Un ligero sonido

1469 Palabras
No sé, se siente extraño, ninguno está pensando, ninguno está con la cabeza bien puesta, es como si ambos hubiésemos olvidado que lo que estamos haciendo no está bien, seguimos abrazados, seguimos apretando nuestros cuerpos cada vez más cerca y no nos estamos alejando, no nos separamos, por el contrario, es aún peor de lo que creemos ya que mientras más tiempo pasamos así, más atraídos nos sentimos, más necesitamos besarnos, más imperativo es hacer el amor. Él se separa ligeramente y toma mis labios en los suyos, me besa con dulzura y pasión, se adueña de mi boca, ahuyentando los temores, los dolores y las penas con cada roce de sus dedos sobre mi piel, con cada ligero toque de su lengua contra la mía, mi deseo aumenta de solo saber que puedo tenerlo y de que ya no importa lo que suceda después, ahora está aquí, estoy aquí y eso nadie podrá cambiarlo. Somos él y yo en este momento, nada más. - ¿Quién carajos es él, Helena? - Nos separa un poco, me toma la barbilla, me mira directamente a los ojos y cuestiona lo que tanto temor me causa. - Mi ex esposo. - Digo sin soltarlo, no quiero alejarme ni un milímetro de él por miedo a que no sea real, a que el sueño termine o a que se vaya, pero no lo hace, por el contrario, me aprieta más fuerte contra su pecho aún desnudo mientras me mira interrogante. - ¿Lo amas? - Vuelve a preguntar. - No, nunca más. Mi vida depende de ello. - ¿Porqué? - Su seriedad me invade mientras las palabras no me salen, siento pánico, terror de que no le guste la respuesta y se aleje de mi. - Por que... Ya no importa. - Alejo mis ojos de él pero Jason toma mi mejilla y me gira para observarme. - Helena... Solo te voy a decir una cosa y no lo voy a repetir así que escucha atentamente. - ¿Que? - Pregunto tomando su mano, la que tiene en mi mejilla y lo miro con necesidad. - Si vas a jugar conmigo, entonces asegúrate de que yo también me divierta, porque luego vendrá mi turno y no quiero quejas, te prometo que si yo juego tú terminarás odiándome. - ¡¿Que?! ¿Yo? ¿Jugar contigo? ¿Porqué haría eso? - No lo sé, pero quiero que lo entiendas. No soy bueno para ti y no voy a pretender serlo, si quieres problemas entonces no voy a detenerte, pero si no los quieres, debes evitarme. - No es eso... Yo... Yo... - No puedo hablar, él me provoca nervios, me provoca una sensación de terror pero no hacia él, más bien, es terror a lo que yo pueda hacer estando así de cerca. - ¿Tú, que? - Tengo... Tengo... Yo nunca jugaría... Contigo. - Eso es suficiente para mí. Me toma de la nuca y me besa fervientemente, sus manos toman mi cintura y me levanta como si de un paquete de palomitas me tratase, me lleva hacia el salón que está al lado de su oficina y cierra la puerta. - Es momento de arrepentimientos, si quieres aún estás a tiempo de dejarme. - Me coloca suavemente sobre la cama. - ¿Porque dormiste aquí? - No lo sé, creo que no quería irme a casa. - ¿Que va a pasar después de esto? ¿Actuarás como si no me conocieras? - Exacto. Y tú también lo harás. - Yo no... - Helena... Escúchame. - Está bien. - Eres una mujer increíble, eres dulce y tierna cuando uno llega a conocerte, eres odiosa y dices lo que piensas sin importar cuanto le moleste eso al resto, eres agradable y alegre pese a toda la carga que llevas, definitivamente maravillosa... Hace una pausa y se coloca sobre mi acostándome en la cama. - Sin embargo, yo soy una nube negra, estoy lleno de dudas y de inseguridades, temo no ser tan bueno como para llenar los zapatos de mis padres, estoy aterrado de cometer algún error y de no poder con la empresa y con mi vida. Créeme que de todas las manzanas en el cajón, yo soy justo la podrida, no quieres elegirme a mí. Sus palabras me causan la sensación de que un cuchillo atravesara mi corazón, ha vivido toda su vida a la sombra de sus padres temiendo cometer algún error y eso debe ser horrible, una carga difícil de llevar, es por eso que es así, que su carácter es así, coloca una coraza en su alma para que nadie vea sus inseguridades y vive su vida intentando ser perfecto. - Está bien - Le digo tomando su cabeza y llevándola hacia mi pecho dando ligeras palmaditas en su espalda - Te entiendo, pero también puedo ver qué eres un hombre fenomenal, intentas ser bueno para todos y eso te desgasta, quieres ser el mejor para que tus padres se sientan orgullosos de ti, sin embargo estás tan agotado de parecer perfecto que intentas buscar un método de escape, y ese siempre es tu ego, tu carácter, tu frialdad, lo malo es que eso es justo lo que tanto me atrae de ti, cuando te miro es como si pudiera quemarme en las brasas del infierno y no me importaría, porque estás tú, conmigo. Somos lo que somos, Jason, y yo te prometo que no voy a correr, no voy a alejarme de ti cuando toda esa nube negra que está en tu cabeza comience a mojarme. Ahí estaré, tomando tu mano y abrazándote para que podamos pasar el frío. Lo siento tensarse y de pronto se levanta sobre mi para observarme. - Helena, si haces eso, no voy a poder alejarme de ti, y debo advertirte que puedo ser tu peor error, soy extremadamente celoso con la gente que me importa, odio que toquen a la mujer que amo, tengo un jodido toc y eso me hace ser un puto infierno para los demás, no acepto un no por respuesta, persigo lo que quiero de forma incansable incluso si no es eso lo que la otra persona quiere y a veces puedo ser peor que un acosador. Te aseguro que no me quieres en tu vida, es por eso que salgo con mujeres que no me importan afectivamente, ya que así no me comporto como un puto idiota con ellas. Si tú me llegas a importar emocionalmente, no voy a dejarte ir, te perseguirá hasta el cansancio y no te dejaría llevar una vida en paz, ni hablar de que después quieras estar con otra persona. Te aseguro, chica griega, que no quieres eso para ti. Eres demasiado inteligente, hermosa y perfecta como una flor, que cualquier hombre desearía estar contigo, pero ese hombre no puedo ser yo, o terminaría siendo una jodida pesadilla para ti y no quiero hacerte daño. Entiendo qué es lo que está tratando de hacer, aleja a la gente para que nadie pueda quererlo y él así pueda ser libre de emociones, quiere mantenerme a raya porque si lo hace, no tendrá que hacerse cargo de mis sentimientos después. - Tonto... Crees que eso me aleja pero eres como ese veneno que uno sabe que hace mal, y aún así intenta tomarlo. No me puedo alejar de ti - Digo volteando y colocándome sobre él - Eres un imán que me atrajo a sí mismo desde el primer momento. Lo beso de forma pasional, un beso intenso y marcado por la sensación de pánico en mi cabeza, pero no es por él, es pánico a que se aleje de mi y no poder alcanzarlo. Toma mis caderas y me presiona contra su dura erección mostrándome que es el momento preciso de alejarme, aunque eso es un poco tarde, mi excitación por él nació desde el primer beso y eso ya no lo puedo cambiar. Me muevo sobre su pelvis y él jadea de forma aún más sexy, ya no puedo soportarlo, necesito estar con él. Sus manos van hacia mis pechos, los aprieta de forma que lo siento en mi zona sensible, es mi turno de jadear y es que mis pechos siempre han sido demasiado sensibles. Toma nuevamente mis caderas y me mueve contra su m*****o generando fricción justo donde la necesitamos, sus besos calientes siguen en mi boca y en mi cuello mientras se sienta conmigo en su regazo y me continúa moviendo sobre él. Dios, este es el cielo mismo, me tiene dónde quiere, es justo ahora que podría hacer conmigo lo que él quisiera, pero un ligero sonido en la puerta nos hace voltear a ambos. - Mierda, alguien está aquí. - Jason habla y yo me quedo literalmente en blanco sin saber que hacer.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR