Hombres - Parte 2

1284 Palabras
POV Amelia Adoré pasar la tarde con ellos, y al volver a casa me sentía tan relajada, que nada me iba a sacar de ese delicioso limbo. Mi madre no había retornado del hotel, así que coloqué música a todo volumen en el minicomponente de la sala y me di una larga ducha tibia. Luego busqué mi laptop, más consciente de mí, y vi que Liss estaba conectada en el chat, y sin dudar la llamé por video llamada. —¡Chiquita! ¡Cuánto tiempo sin hablar! —Apenas fueron días, dramática. Deseé poder abrazarla. La extrañaba mucho. —Ya sabes que sí… ¿Esa es la pijama que te mandé? Me levanté y le modelé una de las pijamas de seda que ella había confeccionado. El short era muy corto y la blusita de tirantes me quedaba algo ajustada en el pecho y suelta sobre el estómago. —Por supuesto, sabes que me pondré cualquier ropa que hagas, así sea un trapito mal cosido. Liss estalló en carcajadas y negó con la cabeza, y cuando se recompuso, habló, aún sonriendo: —Ningún trapito estará mal cosido si cae en mis manos… Cuando sepa hacer ropa de hombres, le mandaré un par de camisas a Nyx. —En azul y n***o, son sus colores favoritos, por favor —sugerí con soberbia mientras tomaba asiento de nuevo y cruzaba una pierna sobre la otra. —Pero si la niña le conoce bien los gustos al Nyxito… —chistó con coquetería. —Es que es imposible no grabarme sus gustos… Tan bello y sencillo. Lo extraño tanto… —¿Por qué? ¿A dónde se fue? —A ninguna parte. Es que tengo días sin verlo. Hace casi tres semanas que lo ascendieron, y está obsesionado y sumiso en el trabajo. Y solo habla de eso… Que le hará un altar a Halter y vivirá debajo del escritorio de Culton, o algo así se llaman sus jefes, no sé, habla de mucha gente.  —Ay, Chiquita… No quiero sonar como regañona, pero deberías ser más comprensiva y condescendiente con él. Está haciendo algo nuevo e importante para él. —Eso lo entiendo, pero se lo está tomando muy en serio y yo estoy quedando de lado. Ve que le escribí hace horas y no me ha respondido —enuncié, con el celular en la mano mostrando el chat con él y lo coloqué hacia la cámara. —Amy, pero debes decírselo. Él no lee mentes y tú tampoco tienes el poder de implantar pensamientos en otras cabezas. —¡No sé! Después veo… —Nos quedamos en silencio por unos segundos, y luego de pensarlo, hablé—: Liss, también extraño a papito, pero una parte de mí no quiere verlo —confesé, sintiendo un poco de ligereza en mi mente. —¿Sabes? Yo también lo extraño. Hagamos algo. Vamos a llamarlo, lo haré esta noche, antes de dormir. —Yo no me atrevo. Y la última vez que lo vi, sentí el mismo terror que antes, entonces ¿qué ganas voy a tener de hablarle? —Amy, pero si quieres recuperar la relación con papito, también debes poner de tu parte. Papito se debe sentir muy mal, y esto no puede durarte toda la vida, así como papito no será eterno. Suspiré, preocupada y con ganas de llorar. No pude continuar la conversación, porque tenía muchos sentimientos encontrados. Por mi culpa mis padres se habían separado aunque no de manera legal —hasta donde llegaba mi conocimiento—, pero mi madre sí tenía noches apesadumbradas, y con toda razón, pues el amor de su vida estaba en otra casa, en una casa que hacía tiempo había dejado de ser un hogar. Me froté los ojos y la nariz con el dorso de las manos y terminé cambiando el tema hacia uno más casual: un programa de modas que tratábamos de ver por Internet los días martes. Charlamos largo rato y reímos como focas, hasta que escuché, entre la escandalosa música que había puesto, otro ruido proveniente de la sala. Y luego el volumen de la música descendió, así que con seguridad fui a averiguar, y encontré a mamá en la cocina, charlando con Khaled. —¡Mami! No te escuché llegar —chillé y me lancé a abrazar a mi madre. —Con el escándalo que tienes aquí… ¿Y el control remoto del estéreo? Perdido. —Ah, debe estar en mi habitación… Me volteé para saludar a Khaled, quien estaba sentado en uno de los bancos de la barra de desayuno y tenía la mirada puesta en mí. Le sonreí y él sonrió de vuelta. —Amy, calentaré la cena, ¿y si te cambias para que cenemos? —Ay, no. Estoy bien —chisté y reí.  —Es que está haciendo frío —señaló mamá y metió las manos en los bolsillos de su pantalón. —Bueno, ponemos la calefacción —sugerí y me acerqué al termostato. Me quedé mirando el panel digital, pero hasta se me hizo confuso su funcionamiento. ¿Quién hacía esos aparatos?  —Amelia, ¿me buscas la medicina para la alergia? —¿Cuál alergia? «Sí, ¿cuál alergia? A ella nunca le daba alergia».  —La que se llama Alergín, en la mesita junto a la cama… —dijo, ignorando mi pregunta.  —Claro, mami. Me fui saltando por el pasillo, y al ingresar a la habitación fui directo a una de las mesitas. Revisé y trasteé, pero no di con el medicamento, y luego chequeé la otra mesita, y tampoco lo conseguí. Mamá entró a la habitación y dejó su cartera guindada en un perchero del closet, y me dio un halón de oreja que me hizo chillar. —Amelia, ¿en qué idioma debo decirte que te cambies de ropa? —¿Pero por qué? —dije mientras sobaba el lóbulo de mi oreja. —Esa pijama es muy corta, y tenemos visitas… —Khal es como de la familia, ma… —interrumpí. —Es un hombre y usted debe mantener su imagen de señorita. —Ay, no. Espera… —La vi con los ojos entrecerrados y con una mirada acusadora, acompañada de un despectivo dedo que la señalaba—. ¡Lo sabía! No quieres que pase tiempo con él, ¿verdad? Mi madre me miró con el ceño fruncido y resopló, hizo un odioso gimoteo y me dio una palmada en la mano. —No me señales, es de mala educación. Y sí, porque usted, señorita, si de verdad le gustas, no ayuda en nada que pases tiempo con él o que te vea en estas fachas. —¡Ay, mamá! —chillé—. Khal no es ningún baboso, aparte que él me respeta y… —Te estoy cuidando, Amelia, y no quiero escuchar más del tema. Vaya a cambiarse o no hay cena para usted.  Refunfuñé con los brazos cruzados y me fui a mi habitación mascullando los absurdos regaños de mi madre. Khal en ningún momento se propasaría conmigo, porque era un buen amigo y un respetable caballero, y menos lo haría sabiendo que tenía un novio bien celoso y loco como Nyx. Pero entonces los tormentosos recuerdos que Dave creó en mi vida se revolvieron con mis dudas. Él me vio en muchas facetas y se atrevió a propasarse y a agredirme… Aunque Khaled nunca me había minimizado, tampoco se había excedido de atenciones hacía mí, y a pesar de que le había dejado muy en claro que mi corazón era de Nykolas no podía exponerme así frente a él; mi mamá tenía razón. Esa ropa tan pequeña solo la podía ver mi familia y mi novio.
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