La Verdad en la Penumbra El fuego de la chimenea crepitaba en la cabaña, llenando el silencio con un sonido constante y reconfortante. Viviana estaba sentada en el sofá, sus ojos clavados en las llamas, mientras Leonid permanecía de pie junto a la ventana, vigilando la oscuridad exterior. Había una tensión palpable en el aire, una mezcla de desconfianza, curiosidad y algo más, algo más profundo que ninguno de los dos parecía dispuesto a nombrar. Finalmente, fue Viviana quien rompió el silencio. —No puedo seguir así, Leonid —dijo en un susurro que apenas alcanzó a escucharse—. Necesito saber la verdad. Toda la verdad. Leonid se giró hacia ella, su expresión endurecida por los años de secretos y peligro. Durante unos segundos, no dijo nada, solo la miró, como si estuviera decidiendo si m

