Ni se te ocurra

1367 Palabras
Intento moverme para salir de sus brazos y él me mira en forma de advertencia. - Jason, debemos salir de aquí. - Le digo temblando entre sus brazos. - No quiero. Justo ahora no quiero. - Me dice apretando mi cuerpo al suyo. - Jason... - Helena, si salgo ahora de este salón sé que las cosas van a cambiar entre nosotros y no quiero eso, ya te di el tiempo para arrepentimientos y no lo tomaste, no voy a dejar que te arrepientas ahora, además... - Además ¿que? - Soy escorpión... Dicen que somos puro fuego ¿y sabes que? Tienen razón. - El muy egocéntrico me mira y sonríe orgulloso de sí mismo por ser del peor signo zodiacal. - ¿A si? - Pregunto burlándome pero con más ansias de sentirlo a cada segundo. - Exacto. Ya lo probarás por ti misma. - Se acerca y besa mis labios de forma posesiva, lo extraño es que no siento esa necesidad de alejarme de él sabiendo lo posesivo que es y pese a todo lo que me dijo, sólo quiero quedarme a su lado ¿estaré mal de la cabeza? - Narcisista. - Digo entre dientes. - Siempre. - Me responde airoso. Está claro que él se siente orgulloso de ser como es, no le tiene temor a terminar solo con ese carácter. - Aún así debemos salir. Podemos hablar las cosas después. - Vuelvo a insistir ya que sé que todo esto debe parar, al menos por ahora. - Está bien, tienes razón, pero tengo mucho que hablar contigo aún ¿me entiendes? - Me toma por los hombros y me deja sentada en la cama del salón mientras me observa como si yo fuese una niña pequeña. - Si, lo entiendo. - Murmuro en un puchero. - Ni se te ocurra moverte de aquí. Voy a ir a ver quién es, pero te quiero justo ahí cuando regrese. - Jason se para y camina hacia un pequeño armario del que saca ropa para vestirse, y sale a abrir la puerta. No sé qué es lo que debo sentir, o cómo debo pensar, si es alguien de la empresa no sé si me importe, creo que incluso me da igual, pero él tiene una novia y se van a casar, yo no quiero estar metida en una relación y ser la tercera, eso no va conmigo. Me paro y tomo mis cosas, quiero estar lista para salir de aquí en cualquier momento, me coloco cerca de la puerta para saber si es prudente salir ahora, pero escucho la voz de una mujer. ¡Diablos! Debe ser ella... Me escondo rápidamente en el baño y cierro la puerta con llave desde adentro, esto es lo peor que me podría pasar, es más que obvio que no quiero que esto me suceda, así que también es momento de decidir qué es lo que quiero en mi vida, y no es esto, precisamente. Me siento en el piso detrás de la puerta, es horrible sentirme así, sentir que todo esto me lo he ganado a pulso por entrometida, por meterme en medio de una relación. Necesito cambiar las cosas y salir adelante, pero creo que, para eso, necesito alejarme de Jason. Toc, toc, toc... La puerta del baño. Debe ser él. Me paro y abro la puerta rápidamente mientras observo al hombre detrás de ella. Tiene su mano en el marco de la puerta, su mirada está hacia abajo y su expresión es lúgubre. - No puedo casarme, Helena. - Sus palabras abren un hueco en mi corazón y es que estaba decidida a alejarme de él y a salir de aquí en cuanto abriera la puerta, pero su expresión triste y melancólica me hacen quedarme para escucharlo e intentar apoyarlo, aunque sea por última vez. - Te entiendo, pero ya diste tu palabra y tienes que cumplirla. - Me acerco a él y lo tomo por la cintura acercándolo lentamente a mi. Su cabello revuelto, su pantalón n***o puesto, su camisa semi abrochada y parte de su pecho expuesto, mientras que sus pies están descalzos, me dan la sensación de un niño indefenso que necesita que lo abracen con cariño. - Pero no puedo hacerlo, Helena, no me siento con ella como me siento así contigo. - Dice y me abraza fuertemente contra su pecho. - Quizá la vida nos sorprenda más adelante pero, por ahora, tienes que hacer lo que ya prometiste que harías. No te conviertas en la clase de hombre a la que yo no miraría, continúa siendo siempre ese ser admirable y confiado al que conocí, no puedes cambiar por esto. - Le digo acercándome más e intentando hacer que deje ese sentimiento de pérdida detrás, no sirven de nada lamentarse en vez de buscar soluciones. - ¿Y si no puedo con eso? - Me pregunta apartándose y tomando mi cabeza de forma tierna mientras me acerca poco a poco hacia su rostro. - Jason, sólo olvidemos que nos conocimos y sigamos siendo el jefe y la secretaria. - Pido soltándome de su agarre. - No quiero eso. Ahora que te tengo, no voy a soltarte. - Tenemos que hacerlo, me gustaría que si la vida nos vuelve a juntar, podamos ambos estar libres para poder tomar nuestras manos y caminar unidos para siempre. - Te lo prometo entonces. - Me dice y termino por ceder a mis instintos de besarlo. Un último beso, uno que lleva todo lo que cargamos por dentro, uno que me dice cuánto lo quiero y cuánto me duele no tenerlo a mi lado para comenzar otra vez. Salgo del salón mientras él se queda sentado en su cama, ambos necesitamos un tiempo para aclarar nuestras mentes y ser nuestras mejores versiones para poder estar bien, aunque eso no sea juntos. Bueno, día, aquí vamos de nuevo. Camino hasta mi escritorio y sonrío, sé que es una buena idea la que acabamos de tener, y no tengo temor, porque tengo la esperanza de que la vida se encargará de juntarnos nuevamente cuando estemos preparados para eso, sé que así será, por ahora, debo centrarme en mi trabajo y actuar como si nada hubiese pasado entre nosotros, no me va a costar tanto porque este hombre es más de lo que puedo pedir y sé que me va a ayudar a lograrlo. Trabajo todo el día con buen ánimo y logro sacar de mi cabeza su cuerpo desnudo, pese a lo mucho que quiero tenerlo así frente a mí. Han pasado tres días desde eso, no nos hablamos más que para lo estrictamente profesional y quiero estar bien intentando alejarme de él, quiero comenzar una nueva vida sin Jason Cooper, quiero estar a la altura y recordar por qué razón alguna vez fui la mujer honesta, fuerte, indomable y decidida que solía ser, necesito volver a quererme como antes de que permitiera que el imbécil de Dorian me pusiera una mano encima. Cuando ya son las 19 horas y Gaby se acerca a mi oficina, me doy cuenta recién de que ya es momento de irnos, así que ordeno mis cosas y salgo caminando con ella. - Quiero comer helado. - Digo y ella me mira. - ¿Compramos cuando pasemos por San Francisco? - ¡Si! - Digo entusiasmada. El problema es que nunca piensas que las cosas malas pueden ocurrir cuando estás más tranquila, no te lo esperas, por lo que es peor aún. Eso fue lo que me sucedió a mi, no creí que podría encontrar al hombre que más daño me ha hecho en la vida, parado justo frente a mí mientras una sensación horrible se apodera de mi. - Ga... Ga... - No me sale todo lo que necesito decirle a Gaby, quiero que corra, que se aleje de él, pero el imbécil sonríe y actúa como solía hacerlo cuando nos conocimos, como un caballero. - ¿Helena? - Pregunta y se acerca a mí tomando mi mano. Miro a Gaby pero ella está concentrada mirándolo a él, nadie pensaría que este tipo lindo y educado con rasgos muy griegos, terminaría siendo el golpeador de mujeres al que más odio. Dorian.
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