Obsesión sin Retorno La luz del amanecer se filtraba a través de las grietas de la cabaña, iluminando tenuemente el caos de emociones que se respiraba en el ambiente. Viviana despertó envuelta en los brazos de Leonid, su cuerpo aún temblando por las intensas horas que habían compartido. Sus labios estaban marcados, su piel ardía bajo las huellas de la pasión desenfrenada, y su mente no dejaba de girar entre la confusión y el deseo. Leonid estaba despierto. No dormía nunca profundamente, al menos no desde que la había encontrado. Su brazo musculoso la rodeaba con fuerza, como si temiera que ella pudiera escapar de él en cualquier momento. Pero más que miedo, lo que transmitía su mirada fija era algo mucho más profundo y oscuro: la obsesión. —No te voy a dejar ir nunca, Viviana —murmuró,

