Necesito despejar mi mente, creo que me siento terrible por no saber que es verdad y que es mentira en todo esto, incluso yo misma soy una mentira completa, de pies a cabeza, ya ni mi cabello es el que solía ser.
Aunque lejos, lo que más me duele, es precisamente el hecho de haberle mentido a ese hombre, sé que no somos nada, que yo no soy nada para él, pero su mirada en ese momento fue puro fuego quemándome en las brasas del infierno mismo y lo lamento, de verdad lamento haberle mentido, lamento no haberle dicho antes todo, y ahora lamento tanto tener que hacer esto, tener que alejarme y cambiar por una maldita decisión, esa decisión de casarme con alguien como Dorian, y es que nunca llegamos a conocer a alguien completamente, pero fui demasiado impulsiva y tonta, incluso ahora me estoy culpando a mi misma porque él es un cerdo golpeador de mujeres ¿que mierda pasa conmigo?
No puedo hacer esto, no puedo seguir pretendiendo que yo soy la mala cuando es él quien me golpeaba, no puedo seguir huyendo y dañando gente en mi camino, tampoco es justo para mí, aunque no sé que hacer, no sé cómo acabar con todo esto.
Creo que siempre fui de las chicas que decían "¿cómo lo aguanta?" o "¿porqué sigue con él si le hace daño?" hasta que me tocó vivirlo y ahí, precisamente ahí me di cuenta del porqué, el miedo puede ser tan intenso que es incluso más abrasador que la necesidad de salir corriendo, cuesta demasiado tomar un poco de valentía para irte ya que tu mente está tan dañada por sus manipulaciones, sus promesas de cambio constante, tu misma necesidad de querer creer que tú vida puede ser diferente y de que no te equivocaste tanto, que al final nunca te vas de su lado, es la razón también detrás de tantos femicidios, así que no puedo culpar a nadie por lo que me pasa, aquí la culpa de haberlo permitido es solo mía, de nadie más.
Hago tranquilamente mis cosas y me dirijo a la oficina, es momento de irme, de renunciar y de volver a empezar en otro lugar.
Ah, por Dios, estoy tan cansada de esto.
Soy de las mujeres que aman la estabilidad y creo que eso me llevó a casarme con Dorian, la idea de una familia, de una vida con alguien, un felices por siempre, lamentablemente el mundo me enseñó que eso no existe.
Cuando llego a la oficina, aún no llega nadie más por lo que me preocupo de dejar todas las cosas que me pidieron listas antes de escribir mi carta y es ahí en cuanto el dolor se vuelve insoportable.
¡Dios! No quiero irme...
No quiero irme de aquí, no quiero dejar a Gaby, a mis compañeros que han sido muy buenos conmigo, no quiero dejar la vida que estaba teniendo aquí, y bueno, no quiero alejarme de Jason Cooper, si, sé que no me corresponde, que no somos nada, pero aún así lo siento como parte de mí, de mi mundo, de mi nueva vida y no había sentido nada como esto jamás, ni siquiera cuando me enamoré de Dorian, lo sé, tengo que hacerlo, no quiero más gente dañada a mi paso y quizá no les conté pero la primera vez que huí, el loco de Dorian golpeó a Clauss, mi amigo y marido de mi mejor amiga, eso sólo porque Clauss intentó impedir que me fuera con él, es un cretino cerdo y nadie tiene que volver a pasar por eso, mucho menos por mi culpa.
Así que redacto una carta de renuncia y me dirijo hacia la oficina de Jason para dejarla antes de que llegue, no quiero tener que verlo a la cara cuando lo haga.
Golpeo por si las dudas y entro.
Cuando me estoy aproximando a su escritorio, me percato de que su chaqueta está en la percha y de pronto un sonido me deja helada, está saliendo del salón que tiene a un costado su oficina, con el cuerpo casi desnudo, una toalla pequeña cubre su entrepierna y sus ojos de fuego se clavan en mi.
- Sr. Cooper, yo... Yo... - Mierda, mal momento para volverse tartamuda - Yo no sabía que usted estaba aquí, no había llegado nadie.
Me deshago en explicaciones y él parece no inmutarse porque está sin ropa delante de mí, maldita sea, tiene un complejo de dios griego pero su cuerpo, visto desde este ángulo, le da toda la razón, es un cretino y un maldito témpano de hielo, pero es también el hombre más sexy del planeta, aquellos brazos esculpidos por un cincel, aquel abdomen lleno de marcas, y para que hablar de esas piernas firmes y tonificadas, dios, todo en él grita ejercicios, sexy, lujuria, pecado.
- Con permiso. - Digo para irme y dejarlo cambiarse.
- Alto ahí. - Dice calmadamente pero mis piernas se paran en seco, los años con Dorian me dieron esa obligación de obedecer si no quería consecuencias.
- Lo siento, de verdad no sabía que estaba...
- Y no podrías haberlo sabido, ya que pasé la noche aquí.
- ¿Que? ¿Porqué? - Instintivamente pregunto volteando para mirarlo.
- Porque no es de tu incumbencia ¿a qué viniste? - Mierda, sigue siendo un jodido témpano de hielo, vuelvo a girar para evitarlo.
- Sólo quería dejar esto. - Digo mostrándole mi carta.
- ¿Que es? - Vuelve a hablar sin interés, condenado corazón que se da por aludido.
- Mi carta de renuncia.
- Está bien. Déjala encima del escritorio y cierra la puerta cuando salgas.
Demonios, eso dolió aunque ¿que más me esperaba? ¿Que me pidiera que me quedara o que no la aceptara? Sabía de antemano que las cosas entre nosotros estaban así, por lo que volteo y dejo la carta en su escritorio para alejarme de él.
- Helena... - Su voz, su respiración, me hacen detenerme y voltear a mirarlo. Dijo mi nombre, dios, dijo mi nombre, me había estado tratando de "Sra. González" estos días por lo que escucharlo decir mi nombre me calma el corazón ya de por sí agitado por verlo así.
Giro y lo observo con la boca abierta para intentar respirar.
- ¿Que? - Pregunto mientras el cretino corazón se quiere salir de mi pecho.
Me acerco a él de forma ligera, una maldita corriente me atraviesa mientras miro sus ojos, sé que está comprometido, que se va a casar pero no puedo evitarlo. Tontamente coloco una mano en su pecho cuando llego a su lado y comienzo a bajarla.
- Alejate lo más que puedas de mi - Dice cerrando los ojos mientras me deja tocarlo - O te juro que no respondo.
- Entonces no respondas. - Es todo lo que sale de mi boca y es todo lo que él necesita para subirme al escritorio y mirarme.
- Debes estar segura de esto. - Me dice mirándome a los ojos.
- Nunca había estado tan segura de algo en toda mi vida.
- No habrá una segunda vez. - Me lo advierte tomando mis brazos.
- No espero que la haya.
- ¡Mierda! Deberías decir que no, alejarte de mí, irte...
- ¿Eso quieres? - Le pregunto tomando sus hombros.
- No, jodidamente no.
Se acerca a mis labios trazando su contorno con su dedo pulgar mientras toma mi mejilla.
- Déjame besarte, Helena. - No quita su mirada de mis labios y yo muevo mi cabeza en señal de aprobación.
- Dilo.
- Si. - Mi voz es casi un jadeo y mis piernas se separan para dejarlo acomodarse más cerca de mí, mi vestido blanco me permite moverme con facilidad por lo que él aprovecha la instancia y se mueve más cerca.
El calor se empieza a acumular en mi vientre y el deseo me consume, quiero ser suya, necesito ser suya, me tiene en éxtasis.