“Nada dura para siempre”, es lo que le decía Manuel a su esposa, luego de tantos problemas en su relación. Digna aseguraba que su esposo le había sido infiel que una gran variedad de mujeres, aquello llevó su relación de muchos años a su fin. Y esa noche fuera de su casa, ella buscó venganza, hizo lo mismo que él y se fue a tener una aventura con otro hombre, pero después de llegar de su cita prohibida, se encontró con una montaña de ropa encendida en la terraza, llenando el viento de tanto humo, que el oxígeno apestaba.
—¿Qué está pasando? ¿Esa es mi ropa? —dijo ella sorprendida
Escuchó entonces el llanto de sus dos hijos, y cuando quiso o intentó entrar, salió Manuel con más ropa de Digna en manos, la cual lanzó con furia a la montaña.
—¡¿Qué estás haciendo aquí?! —le preguntó gritándole furioso
—Manuel, ¿Qué estás haciendo? ¿Por qué estás quemando mi ropa?
—¿Por qué estoy quemando tu ropa? ¡Ja! Todo esto te lo compré yo, pero ya que tienes a otro, no necesitas de estos trapos que no te hacían ver linda, ¿No crees?
—¡¿Acaso estás loco?! ¡Por Dios! ¡Mira a los niños! ¡Están asustados, Manuel!
—¡No! ¡Cállate! ¡No es así! ¿Sabes por qué están llorando? Porque estuvieron somos, ¡Solos, Digna! ¿Cómo pudiste dejar a tus hijos tirados en la casa y todo para irte con tu amante?
—Tú me hiciste lo mismo
—Acepto que así fue, pero dime algo: ¿Dejé a mis hijos botados cómo lo has hecho tú ah? ¡Eres una maldita puerta! ¡Me das asco!
Luis y Jesús lloraban agarrados de las manos de su madre, Manuel furioso intentaba quitárselos, pero Digna le dio una cachetada, diciéndole que se apartara de sus hijos, que era un loco demente y que no era un buen padre.
—¡Tú eres la que no sirve! —le gritó él y le dio un gran golpe en su mejilla izquierda, haciéndola caer al suelo hasta llorar.
Su hermana mayor Regina escuchó su llanto y el de sus sobrinos, salió corriendo de su casa, pero cayó al suelo tropezando con un par de ricas en su terraza, fracturandose gravemente la muñeca de su mano derecha. Aún así se levantó con ayuda de su esposo llamado Luis, y fue hasta donde Manuel dándole una bofetada. Manuel le pidió que se retirara, que la pelea no era con ella, no intentó golpearla, pues allí estaba su esposo.
—¡No me voy a retirar! —le gritó ella—. Digna es mi hermana y siempre voy a estar así para defenderla, ¿Me escuchaste? ¿Cómo te atreves a golpearla? ¿Acaso eres un imbécil? Solo los imbéciles y brutos le pegan a las mujeres
—Regina, no te metas, por favor, esto no es asunto tuyo —le dijo Manuel tratando de mantener la calma
—Regina, Manuel tiene razón, vámonos a la casa, deja que ellos dos arreglen sus problemas, nosotros no tenemos nada que hacer aquí. Vámonos —le dijo su esposo Luis
—No Luis, no, este desgraciado tiene que aprender a respetar a la mujeres, no puedo creer que no te importe. ¿Qué harías si vieras que me están golpeando por la calle?
—Obviamente golpearía al infeliz, pero hay una gran diferencia, Regina, tú eres mi esposa, mientras que Digna es solo tu hermana, no puedo sentir tanta compasión por ella
—No puedo creer lo que me está diciendo, Luis. Luego hablaremos e la casa, si te quieres largar, lárgate, pero no voy a dejar a mi hermana y a mis sobrinos solos, ¿Me escuchaste?
—Como quieras —dijo él y dio media vuelta para irse a su casa
—Espera, llévate a Luis y a Jesús —le dijo
—¡No! A mis hijos los dejas conmigo, no tines ningún derecho de llevártelos —le dijo Manuel
—Soy su tía y sí tengo el dere…
—¡Cállate atrevida! —le gritó enojado—. A mis hijos no los vas a tocar
—A mi esposa no le vas a gritar Manuel porque eso sí que no lo tolero —le dijo Luis un poco enfadado
—Entonces dile que no se meta en lo que no le importa
—Llevaremos a tus hijos a nuestra casa mientras que arreglas los problemas con tu esposa
—¡Qué no van a tocar a mis hijos maldita sea! ¡Suéltenlos! —gritó jalando a sus hijos hacia él con fuerza
Los pequeños lloraban sin parar, y sobre todo por ese dolor que sentía cuando su padre los jalaba. Luis, no podía creer que su familia se vino abajo, aún era muy inocente para entender los motivo de la separación de sus padres, pero de una cosa sí estaba seguro, y es que se quedaría con su madre. Pues tras ver cómo su padre golpeó a su madre y explotaba de enojo, le dio tanto miedo que ya no lo reconocía, creyendo que en este problema la víctima era su madre, cuando también ella había hecho de las suyas.
—¡Ya basta manuel, los estás lastimado! —le gritó su cuñada intentando sujetarlo
Manuel no contuvo y empujó fuertemente a Regina hacía un lado cayendo al suelo, hiriendose más la fractura de su muñeca y desatando un enojo grande de su esposo, hasta acercarse a Manuel y golpearlo gravemente en el rostro.
—¡Detenganse! ¡Detenganse! —les gritaba Digna luego de reposar el dolor del golpe en su cara y ponerse de pie
Luis y Manuel empezaron a aquella pelea como perros y gatos, dándose grandes golpes hasta dañarse todo el rostro y votar sangre por doquier. Regina se puso de pie y se llevó a sus sobrinos para su casa, pero tras verla Manuel, esquivó un golpe de Luis dándole fuertemente en sus costillas, y fue corriendo hacia Regina para quitarle a sus hijos.
—¡Regina! —le gritaba caminando manco—. ¡Regina! ¡Qué te detengas maldita sea! ¡Regina! ¡Regina!
Regina al verlo todo furioso le entró pánico, al llegar hasta su casa le pidió a Luis y a Jesús ocultarse en el cuarto de su hijo Juan, quien dormía. Tomó luego el teléfono y llamó a la policía con desesperación, y justo cuando le contestaron, entró Manuel enredando el cordón del teléfono en su cuello, hasta quitarle la vida. Tras ver lo que había hecho, sintió que abría los ojos y descubrió que había asesinado a una persona, pero no cualquier persona, sino a la hermana de la que ya no consideraba su esposo aunque aún seguían casados. Buscó luego como loco a sus hijos, los encontró, les pidió no hicieran bulla, pero fue inútil, pues Juan, de ocho años, despertó y los vio asustado. Manuel se llevó a sus hijos lejos del barrio, pero lo triste de todo fue cuando Juan salió de su cuarto y vio a su madre allí tirada, muerta con el cordón del teléfono en su cuello. Se tiró sobre ella y la empezó a llorar, gritando a la vez ayuda a su padre para que viniera, quien aún se encontraba inconsciente. Digna intentó despertarlo varias veces, pero vio que estaba muy mal, por lo que empezó a gritar en el barrio qué le ayudaran. Todos estaban dormidos.
—¡Ayuda! ¡Ayuda! ¡Ayuda! —gritaba una y otra vez—. Nadie la escuchaba
—¡Ayuda! ¡Ayuda! ¡Mi mamá no despierta! ¡Mi mamá no despierta! —gritaba Juan todo asustado al salir de su casa
—¿Juan? —reaccionó ella sorprendida—. ¿Qué te ha sucedido? ¿Dónde está tu mamá?
—Mamá está tirada en en sjeko, no despierta, no despierta, ayúdame, por favor, tía
—¿Qué? Vamos
Cuando entró y vio a su hermana muerta, entró en llanto eterno, preguntándole a su sobrino qué había sucedido, más a él aterrado no quería hablar.
—¡Dime qué pasó, Juan! ¡Dime! ¡Dime! ¡¿Quién le hizo esto a tu mamá?!
—Yo solo salí de mi cuarto —respondió el asustado
—No tengas miedo, dime, ¿Quién estuvo aquí en la casa?
—Eh…desperté y vi al tío Manuel con Luis y Jesús. Ellos estaban asustados, mi tío todo herido y enojado, luego se fueron
—¿Qué? ¡No! ¡NO! ¡No! ¡Nooooo! ¡Mis hijos no! ¡Mis hijos no! ¡NOOO! ¡¡¡¡Mis hijos!!!!—gritó fuertemente, haciendo ahora así, despertara a todos en el barrio.
Digna salió de la casa de su hermana toda loca, mirando por todos lados qué es lo que había sucedido. Sentía que perdía la memoria, y cada que veía el rostro de una persona, sentía que se burlaba porque le había arrebatado a sus dos hijos.
—¡Mis hijos! ¡Mis hijos! ¡¿Dónde estás mis hijos?! ¡¿Dónde están mis hijos?! —empezóa a preguntar desde ese entonces, fuera del barrio cuando lo dejó, en busca de sus hijos
Al cabo de una hora llegó la policía acompañada de la ambulancia. La policía empezó a hacer preguntar a los demás habitantes del barrio, mientras que la ambulancia levantaba el cuerpo de Regina y al de su esposo lo llevaron cuanto antes al hospital, pues aún tenía vida, pero no estaba en buenas condiciones de salud. Juan quedó silencioso y aterrado desde esa noche, mientras que su padre se recuperaba de los golpes que recibió de parte de Manuel, él se quedó con sus abuelos, quienes no podían creer todo lo que había sucedido mientras dormían.