La casa, que hasta hacía unos segundos parecía tranquila, se había convertido en un campo de batalla cargado de tensión. El silencio absoluto se rompió con un grito que retumbó en las paredes de la sala cuando Oliver bajó de la habitación. —¡Oliver! —la voz de Elijah explotó, atronadora, llena de furia contenida que ahora pedía salir. Sus puños apretados temblaban, una ira primitiva que había estado creciendo y ahora se desbordaba con violencia. Priscila decidió bajar con él, ella sabía que su padrino no dejaría las cosas así no más y Oliver estaba más que consciente de eso, esperaba cualquiera cosa de parte de Elijah. —¡Padrino, por favor! —su voz tembló, pero fue firme—. Yo… yo te puedo explicar todo, déjame hablar antes de que hagas algo de lo que luego te arrepientas. Elijah no la

