Capitulo 4

3114 Palabras
RECUERDOS... Esa noche Mila iba bajando a ver para qué la llamaba su madre, desde hacia algún tiempo estaba algo renuente a salir de la cocina, lo cual no era de extrañar pues, era la única forma de olvidarse de su padre y todo lo que ocurría diariamente en su casa. Así que, caminando hacia allá para poder atender lo que ella requería en ese momento, apagó la pantalla de su teléfono y éste lo colocó en el bolsillo trasero de su jean. Cuando iba pasando por la entrada principal, derrepente sonó el timbre y se detuvo un momento, debía abrir la puerta no tenía idea de quién era y si era por eso que la llamaban de nada le iba a servir habe bajado desde su habitación hasta allí si no lo hacia. Pidiendo en su interior que su madre no se enfadara por hacerla esperar decidió abrir a quien fuera que estuviese allí para después ver que necesitaba su progenitora. Acomodando sus gafas y quitando el cabello de su cara suspiró y movió la minilla de la entrada abriendo la puerta a la persona que tocaba. Para su sorpresa tras la madera se encontraba un guapo joven trajeado y con una expresion muy seria. - Buenas noches - saludó él observando a la chica con mucha atención, era bellísima, a pesar de tener esas gafas éstas en realidad le favorecían, permitían apreciar su bonita nariz perfilada y le daba un aspecto tierno. - Buenas noches - dijo ella pareciendo algo nerviosa, la mirada de aquel joven la tenía intimidada, sus hermosos ojos azul profundo estaba clavados en ella y sentía como la estudiaba de pies a cabeza. - ¿Está Arturo? - preguntó él dispuesto a cumplir con lo que había provocado su llegada a esa casa. - Si, está en el jardín - informó amablemente - ¿Tú eres...? - preguntó. - Erick Dankworth, un amigo suyo - se presentó y por sus rasgos pudo saber que ella era la hermanita de su amigo - Se supone que me estaba esperando. - Bueno, disculpa que no te invitará a pasar - sonrió con culpa reflejada en su expresión - Adelante por favor - pidió y éste enseguida accedió a la vivienda - Ya lo llamó, puede esperarlo en el living. - Muchas gracias... - dijo quedándose tildado en aquel agradecimiento, no conocía su nombre. - Mila, mi nombre es Mila Harper - se presentó dándose cuenta de lo despistada que estaba - Un gusto Erick soy la hermana de Arturo - anunció confirmando sus sospechas. - Igualmente Mila - contestó con la misma sonrisa amable. - Voy por Arturo - avisó - Con permiso. - Propio - asíntio una vez y la vió irse despacio a la cocina. Ahora podía entender porqué su amigo cuidaba tanto a esa chiquilla, era una verdadera belleza además de una chica muy dulce. - Hola amigo - escuchó la voz de Arturo que lo sacó de sus pensamientos. - Hola, ¿qué tal? - dijo saludando al que era casi como su hermano. - Excelente, me dijo Mila que había llegado, había olvidado que vendrías hoy sinceramente, con la cuestión de tus prácticas en la clínica ya casi ni sales - se quejó. - Pareces una novia celosa - bromeó el otro con una sonrisa. - Dios me libre de enamorarme algún día de ti - siguió su broma - Eres tan serio que me aburriría fácilmente, no entiendo cómo hay mujeres tan locas por ti. - Ese es un don especial querido amigo, tú no haces nada al igual que yo y te consta lo sencillo que es en ocasiones - presumió - Ya sabes que soy irresistible. - Si claro - rió - Mejor vámonos, tenemos una ciudad que conquistar con mi belleza y tu inteligencia... Eso nunca falla. Y así salieron de la casa rumbo a una fiesta a la que Arturo había conseguido una invitación especial por parte de la cumpleañera, la que le gustaba mucho, él era un perfecto mujeriego empedernido desde que tenía memoria y aunque era súper inteligente y hacia su carrera de economista nada impedía que se fuera a una buena fiesta un viernes en la noche. PRESENTE Al día siguiente Mila despertó algo desconcertada sin saber dónde estaba en el primer momento, se sentía rara hasta que vió una cara conocida aparecer ante su ojos. Erick venía saliendo en ese momento del baño ya listo para iniciar su día luciendo tan atractivo como solo él podía. Entonces al verlo allí cayó en cuenta de que a su lado también estaba su pequeño hijo. - Buenos días bella - saludó él con una tierna sonrisa hinchándose frente a la cama para posteriormente besar los labios de su mujer tiernamente. - Buenos días - susurró ella entre el beso mientras le correspondía con la mano sobre su mejilla. - ¿Cómo amaneciste hoy? - preguntó acomodando su cabello el cual se había puesto sobre su cara. - Algo confundida - admitió con una sonrisa dándose la vuelta completamente para verlo bien - ¿y tú? ¿qué tal te sentó la primera noche en esta hacienda? - Bien, no es como estar en nuestra casa y en nuestra cama pero me gusta, su estilo es bastante rústico, aunque no pierde la elegancia - se sentó en el orilla de la a su lado posando la mano sobre su muslo - ¿te sientes mejor el dia de hoy? ¿estás preparada para enfrentar a la tal Tatiana? - Creo que si, hay que hacer nuestro trabajo rápidamente para que nos vamos antes de lo planeado - se incorporó quedando muy cerca de él - Tú tienes que regresar a la clínica y yo a mi casa - sonrió rozando sus narices con mimo. - No tengo objeción, aunque quiero que quede claro que no pienso en ello por huir de tu padre - besó sus labios nuevamente con una pícara sonrisa tomándola por las mejillas. - Nadie ha dicho que es por eso - soltó una suave carcajada pasando los brazos alrededor de su cuello mientras se arrodillaba en la cama - Sé que en ocasiones no es fácil pero estoy muy segura por tu mirada que no piensas rendirte con él, así como también sé que eso es por mí. - Pues estás en lo cierto mi vida - aceptó aquella realidad sin ningún problema - Creo que a pesar de todo yo no debería llevar una mala relación con tu padre, después de todo es tu padre y yo tu esposo. En algún punto de nuestra vida vamos a tener que llevarnos bien, tanto por ti como por nuestro hijo que es su nieto. - Sabes que no lo quiere - se sentó sobre sus pantorrillas - Ni siquiera un gesto le hizo al niño para saludarlo, está cien por ciento manipulado por esa mujer. - Lo sé cielo - entrelazó sus manos - Pero sabes que debes darle tiempo, todavía está muy enojado y en cierta forma ofendido por mi irrupción a su vida de forma tan drástica, poco a poco irá cediendo y se llevará mejor con Diego y conmigo, estoy seguro. - ¿Lo dices cómo padre o como mi esposo? - arqueó una ceja. - Como las dos cosas, sabes que tengo razón - guiñó un ojo - Ahora me merezco un beso, es mi premio por amarte tanto y darte tan buenos consejos - ella rió tontamente. - Claro, en lugar de neurocirujano deberias ser psicólogo - comentó con gracia. - Lo pensaré - aceptó juntando sus labios encantado de poder hacerle reír en momentos tan complicados para ella, era el sonido que más disfrutaba sobre la tierra, la risa de Mila. Con cuidado la puso a horcadas sobre su regazo hasta que algo o más bien alguien los interrumpió. Éste algo era nada más y nada menos que los balbuceos de un bebé que estaba tras la espalda de Erick con los ojos abiertos mirando hacia el techo y luego en dirección a ellos. Ambos soltaron un largo suspiró y después sonrieron mirándose mutuamente, eran padres, eso estaba muy claro. Ella dando un último y casto beso sobre los labios de su esposo se bajó de sus piernas y procedió a atender al pequeño que llamaba su atención. - Buenos días, señorito Dankworth - sonrió levantando al niño en sus brazos dejando un beso sobre su gordita mejilla - ¿Cómo estás mi amor? - preguntó haciéndolo sonreír y querer carcajearse - ¡Ay pero que bello! - dijo dejando un reguero de besos sobre su rostro - Eres lo más lindo que tiene mamá. - Si no fuera nuestro hijo estaría muy celoso - comentó Erick viéndolos maravillado de la hermosa familia que tenía. - Pero no tiene porqué estarlo - añadió ella - Tú, mi hermano y él son los únicos hombres en la tierra que me importan y lo hacen de maneras distintas. - Lo sé - aseguró haciéndole saber que solo jugaba - Me encanta verte con Diego. - Y a mí me encanta tenerlo, todavía no entiendo cómo esperamos tanto para tenerlo. - Yo opino que llegó en el momento indicado - dijo tomando al pequeño que le extendía los brazos para cargarlo - Él llegó justo a tiempo para hacernos sonreír. - Viéndolo así, coincido contigo - se levantó de la cama y fue a prepararle el biberón al pequeño para darle de comer - Préstame a el bebé, voy a darle de comer y luego voy a cambiarme. - Si quieres yo puedo dárselo - propuso - Tú puedes ir a arreglarte, yo me ocupo del bebé. - ¿Seguro? - preguntó, a lo que su marido asíntio. - Si, me haré cargo, tú ve tranquila - ella sonrió y después beso su mejilla entregándole el biberón. - Gracias - susurró. - No hay de qué - dijo igualmente, su matrimonio sin lugar a dudas era muy funcional, todo lo manejaban en pareja y hacían un cincuenta y cincuenta provocando que hubiese estabilidad. Eso les ayudaba mucho a siempre estar en simetría y ambos lo amaban. Cuando Mila salió del vestidor sentados en la cama chismoseando estaban su hermano y Erick quien le sacaba los gases al pequeño con sumo cuidado. Charlando allí los miró hasta que su esposo por fin volteó y se dió cuenta de que ella estaba allí. - Mi amor - sonrió. - Hermanita, buenos días - saludó su guapo hermano - ¿cómo estás el dia de hoy? - Buenos días - sonrió - Bien, gracias por preguntar, pero creo que sí un poco menos chismosa que tú. - Me alegro muchísimo linda - sonrió ante su comentario - Pero no olvides que antes de ser tu esposo fue mi amigo. - Claro, como lo voy a olvidar - bromeó - ¿qué tal tú? ¿fuiste a abajo ya? ¿te encontraste con Augusto? - En realidad si salí pero no me encontré con él y tampoco con Tatiana - informó - Tal parece que él salió muy temprano y no vuelve hasta dentro de un rato y Tati duerme hasta el medio día - dijo asemejando su voz a la de la ama de llaves haciendo reír a su hermana. - Ya veo, gracias al cielo vamos a desayunar tranquilos hoy - respondió - Bajemos entonces, no hay arpías rondando por la casa. Y así lo hicieron, los cuatro bajaron las escaleras y se reunieron en la cocina donde Mila preparó un rico desayuno para ellos, no confiaba ni un poco en la gente de esa casa, además de que ella tenía la capacidad de cocinar igual de delicioso que su madre y eso a su hermano y su esposo les encantaba. Cuando el desayuno estuvo listo ella empezó a servir apareció una Tatiana con una pijama muy pero muy provocativa y con su cabello despeinado de medio lado. Enseguida para no incomodar a su mujer Erick la vió y notó lo furiosa que estaba ella al verla aparecer y Arturo solo la veía como intentando comprender si ese intento de mujer realmente había reemplazado a su madre, no podía creerlo. - Buenos días - dijo ma mujer en un tono estúpidamente suave simulando haber despertado apenas - ¿cómo están hoy chicos? ¿cómo amanecieron? - Eso temo decirte que no te incumbe en lo absoluto - respondió una tajante Mila - Creí que despertabas al mediodía, no tenía idea de que despertarás tan temprano un fin de semana - añadió haciendole notar lo mucho que le disgustaba su presencia y con ello el sarcasmo que su tono contenía. - Es que la verdad Augusto se fue está mañana y quedé despierta desde entonces, no pude volver a pegar un ojo - dijo como un lamento viendo a Erick y Arturo de forma tonta, como si fuera una niñita atrapada en la mentira. Mila al ver la seriedad de su esposo y notar como esa mujer estaba haciéndose la linda con él colocó el cuchillo bruscamente sobre la encimera y logró hacerla sobresaltar - ¡Mila! - dijo espantada tocando su pecho en un acto más que de sorpresa de manera provocativa. - Se cayó el cuchillo, gracias a Dios no ha ocurrido un accidente - sonrió fríamente - podría haber asesinado a alguien sin querer - fingió con aquella voz tanto como ella, con esa amenaza provocó una sonrisa de su marido y su hermano quienes comían tranquilamente. - Ten cuidado linda, tu hermano, tu esposo e incluso tu hijo podrían salir lastimados - advirtió. - Espero eso no sea una amenaza porque la que se muere en este momento es otra persona - tomó otro cuchillo de la pequeña base donde estaban puestos aún más grande que el anterior alertando a su familia instantáneamente. - No querida, es una advertencia para que controles tus impulsos - explicó. - Yo sabré que hago con mis impulsos, en un momento desocupamos la cocina - respondió - Por ahora puedes ir a retozar en algún lugar con algún o algunos amigos, sé dónde está todo y tus fachas ahora son las mejores para visitar el lugar de donde saliste, creo que la casa de Viloria aún está abierta, puedes ir a visitarla. La mujer con cara de enojada y haciéndose la digna decidió salir de la cocina sin decir ni una salo palabras jurandose por dentro que haría pagar a esa chiquilla malcriada por lo altanera que era, algún día le haría pagar con todo cuánto amaba. - ¿La casa de Viloria? - preguntó su esposo sin comprender - ¿qué es eso? - Es el prostíbulo del pueblo mi amor - contestó Mila en un tono seco haciendo que su esposo frunciera el seño. - ¿Y tú cómo sabes eso? - interrogó arqueando una ceja mientras veía a su amigo reír. Mila lo miró con cara de “¿en serio me preguntas eso?" y aguardó un segundo a qué su hermano respondiese. - Una vez íbamos a la feria - empezó a relatar Arturo - Y me encontré de casualidad con un conocido y éste no se había dado cuenta de que iba con ya sabes quién y me comentó algo repecto al lugar - apuntó a su hermana con la vista - Y ella escuchó toda la conversación, luego de eso tuve que indicarle a la nena de 15 años qué era la casa de Viloria y lo que sigue siendo hasta el sol de hoy. - Mi mujer supo por tu culpa qué era un prostíbulo con 15 años - repitió él mirando a Arturo como si no lo creyera, él, que siempre había sido tan protector con ella ahora resultaba el culpable de el aprendizaje de aquel tema por parte de su hermana. - No fue mi culpa, ese cretino no se fijó que iba ella en el auto - se defendió. - Tiene razón, no me vió - empezó ella a reír - Después de la mención de ese horrible lugar al ver que estaba allí el chico notó mi cara de confusión y pidió alrededor de ocho mil disculpas - ambos hermanos siguieron riendo sin parar - Y eso que no explicó exactamente lo que se hacía allí, solo nombró el sitio y éste no encontraba el modo de hacerlo callar - se masajeo el estómago que dolía a causa de la risa - Lo que más recuerdo es la cara de Arturo cuando por fin llegamos a la feria, era muy divertido. - Ya lo veo - sonrió él encantado con la complicidad que había entre ellos, era de verdad increible como se llevaban tan bien, casi como amigos a pesar de la diferencia de edad - Ustedes dos tienen aventuras fuera de serie, es la pura realidad. - Con mi hermano nunca se puede ser normal - admitió ella - Y aún no te hemos contado de cuando íbamos a cabalgar con nuestros padre y éste salía con que tenía sueño y se quedaba dormido dejándome a cargo de que llegara a salvó a casa - comentó - Era súper infantil. - Bueno, esas historias me gustan mucho - confesó - Ya me imagino cuántas veces se cayó el tonto del caballo. - Ninguna - dijo ella - Yo era una excelente jinete, gracias a esl está vivo el día de hoy. - Esa cualidad no la conocía - sonrió él coqueto - Creo que mi señora deberá enseñarme qué tan buena es montando a caballo - propuso. - Vamos entonces - aceptó sin más - Te voy a mostrar cuán buena soy manejando un caballo. - Mejor de lo que maneja un auto si - bromeó su hermano. - Vamos entonces - se levantó Erick acercándose a ella y tomando su mano - ¿Vienes Arturo? - Mejor voy a darle un paseo por las tierras a Diego - se excusó - No me gusta interrumpir a los enamorados en sus románticas citas, iremos todos después. - Está bien - ella besó su mejilla - Gracias, volvemos pronto. Y así salieron caminando despacio charlando tomados de la mano dispuestos a divertirse al máximo, amaban disfrutar el tiempo juntos y eso fortalecía si relación cada día un poco más. - Bien pequeño, vamos a caminar un poco por los alrededores - propuso a su sobrino que sonrió - Tus padres necesitan algo de tiempo solos, no lo han tenido desde hace algún rato, con suerte y hasta te dan un hermanito - el bebé empezó a balbucear - Si, ya me calló, vámonos entonces.
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