Pasamos muchas noches en vela cuidando a mi madre. Quién lamentablemente contrajo la gripe española. Mi madre cada vez se siente peor y no me siento mal por exponer a Elizabeth a esa enfermedad.
Luego de verla terminar de atender a mi madre la llamo
—Elizabeth amor ven
—Si mi amor—Me responde y se acerca a dónde estoy
Quiero hablar con ella me siento mal por tenerla aquí. Le extiendo la mano y la llevo a la sala.
Tomamos asiento, respiro profundo y comienzo hablar
—Amor, gracias por todo lo que has hecho por mí y por mi madre. Pero quiero que te quedes desde ahora en tu habitación y en este lado de la casa—Le digo
Ella me escucha y tiene una mirada como si no entendiera lo que digo y me interrumpe
—Amor, no quiero que sigas diciendo eso. Yo estoy aquí porque quiero y quiero ayudar—Me dice y no la dejo terminar
—No, Elizabeth quiero protegerte. No quiero que te pase nada malo amor. Eres muy importante para mí—Le confiezo queriendo que entienda lo preocupado que estoy
Ella se acerca a mí y de manera sorpresiva se sienta en mi regazo. Estoy sorprendido por lo que hace y me mira.
—Hago esto porque me interesa tanto a ti como a tú madre. Son lo único que tengo—Me susurro al oído
Mientras la escucho no puedo dejar de querer tocarla y besarla—Pienso mientras la siento aquí tan cerca de mi.
La miro y comienzo a tocar su rostro con una mano, mientras que la otra recorre su espalda hasta llegar a su trasero.
Ella sonríe y comienzo a besarla. Nunca la había tenido así tan cerca y siendo ella quien se tomó la iniciativa de llegar a mí.
Mientras la besó y la tocó siento que su respiración se agita, estoy encantado de besarla y le besó el cuello y cada vez que la besó me emociono más. Aprieto su trasero y sigo bajando mi mano a su muslo, solo quiero hacerla mía.
Meto mi mano bajo su falda y comienzo a acariciar su muslo y tocó su entre pierna. Cuando lo hago la escucho gemir de placer.
Se que disfruta cada caricia y cada rose que tenemos. No puedo aguantar más y desabrochó su camisa, ella me deja y cierra los ojos al sentir mi lengua tocar sus pechos y comienza a retorcerse de placer.
La tomo de la cintura y la acuesto en el mueble sin dejar de besas sus pechos. Le quitó al camisa y sigo con su falda, voy bajando dándole besos cortos en todo su cuerpo.
Me quito la camisa y continuo besándola, saboreando cada rincón de su cuerpo. Es mía y este momento hace que me olvidé de todo lo malo que ocurre.
Elizabeth ahora duerme conmigo. Bueno cuando dormimos lo hacemos juntos.
Cada veinte minutos llego a la habitación bde mi madre para ver cómo está, pero siento que cada día está peor.
Y no tiene fiebre, pero ahora le cuesta respirar y la tos no la deja tranquila. Siento que hay momentos en que le falta el aire.
Entro a su habitación me siento a su lado ya observó, está dormida pero se ve que le cuesta respirar. Me preparo para lo peor pues cada día la veo más decaída y aún no hay cura.
Pasó el mayor tiempo que puedo a su lado ya que en cualquier momento nos puede dejar. Acaricio sus manos y le doy un beso en la frente. No me importa contagiarme de la gripe, solo quiero estar con ella, que sienta que estoy a su lado.
Después de cuidarla por media hora me levanto y me voy a vigilar el ganado. Más que nunca necesito tenerlo completo. Ya no lo defendemos de las bestias salvajes sino también de campesinos que no tienen que comer he intentan robar a los animales.
Cada día todo empeora más
Salgo y tomo mi escopeta para dar una vuelta por el rancho y serciorarme de que todo esté bien, mientras me asomo escucho que Elizabeth me llama
—Maicol, Maicol
Salgo corriendo hasta donde está ella y indica
—Sube, es tu mamá
Al escuchar eso me temo lo peor, salgo corriendo y la alcanzó. Al llegar a la habitación veo a Elizabeth tratando de conseguir el pulso de mi madre.
Ella me mira y me dice
—No siento su pulso
Cierro mis ojos y respiro profundo. Me acerco a ella lentamente y me agachó. Solo le doy un beso en la frente he intentado conseguir su pulso pero es inútil.
—Ya no hay vida en ella, ya partió a un lugar mejor—Le digo a Elizabeth mientras trato de ser fuerte
—Amor lo siento mucho—Me repite mientras me abraza
—Voy arreglar el panteón—Le indico a Elizabeth
Tenemos un panteón en nuestro rancho. Mi madre siempre quiso que la familia permaneciera en estas tierras y por tal razón mando a contruir un panteón para cada uno de nosotros.
Allí solo está mi padre y ahora mi madre lo acompañará. Salgo de la casa y me dirijo la panteón el cula está en la parte trasera de la casa.
Pasó la tarde limpiando lo para traer a mi madre. Al terminar me voy a la casa, entro a la habitación y Elizabeth está allí esperándome para ayudarme
—Dime ¿Que vestuario le coloco amor?—Me pregunta y recuerdo que ella tenía un vestido favorito
Me voy al clóset y saco un vestido azul turquesa con finos detalles en blanco que a ella tanto le gustaba, lo miro sonrió, lo saco
—Este será—Le informo a Elizabeth mientras le enseño el vestido
No se hizo velorio ni rezos, solo la deje en su nuevo hogar junto a mi padre. Ella parece que duerme y solo estoy tranquilo porque se que ahora están juntos.
Cierro la puerta del panteón, Elizabeth me da su mano y caminamos a la casa. Ahora estamos solos
Creo que todo el mundo a perdido a alguien con esta pandemia.
Luego de pasar unos días despierto y veo que Elizabeth está aún dormida. Me levanto sin hacer ruido y bajo hacer el desayuno.
Hago lo que puedo, café acompañado de unos huevos con tocino. Además, preparo jugo y pan con mantequilla y queso solo como segunda opción si Elizabeth no quiere tocino.
Termino de prepararlo y Elizabeth aún no baja. Eso es extraño ya que se levanta temprano como yo, subo con el desayuno.
Aún está dormida, le besó la frente y siento que está caliente.
¡Elizabeth! Le hablo mientras comienzo a tocarla. Ella despierta y gruñe
—No me siento bien
Al escuchar eso el mundo se me viene abajo.
Ella estaba bien anoche—Me digo mientras la veo así tan enferma.
—Amor, te buscaré algo para la fiebre. Quédate tranquila—Le digo
Salgo corriendo abajo a buscar algo para bajarle la fiebre, regreso a ella con medicina y no me despegó de su lado.
Cada cierto tiempo la tocó para ver si bajo la fiebre pero nada. Su fiebre es muy alta y no es fácil bajarla.
Solo puedo rogarle a Dios que no sea la gripe española, no la quiero perder. Casi dos horas después la tocó y siento que bajo algo.
Despierta y le saludo
—Hola amor ¿Cómo te sientes?—Le pregunto
—Tengo un poco de malestar amor—Me responde mientras se intenta acomodar para sentarse
—Te prepare algo para comer—Le digo mientras le muestro mi bandeja llena de comida. Lista para que ella escoja lo que quiera
—Solo quiero jugo—Responde
—Come con un poco de pan amor, no quiero que estés débil—Le digo tratando de que quiera o intenté comer un poco
Ella niega con la cabeza mientras se toma el jugo. Por lo menos se lo tomó todo mientras yo la miro.
—¿Quieres más?—Le pregunto para traerle un poco más
—No amor, así está bien—Me dice y se acerca a mí. Dejo las cosas en la mesita de noche y me acomodo a su lado.
Ella me busca y se acurruca entre mis brazos, no se siente bien lo sé. Solo puedo abrazarla y acariciar su cabello intentar que descanse y se recupere de esto.
Paso un rato junto a ella y luego me levanto, quiero escuchar las noticias. Enciendo el radio y escucho que hablan de la pandemia pero nada bueno.
—Incrementa el número de fallecidos por la pandemia—Dice el locutor y añade—Es un enfermedad muy contagiosa señores y avanza rápido. Comienza con malestar general como los de un gripe. Pero la fiebre es intensa y no baja, además, de un a fuerte tos, derrames nazales y dificultad para respirar aguda que causa la muerte en un ochenta porciento de los casos
Al escuchar eso quiero salir corriendo y gritar.