Punto de vista de Amy. Dos horas se sintieron como dos días. El tic-tac del reloj en la sala de espera era insoportable. Yo estaba absorta en mi culpa y mis miedos cuando la puerta del quirófano se abrió. Un médico, con la bata manchada y el rostro cansado, salió. Edward y yo nos levantamos de golpe. —Doctor, ¿cómo está Bastian? —preguntó Edward, rápidamente. —Ya terminamos la cirugía —dijo el médico, quitándose la mascarilla. —Todo salió bien, pero el brazo derecho del señor Bastian sufrió mucho daño en el accidente. Necesitará terapias largas para poder movilizarlo con normalidad. El golpe en la cabeza fue superficial, pero las fracturas son serias. Sentí un alivio inundarme, a pesar de las malas noticias sobre el brazo. —¿Podemos verlo? —pregunté, con mi voz sonando ronca. —Sí

