando la puerta abierta Manuel se levantó para cerrarla, mientras que Jesús le decía que volviera a la cama, pues ambos estaban muy cansados y sin energía. Su padre miró a su hijo y pensó en aquellas palabras de sus amigos en el barrio, que eran que su hijo el mejor era exactamente su copia. Al intentar cerrar la puerta, una extraña joven pelo rubia se paseaba por allí, le picó el ojo y le pidió a Manuel la siguiera, pues verlo sin camisa le provocó tener unos minutos de placer. Manuel de inmediato cerró la puerta al salir detrás de la mujer, lanzando una sonrisa coqueta mientras le picaba el ojo como ella lo hacía. A la final entraron a la que decía era su casa, allí volaron todas sus vestimentas y pasaron un momento épico que jamás olvidarían por el resto de sus vidas. —Mañana te espero —le dijo ella despidiéndose —Gracias muñeca —Eh, ¿Cuál es tu nombre? Manuel no sabía que decirle, pues tenía de que con tan solo dar su verdadera identidad, los encontrara la policía. —¿Qué pasa? ¿El gato te comió la lengua? —le preguntó ella riéndose —No, es que, me ha gustado lo que hicimos que he quedado loco —ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, venga vamos, dime tu nombre —Mi nombre es Luis —Vaya, que nombre tan atractivo, Luis —¿Y cuál es el tuyo? —Maritza —Es hermoso y muy picante Ella entró a su cuarto entonces y él se marchó muy alegre de vuelta a su casa. Antes llegó a una tienda, y en esa misma tienda, se encontró con el vago que había visto morir a Digna. —Buenos días —le dijo Manuel al tendero —Buenos días —le dijo el tendero Nilo sintió una extraña sensación con la presencia de Manuel, y es que, el motivo de su aparición en este barrio, es que, quería huir de sus sueños, donde seguía escuchando a Digna gritar por sus hijos y el nombre del hombre que se lso arrebató. —¿Qué quiere que le dé señor Manuel? —le preguntó el tendero —¿Cómo me has llamado? Para ti soy José —No se moleste, no hay nadie. No me diga que le preocupa ese pobre vago, no presté atención, ¿Qué podría hacer o decir él? Mirelo, es un muerto de hambre —Las apariencias engañan, tendero Nilo disimulaba no escuchar nada, pues el miedo en su piel nació en el momento de escuchar que el hombre era quien le arrebató los hijos a la mujer que no lo dejaba dormir. Pensó entonces que debía matarlo, para acabar con el suplicio que le tocaba al cerrar sus ojos. Digna lo hacía a propósito, quería que Nilo lo ayudara a encontrar a Manuel, desde un principio esa fue su idea, por eso murió al lado del pobre vago.
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