Refugio en las Sombras El rugido del motor se desvanecía poco a poco a medida que Leonid conducía por caminos secundarios, siempre evitando las principales carreteras. Viviana, con el cuerpo tenso, miraba a través de la ventana, observando cómo la espesura del bosque daba paso a paisajes más abiertos. El cielo comenzaba a aclararse con los primeros indicios del amanecer, pero eso no traía consuelo alguno. —¿A dónde vamos? —preguntó finalmente Viviana, rompiendo el silencio. Leonid no apartó la vista de la carretera, pero su mandíbula se tensó al escuchar la pregunta. —A un lugar seguro. Uno donde no podrán encontrarnos fácilmente. Viviana no insistió. Sabía que Leonid siempre era reservado con los detalles, especialmente cuando se trataba de su seguridad. Sin embargo, el peso de las p

