Capitulo 3

2813 Palabras
Después de dar fin a la fiesta que tenía la novia de Augusto en su casa, él mismo pidió a sus hijos que entrarán a la enorme mansión. Primero entró él junto a Tatiana, luego lo siguió Arturo quien tenía a su sobrino entre sus brazos y por último entraron Mila y Erick. - Creo que a tu padre no le agradó mucho la noticia - comentó él en voz baja para que solo ella pudiera escucharlo. Mila al escucharlo supo a lo que se refería. - No me importa - dijo con completa sinceridad mirando los preciosos ojos azules de su esposo - Igual nada va a cambiar el hecho de que eres mi esposo, el padre de mi hijo y que te amo. - Es obvio que no lo hará - sonrió abrazándola de costado y dejando un dulce beso sobre su cabeza - Cambia esa carita, sabes que no me gusta verte enojada. - Me es inevitable, extraño nuestra casa - se recostó a su esposo y suspiró - Además estoy muy cansada - él respiró profundamente sin poder hacer nada para remediar el agotamiento de su mujer más que esperar ya que, no había aceptado quedarse en el hotel porque aquella casa era suya, pero le parecía estresante verla así - Si, si, ya sé que estás pensando que soy muy terca por no aceptar hospedarnos en el hotel - sonrió mirándolo inocente - Y quizás dentro de un par de horas yo también me arrepienta, pero al menos tú estarás allí para consolarme. - Claro que sí - sonrió reconociendo la verdad que había en sus palabras. Cuando llegaron a la sala de estar todos se detuvieron y durante unos minutos se mantuvieron en silencio y se miraron sin saber que decir, Arturo sabía que aquella incomoda situación no era por su repentina llegada, sino por el mero hecho de irrumpir en la hacienda con dos personas que nadie esperaba. Miró a su amigo y éste parecía bastante tranquilo, había pensado que quizás iba a estar incómodo o incluso nervioso aunque nunca se ponía nervioso, pero no, solo estaba parado junto a su hermana abrazándola por la cintura de un modo protector luciendo con su habitual aspecto ecuánime, definitivamente no se había equivocado al permitir que su Mila y él se casarán, la amaba y se lo había demostrado durante todos esos años. En algún momento inexacto de todos aquellos pensamientos que iban y venían lo interrumpió una voz, era la de su padre quién miraba a la pareja seriamente - Ahora que ya estamos solos - empezó a decir con seriedad y una actitud autoritaria que imponía y amedrentaba - ¿Cómo es ese asunto de que este sujeto es tu esposo? ¿Y cómo que ese niño es tu hijo? - terminó. Sin embargo, a la única a la que no le valía ya aquella actitud era a Mila, que, sin dudarlo un segundo se mantuvo firme en su posición y procedió a hablar. - Este sujeto, como tú le dices, es mi esposo - declaró mirándolo fijamente - Era el mejor amigo de Arturo, nos conocimos, nos enamoramos, nos casamos y como cualquier pareja normal tuvimos un bebé, nuestro hijo se llama Diego y mi marido Erick Dankworth - explicó como si tratara con un tonto - Ninguno de los dos es ficticio o alguna mentira mía, ambos existen, son totalmente reales y tienen nombres, muy bonitos por cierto - agregó - Te agradezco mantengas ese respeto. ¿Ya estás feliz con la explicación? - ¿Cuando te casaste? ¿Por qué yo no estaba enterado? ¿Quién te autorizó a hacerlo? - interrogó pareciendo aún más molesto por la actitud de reto que tenía su hija, le parecía el colmo. Mila al oír aquello, solo pudo sonreír con sarcasmo, era el colmo que le dijera todo eso después de tantos años sin haber intentado nada para acercarse a ellos. - En serio eres sínico - dijo sorprendida, sin importar nada de lo que pensará o intentar hacer, sabía que contaba con toda la protección que podían brindarle Arturo y Erick - Eres un descarado de lo mejor - apuntó - Pero ya que te encanta darle escándalo a tu mujercita - miró a Tatiana que solo miraba todo con carita de niña buena - Voy a responderte - aceptó - Me casé hace siete años, no te enteraste porque así se lo pedí a mi mamá y a mi hermano y por último, no necesito tu autorización, conté con la bendición de mi hermano y de mi mamá, eso es más que suficiente. - ¡¿Te casaste con veinte años?! - gritó atónito. Erick solo observaba a su esposa en cada una de sus reacciones, no quería que saliera lastimada de ese lugar, pero por el momento se mantendría al margen y le daría su lugar como dueña de esa hacienda, era muy fuerte su mujer, de eso estaba seguro. - Tu engañaste a mi mamá a los cuarenta y cinco - señaló - Y tu novia tenía la misma edad, creo que un poco más, veintidós, ¿no Tati? - preguntó de mala manera, sintiendo las manos de Erick rodear su cintura avisando que allí estaba para ella. - ¿Vas a seguir con lo mismo? - se quejó gritando. Erick sentía que se estaba enojando mucho, no le gustaba en lo absoluto que le levantarán la voz a su esposa, él mismo vigilaba no hacerlo en las contadas discusiones que tenían. - No, simplemente no tienes el derecho de reclamarme nada - indicó - Por como reaccionaste cualquiera creería que lo que cometí fue un pecado y no es así, estoy casada y tengo un hijo de mi marido - explicó tranquilamente su punto, no se arrepentía en lo absoluto de haberse casado y no haberlo invitado y mucho menos se arrepentía de no haberle pedido permiso, su matrimonio no había sido una venganza, era algo fundado en el amor mutuo que se tenía con Erick, lo cual no era actuación o ganas de fastidiarlo, simplemente era la verdad. - Esto tiene que ser un chiste - negó echando humo por las orejas praticamente - ¿Cómo vas a casarte con el mejor amigo de tu hermano? ¿Haz visto la edad que tiene Arturo? - Por supuesto - aceptó - Tiene la misma edad que mi esposo, 35 años, si es a ese punto que quieres llegar, y la verdad es que no le veo la gran diferencia solo son ocho años. - Mila, por favor, no te hagas la tonta y dime qué es una broma - pidió - No me hagas creer lo contrario a qué eres una chica muy conciente solo que resentida conmigo. - No te estoy mintiendo - repitió de otra forma respirando profundamente mientras veía a su esposo arquear una ceja al escuchar aquel “tonta" por parte de su padre. Si algo odiaba Erick Dankworth era que su mujer fuera ofendida de alguna forma, sin embargo, estaba muy conciente de que no podía interferir por lo que intercambio una mirada con su cuñado quién lo entendió rápidamente. Él era el único que podía actuar en aquel caso. - Papá, por favor ya basta - pidió de pronto con seriedad acercándose a este - Ya mi hermana te dijo que es verdad, tanto este niño - mostró al pequeño en sus brazos que se distraía con los botones de su camisa. En ese momento todas las miradas fueron directamente a el bebé, la única que se fijaba en la reacción de Tatiana era Mila pues, no pensaba permitir que esa mujer se le acercará a su hijo, pero luego su hermano se alejó y siguió hablando - como su matrimonio es completamente cierto, no tiene ninguna necesidad de mentir para lastimarte. Le cedí la mano de mi hermana a mi amigo desde hace siete años, yo la llevé al altar y fui su padrino de bodas, me encargué personalmente de todos y cada uno de los detalles correspondientes junto a mi mamá por petición de mi hermana y no me arrepiento tampoco. Gracias a ellos tengo a un hermoso sobrino que intenta decir tío cada que me ve antes que mamá o papá - terminó. Ésto último hizo que la pareja sonriera, Arturo a pesar de las situaciones nunca perdía su toque alegre - Ahora sí nos disculpas, Diego y yo estamos exhaustos y ellos también - apuntó hacia su amigo y su hermana - Ahora vamos a nuestras habitaciones y si no están disponibles nos iremos al hotel que está aquí cerca. Pero por favor decídete rápido. El hombre aún enojado pero sin otra salida más que la de hacer lo que le pedían y dejarlos ir a descansar miró mal a su hija y asíntio haciendo una seña con la cabeza para que pasarán. Después resolvería aquel asunto con respecto a lo del dichoso matrimonio de su hija y cómo había arruinado completamente sus planes para la buena vida de la misma. La joven junto a su esposo caminó hasta las escaleras mientras eran seguidos por su hermano e hijo para posteriormente subir y desaparecer por uno de los pasillos que daba a las habitaciones. - ¿Ves mi amor? te dije que no iban a venir de buena gana - comentó con un tono muy suave una dócil Tatiana analizando el terreno frente a ella, ya tenía una nueva presa que cazar - Te dije que no te iban a querer y que las sorpresas serían inagotables - continúo con su cizaña. - Tenías razón, cariño - negó sentándose en uno de los sofás aún atónito por la noticia, ya era abuelo - Lamento no haberte escuchado, es solo que no esperaba esto, mi niña, mi hija ya estaba comprometida con un excelente muchacho que conozco de toda la vida y ahora resulta que llega casada con un total desconocido que era mejor amigo de Arturo. Ahora, ¿cómo le digo a Mauricio que mi hija no se va a casar con él? - Todavía hay una salida mi amor - dijo ésta pensando en el guapo esposo de su hijastra y en como había mirado a la chica cuando ella charlaba con su padre, sin duda alguna la amaba, se podía notar a leguas. Sin embargo nada era indestructible y si, había podido acabar con el matrimonio de su Augusto y la mojigata de su ex mujer podría acabar el de Mila. Ahora indirectamente contaba con el apoyo de su padre para hacerlo, destruiría su vida por completo. - ¿A qué te refieres? - preguntó el hombre dirigiendo su vista a ella. - Estoy segura que ese hombre no la va a amar ni la hará feliz como lo haría Mauricio - recordó a aquel joven con el que tantas veces habia pasado el rato - Y tanto tú cómo yo, ambos nos hemos dado cuenta pero ella está aferrada a él por el simple hecho de que está muy enojada contigo, solo debes darle tiempo y demostrarle poco a poco quien es su esposo en realidad. - ¿Tú lo crees? - ella asíntio. - Claro que sí, después de todo tú eres su padre - acarició su mejilla y dejó un suave beso sobre sus labios - Eres tú quien conoce lo mejor para ella, ningun humano puede ver un buen futuro para si mismo, ¿lo recuerdas? a lo mejor y es hasta un cazafortunas - dijo completando algo sin sentido alguno pero que Augusto lo creyó. - Esta bien - asíntio - Voy a demostrarle a mi hija lo mal que ha escogido, y así, quizás lograré que me perdone por haberle hecho daño a su madre. Es lo único de lo cual me arrepiento, haberla dañado tanto - ella lo abrazó haciéndose la comprensiva y rodó los ojos con sarcasmo. Ya no soportaba a aquel viejo estúpido y decrépito, tenía que obtener un nuevo blanco rápido o iba a enloquecer y tal parecía que ya tenía uno nuevo y lo había fijado desde otra dirección, aquel hombre sería suyo al final de todo al igual que lo que poseía Augusto y ahora su nueva víctima, solo era cuestión de tiempo y astucia. *************** ****************** ************** Al rato después de que los jóvenes se instalarán en sus habitaciones y que todos estuviesen en su sitio, la pareja notó que el pequeñísimo problema y un detalle muy importante, la cuna de su pequeño, no tenían allí en la hacienda, por lo que, ambos tuvieron que respirar profundamente y busca una solución hasta el día siguiente. - Bueno, creo que nuestro bebé dormirá esta noche junto a nosotros - comentó él mirando con una sonrisa a su pequeño hijo ya descansando en el centro de la cama entre varias almohadas. - Si, así parece - los observó a ambos con dulzura, amaba ver a su esposo en rol de padre, era súper tierno - Va a ser como al principio - rió recordando aquellos días donde a su esposo se tenia ir a la clínica de emergencia por la noche, y le tocaba a ella vigilar a su hijo toda la madrugada, al final terminaban durmiendo juntos hasta que su Erick llegaba casi o después del amanecer. - Ustedes como siempre - bromeó admirando el rostro de ella al ver a Diego - Sabes que él tiene mucha suerte de tenerte como su mamá, ¿no es así? - ¿Por qué lo dices? - preguntó volviendo su vista hacia él. - Porque es cierto, lo amas como a nadie y eso vale más que muchas cosas que le puedas brindar. - Te amo - admitió sin necesidad de decir nada más, lo amaba con todas las fuerzas de su corazón. - Yo también te amo - abrazó a su esposa tiernamente, sabía que ese día no había sido nada fácil para ella, después de todo ese encuentro removía muchas cosas y más que preocupado porque no le agradaba a su suegro le tenía bastante pensativo el no saber cómo aquello podía impactar la salud y estabilidad de su mujer. Sin embargo, estaba muy conciente de que aquello solo era el principio de el desenlace de la familia Harper, habían muchas cosas por las que les tocaría atravesar y él especialmente ya tenía claro que le tocaría lidiar con su nada adorable suegro y sus desplantes, no era nada extraño con una hija como Mila, pero no por eso sería sencillo aunque estaba obviamente dispuesto a asumirlo con gusto. - Gracias por tu apoyo, mi amor - lo miró con los ojos húmedos - Y en serio te pido disculpas por lo grosero que fue mi papá, es que es el acostumbrado hacendado que se cree dueño del mundo. - No hay problema, cielo - aseguró él acariciando dulcemente su mejilla secando una pequeña lágrima que resbalaba por la misma - Yo entiendo perfectamente que quizás a primera vista no le voy a parecer ni por asomó al hombre ideal para su hija, él piensa que no te merezco, pero yo haré lo que esté en mis manos para intentar agradarle. - Contigo me saque la loteria, Erick Dankworth - dijo enamorada sintiendo aquella protección que desde siempre él le había brindado. - No digas esa clase de cosas - sonrió besando su frente - Sino un día de estos me lo voy a creer y será terrible para otras personas, imagínate, Mila Dankworth diciendo que se ha sacado la lotería conmigo, eso no se ve todos los días. - Supongo que no - soltó una suave carcajada sintiéndose halagada. - Ya lo viste, no lo es, eres difícil de impresionar - acomodó su cabello. - No fue tan difícil cuando te conocí - confesó - Me enamoré locamente de ti de forma muy rápida. - Fue algo completamente mutuo - besó sus labios - ¿Por qué no vas a darte un largo y relajante baño para que vengas a descansar? yo me quedo con el niño - propuso. - ¿Seguro? - preguntó a lo qué él asíntio. - Seguro, anda tranquila, yo estoy aquí. - Gracias - suspiró agotada - Vuelvo rápido. - No hay apuro. Mila con una sensación bastante extraña aunque muy feliz de tener un esposo como Erick se fue a dar una relajante ducha, sabía que no sería nada fácil de allí en adelante lidiar tanto con su padre y Tatiana a la vez pero contaba con personas que la amaban y por ellos podía soportarlo todo el poco tiempo que se hospedara allí, y también contaba con la facilidad de irse a el hotel solo con pedirlo a su marido. Tenía que mantener la calma y hacer un esfuerzo propio de su capacidad... Ella podría, era toda una Dankworth.
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