—No es ningún desconocido —respondió Amy, con un tono glacial—. Te presento a Viktor Paredes. Es amigo de la familia. El tal Viktor extendió su mano hacia mí con una amabilidad que me pareció condescendiente. —Un gusto, Bastian. Dejé su mano en el aire. La miré con todo el desprecio que sentía. —No lo quiero ver abrazando a mi esposa. Viktor bajó la mano, pero su sonrisa no se borró. —Amy es mi amiga, Bastian. Y porque tú estés celoso, no dejaré de abrazarla. —Viktor es mi amigo de muchos años atrás —dijo Amy, desafiándome con la mirada—. Y tampoco dejaré de abrazarlo. Me acerqué a mi esposa, ignorando a Viktor. —Sal de la oficina, Paredes. Viktor se dirigió a la puerta, pero se detuvo. —Me iré. Pero nos veremos muy seguido, Bastian. Viktor salió de la oficina. Apenas la puerta

