Capítulo 4: La invitación

1092 Palabras
La tarde comenzaba a ceder ante la llegada del crepúsculo, y Ryker sentía cómo sus nervios se agitaban con una intensidad poco común. No por una amenaza externa, ni por un enfrentamiento territorial. Esta vez, su inquietud tenía un nombre: Aria. El alfa caminaba de un lado a otro en su cabaña, vestido con una camisa oscura arremangada y unos pantalones de lino. Había pasado la tarde cocinando, una tarea que rara vez asumía, pero esta vez quería que todo fuese perfecto. Él, el líder de la manada, el guerrero temido por enemigos y respetado por su gente, se encontraba ahora pendiente del punto exacto de cocción de un guiso de cordero con hierbas silvestres. —Ridículo —se dijo en voz baja, sonriendo con una mezcla de resignación y emoción. Había decorado la mesa del comedor con un mantel blanco, sencillo pero elegante. Sobre él, colocó flores recién cortadas del bosque: lavanda, lirios del valle y algunas ramas de eucalipto que aún soltaban un aroma fresco. Velas pequeñas iluminaban la estancia con una calidez acogedora. No era un palacio, pero era suyo. Y esta noche, quería compartirlo. El golpe suave en la puerta lo hizo girar con el corazón palpitando más rápido de lo que admitiría jamás. Abrió la puerta. Aria estaba allí, con una chaqueta de mezclilla sobre un vestido color miel, sencillo pero que se amoldaba perfectamente a su figura. Su cabello caía en ondas libres y naturales, y sus ojos brillaban con una mezcla de curiosidad y dulzura. —Hola —dijo ella, con una sonrisa tímida. —Hola —respondió él, haciéndose a un lado para invitarla a entrar. Cuando cruzó el umbral, Aria se detuvo, observando el ambiente con atención. —¿Esto lo hiciste tú? —Cada vela, cada flor —dijo Ryker, cerrando la puerta tras ella—. Y cociné. Aunque no garantizo que sobrevivas. Ella rió, aliviando un poco la tensión que sentía él. —¿Quién diría que un alfa sabría preparar cenas románticas? —Los lobos también tenemos corazón —replicó Ryker con una sonrisa ladeada—. Solo que no lo andamos exhibiendo por ahí. Se sentaron a la mesa, y Ryker sirvió el guiso acompañado de pan caliente y una copa de vino tinto. La comida humeaba frente a ellos como una promesa cálida, y Aria no tardó en probar el primer bocado. —Ryker... esto está delicioso. Él se encogió de hombros con falsa modestia. —Tengo talentos ocultos. Algunos menos letales que otros. Comieron tranquilos, y poco a poco las palabras comenzaron a fluir entre ellos como un río manso. Hablaron de cosas triviales, sí, pero también de otras más profundas. Ryker le contó que solía leer poesía cuando era adolescente —cosa que lo avergonzaba un poco admitir—, y Aria confesó que le gustaba dibujar, pero que no lo hacía desde hacía años por falta de inspiración. La risa de ella se convirtió en una constante agradable para Ryker, que hacía mucho no se permitía disfrutar de una conversación sin sentir que debía mantenerse alerta o encarnar el rol del protector. Frente a Aria, era simplemente un hombre. —¿Te pasa que, a veces, te olvidas de ti mismo por todo lo que esperan de ti? —preguntó ella, girando su copa de vino entre los dedos. —Todo el tiempo —respondió él, bajando la voz—. A veces me pregunto si soy lo que realmente quiero ser… o lo que necesito ser para los demás. Aria asintió, comprendiendo más de lo que él habría imaginado. —Yo solía pensar que tenía que encajar. Pero últimamente me doy cuenta de que quizá, lo que soy, no necesita encajar con nada. Se miraron un instante, con esa clase de entendimiento que no necesita palabras, solo la pausa adecuada. Cuando terminaron de comer, Ryker se puso de pie. —¿Te gustaría salir al jardín? Está tranquilo esta noche. —Claro —respondió ella sin dudar. El jardín detrás de la casa era sencillo, pero encantador. Flores silvestres bordeaban un sendero de piedra, y al fondo había un viejo banco de madera bajo un árbol de cerezo. Se sentaron allí, uno junto al otro, con la distancia justa para no parecer obvios, pero lo suficientemente cerca para que cualquier movimiento los acercara aún más. La brisa nocturna arrastraba el perfume de las flores. El cielo estaba despejado, y un puñado de estrellas comenzaba a poblar la bóveda celeste como pequeños testigos silenciosos. —No sueles hacer esto, ¿verdad? —preguntó Aria en voz baja. —¿Invitar a mujeres humanas a cenar a mi casa? No —admitió Ryker con honestidad—. Y menos sin tener un motivo oculto. —¿Y ahora? —Ahora... solo quiero conocerte. Aria bajó la mirada, visiblemente tocada por la sinceridad de sus palabras. —Tampoco suelo aceptar invitaciones así —dijo ella—. Pero contigo... no siento miedo. Lo cual debería preocuparme. —¿Por qué? —Porque eres peligroso —respondió ella, alzando los ojos hacia él—. Pero de alguna forma, mi instinto me dice que contigo estoy a salvo. Es una contradicción, lo sé. Ryker no dijo nada por un instante. Luego habló, lento: —Hay muchas cosas de mí que no conoces, Aria. Algunas oscuras. Algunas que no me enorgullecen. —Todos tenemos sombras, Ryker. Lo importante es lo que hacemos con ellas. El silencio que siguió no fue incómodo. Fue intenso. Estaban descubriéndose, poco a poco, sin máscaras. Ella se recostó hacia atrás, apoyando la cabeza en el respaldo del banco, y Ryker sintió un impulso casi animal de rozar su mano, de acercarse solo un poco más. Pero se contuvo. Ella tenía que elegir. —¿Te puedo preguntar algo? —dijo él, girando apenas hacia ella. —Claro. —¿Qué sentiste cuando me viste por primera vez? Ella no respondió enseguida. Miró las estrellas, como si en ellas encontrara palabras. —Sentí que algo en mí se agitaba. Como si hubiese encontrado algo que llevaba buscando sin saberlo. Ryker tragó saliva, su pecho apretado por una emoción que no sabía nombrar. Y entonces, sin pensarlo demasiado, lo dijo: —¿Te gustaría dar un paseo mañana? Un poco más dentro del bosque. Hay un claro que quiero mostrarte. Aria lo miró en silencio por unos segundos, y luego asintió con una sonrisa cálida. —Me encantaría. Y por primera vez en mucho tiempo, Ryker no sintió miedo de dejarse llevar por lo desconocido.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR