Capitulo 5

2422 Palabras
RECUERDO... Esa mañana Mila estaba en el jardín de su casa leyendo uno de sus tantos libros favoritos, sentada frente a la piscina en una cómoda silla de extención en la zona donde el sol no llegaba, disfrutaba del cálido clima de primavera de una manera que solo ella comprendía. Esa mañana su madre había estado ocupada todo el día en la oficina dirigiendo reuniones y dando instrucciones en cuanto a el lanzamiento de su nueva línea de ropa, su marca era un éxito y todo gracias a su buena publicidad y la originalidad de sus diseños. Su hermano Arturo por otra parte había salido ese día en la mañana y aún no regresaba del asunto que estaba solucionando así que como siempre, ella se encontraba prácticamente sola en su casa. Durante largo rato en la mañana estuvo así, en silencio, solo en compañía de las pocas aces que habían de vez en cuando el dando por esa zona de la ciudad hasta que derrepente, llegó su madre en compañía de el chico que había llegado el fin de semana anterior a su casa, era Erick, el mejor amigo de su hermano. Alertada por su presencia en su casa nuevamente, se acomodó en silla al ver que se dirigía hacia ella. - Mila - le habló su madre llegando hasta dónde ella se encontraba teniendo su celular en la mano en compañía del joven que solo la observaba. - Dime mamá - preguntó poniéndose de pie para recibir a la inesperada visita como era debido. - Hijita necesito un favor - Mila la escucho atentamente esperando sus instrucciones, la mujer se dió cuenta de ello y continúo hablando. - Él es Erick, el amigo de tu hermano - le informó señalando a Erick que las observaba en silencio - ¿Puedes acompañarlo en lo que llega Arturo? - pidió amablemente - Tu hermano se retrasó con unas cosas que tenía que hacer y me llamó pidiendo que lo atendiera en lo que regresa pero, ahora mismo estoy con una llamada y como tú estás desocupada. - Tranquila mamá, no hay problema - aceptó comprendiendo lo que le quería decir con eso. - Gracias, corazón - besó su mejilla - En un momento regreso. - Está bien - asíntio y vió a su madre hasta que desapareció dentro de la casa contestando otra llamada. - Creo que son la familia más espontánea que conozco - comentó Erick con una amable sonrisa y las manos dentro de sus bolsillos. Mila lo observó de la misma forma y soltó un largo suspiró. - Eso hemos escuchado - dijo con una risita nerviosa añadida - No lo veo como algo de otro mundo tampoco pero, no, no somos del todo normales. - Eso me gusta - admitió viendo a la jovencita de tan solo 17 años algo sonrojada ante ese comentario, era simplemente hermosa - ¿Cómo estás? - preguntó más tarde, se había enterado en la reunion con su amigo lo de la separación de sus padres y lo mucho que sufría su hermana a raíz de eso, no estaba siendo facil para la familia. - ¿Me lo preguntas a mi? - respondió con otra pregunta algo sorprendida por eso, no se habia esperado jamás que ese amigo de su hermano le preguntara algo así. Erick asíntio y ella fijando su vista en él parpadeó y luego decidió a contestar - Estoy bien, gracias ¿y tú? - Excelente - aseguró con tranquilidad sin quitar sus ojos de ella, solo la miraba y se mantenía igual. Mila sin saber qué hacer o que decir ante su mirada tan linda como incomprensible optó por iniciar otra charla - ¿Quieres algo? ¿sente ofrece alguna cosa? ¿Té, café, agua...? ¿algo? - No tomo té, un café estaría bien, gracias - aceptó notando la incomodidad y nerviosismo de ella, no era su intención de ninguna manera causar tales efectos en aquella nena, sin embargo, tampoco había podido evitarlo. - De acuerdo, vamos a la cocina - propuso dejándolo pasar antes que ella. - Primero las damas - otorgó el lugar y ella empezó a caminar agradando le su caballerosidad, estaba muy nerviosa como para discutir sobre si pasar antes o pasar luego. - Gracias - susurró caminando con paso firme, no sabía que le pasaba con él pero era muy extraño lo que eso le provocaba. ******************** *********** ***************** PRESENTE Mila y Erick al salir de la mansión caminaron hasta los establos dónde estaban tanto caballos como trabajadores, tomados de la mano llegaron a el lugar y observaron todo con detenimiento, ella más que él pues, infinidad de recuerdos llegaban a su mente sin poder evitarlo o poner remedio. - Este lugar no ha cambiado en lo absoluto - susurró ella en modo complice a su esposo con una sonrisa - Esta idéntico, solo que un poquitín mas deteriorado. - Los años no pasan en vano entonces - sonrió besando su sien. Ella lo miró y negó mordiendo su labio inferior emocionada. - La verdad es que no - suspiró - Vamos, voy a pedir los caballos. - De acuerdo - caminó junto a ella tranquilamente hasta llegar a dónde estaba el capataz sentado en un rincón. - Buenos días - saludó - Necesito que me ensillen dos caballos por favor, uno para mí marido y el otro para mí. - Buenos días, señora - saludó éste - Por supuesto, enseguida. - Gracias - hizo un asentimiento con la cabeza como gesto de amabilidad. Dándose media vuelta quedó frente a su esposo que la veía con adoración - Listo mi amor, en un momento nos vamos - anunció con una sonrisita. - ¿Sabes lo linda que te ves con esas botas y tú traje de vaquera? - preguntó con picardía tomándola por la cintura y acercándola a él - Estás preciosa - la halagó acomodando algunos mechones de su cabello en su espalda. - Gracias, aunque he de admitir que tampoco te ves nada mal - acomodó sus lentes quitando estos de su cara para verlo mejor. - Te amo, Mila - dijo viendo sus ojos transparentando su sinceridad en aquellos ojos azules tan preciosos - Te amo y amo verte sonreír todos los días. - Yo también te amo, Erick - susurró abrazándolo sin pensarlo más, sabía porque lo decía y la reconfortaba mucho tenerlo a él para apoyarse siempre, era la persona que más la había apoyado en ese proceso y se lo agradecía infinitamente. Al llegar el capataz ambos agradecieron a él y luego salieron juntos dando una vuelta a las tierras de Augusto Harper, todos los campos estaban bellísimos y muy bien cuidados, los viñedos estaban repletos de uva y con el sol en su punto todo lucía aún más verde. Durante largo rato estuvieron corriendo con los caballos y haciendo breves carreras en las que se sorteaban el título de ganador entre uno y otro, al terminar ella se detuvo frente al caballo de su esposo y lo vió tratando de moderar su respiración. - ¡Gané! - celebró feliz chocando la mano con la de Erick en un “dame cinco" - Felicitaciones reina mía - dijo orgulloso de la hábil mujer que tenía frente a sus ojos, era toda una amazona capaz de domar a un potro tan fácilmente como podía manejar las emociones de las personas en sus consultas para enseñarlos a moderar sus pensamientos. - Gracias mi amor - derrepente sus ojos brillaron con picardía - Te enseñó un lugar - propuso con una mirada complice. - Claro, muéstrame ese sitio - aceptó. - Vamos, sígueme, te va a encantar - aseguró dando la vuelta y dirigiendo con calma su caballo. Trotando llegaron rápidamente a un lugar profundamente escondido entre el precioso bosque que había allí en los alrededores de la hacienda y tras pasar varias hectáreas, detrás de varias enredaderas que ella le obligó a pasar había un hermoso riachuelo junto a un campito que parecía sacado de un cuento de hadas. - Bienvenido mi amor - dijo con una amplia sonrisa cruzando mirada con él. - Está muy lindo este lugar mi vida - admitió Erick ayudándola a bajar del caballo - ¿Aún estamos dentro de las tierras de tu padre? - Si - vió todo con atención y muchos recuerdos viajaron nuevamente a su mente - Esto está en la última parte de sus tierras, ya casi finaliza y entra a la que sigue. Lo descubrí cuando era niña, tenía siete años y me puse a andar por las tierras yo sola, recuerdo que al atardecer la iluminación es espectacular, ¿te gusta? - Mucho, creo que deberíamos traer a Diego - sugirió - Seguro que cuando crezca un poco le fascinará. - Claro, sería buena idea - suspiró - Todo eso sería muy bueno si en la casa no tuviéramos que lidiar con Tatiana y su estúpida actitud de mujer digna - dijo con enojo - Odio que esa mujer se pasee en la que fue la casa de mi madre como la gran señora, no tolero su descaro y menos la forma en la que te mira. - Eso será solo por unos días, cariño - hizo que lo viera a los ojos colocando ambas manos en sus mejillas. Mila empezó a respirar profundo y sus ojos se humedecieron rápidamente enrojeciendo sus mejillas, allí iban de nuevo, ella seguía siendo afectada por los actos de su padre. - Estoy muy enojada Erick - dijo dejando que sus lágrimas fluyeran libremente mientras su esposo la escuchaba otra vez, ya había perdido la cuenta de cuántas veces la misma escena se había repetido en su vida junto a él, solo sabía que muchísimas y como siempre estaba allí para escucharla y darle todo su apoyo y amor. - Lo sé mi cielo, yo sé que si - lo abrazó con todas sus fuerzas sintiendo tambien sus brazos alrededor como queriendo protegerla de aquel sufrimiento. Erick volvió a la posición anterior y vió sus ojitos hinchados por las lágrimas, odiaba verla así - ¿Quieres que nos vayamos? - preguntó decidido a sacarla de allí si así lo quería - Mi amor sabes que solo una palabra tuya y puedo mover el mundo entero para que nos vamos está misma noche mi cielo, odio verte llorar Mila - secó sus mejillas con dulzura - Pídeme que te saque de este lugar y nos vamos yá. - No puedo irme, sabes que no puedo decepcionar a mi mamá, debo velar por los bienes de la familia - dijo - No quiero dejarle a ella todo el trabajo que llevó años de la vida de mi mamá, no quiero permitirle que me derrote, no puedo dejar que influya en mi de esa manera. - Mila Dankworth - llamó él su atención - Si lo que te preocupa es el trabajo de tu madre y todo lo que le pertenece a tu familia yo puedo enviar a toda la gente que sea necesaria para monitorear todo lo que dispongan, si te quieres quedar para superar esto te voy a ayudar, pero si te quieres quedar para hacerte la fuerte y no verte como una mujer derrotada, que no eres, así te vayas de este sitio - pausó mirándola con seriedad - Yo mismo te voy a llevar al avión y te llevaré a Rusia para seguir con nuestra vida y evitar que te sigan dañando así me odies de por vida. - Yo no podría odiarte, Erick - expuso con obviedad - Pero si, en realidad no quiero verme como una mujer derrotada, sin embargo no es eso lo único que me detiene aquí, quiero superar esto y saber que esa mujer existe sin odiar a medio mundo por ello, quiero ser feliz y respirar el aire fresco del campo con paz, sin que Miles de recuerdos malos vengan a mi mente, por nuestro hijo, por mi mamá, por mi hermano, por mi, pero principalmente por tí, quiero ser una mujer completa para que tengas paz tú también, no quiero seguir en lo mismo - confesó. - De acuerdo, si es así nos quedamos en la hacienda - afirmó - Pero en el momento que vea que te hace más daño del que creo conveniente nos vamos, ¿de acuerdo? - ella asíntio sin replicaba, sabía que solo la estaba cuidando. - De acuerdo mi amor - lo abrazó - Gracias - susurró fijando sus ojos en él. - No hay de qué - aseguró conciente de que cada una de sus palabras eran verdad, si era necesario movería cielo, mar y tierra para verla bien y feliz, no iba permitir que nada arruinara su vida y estabilidad por un simple capricho momentáneo, ella era mucho más valiosa que todo lo que había en aquellas tierras y no sé arriesgaría a que ella sufriera de más. - Eres el hombre más lindo que conozco - sonrió otra vez y se acercó sutilmente. - Me siento halagado - admitió con gracia dejando un beso sobre sus labios - Te amo - dijo sin despegarse ni un poco. - Yo te amo a ti - respondió sintiendo un beso de su esposo sobre la piel de su cuello - ¿Qué haces? - preguntó riendo como tonta notando sus intenciones, él era increíble, aún en un día malo siempre la hacia sentir bien. - ¿Recuerdas nuestra luna de miel? - mencionó aquel magnífico viaje que jamás olvidaría. - Si, como no recordarlo - contestó desacomodando su cabello color canela. - El recorrido en Escocia y el lago cerca de él castillo de Urquhart - ella hizo el asentimiento con su cabeza con una pícara sonrisa. - Si, ¿tienes planeado algo similar? - rió nerviosa sintiendo como la levantaba en el aire llevándola cerca del río para llevar sus manos a su cabello apartando éste de su rostro. - Quizas mejor - guiñó un ojo. - No estoy lista para tener otro hijo todavía - avisó. - Nos ocuparemos de eso después - bromeó haciendo que soltará una carajada y luego unió sus labios. - Eres único Erick - negó encantada. - Me gusta eso, pero me conformó con ser tu único amor tal y como tú lo eres para mí - fijó sus ojos en ella. - Eso no hace falta decirlo, ya sabes que lo eres - contestó, cada día estaba más segura de que lo era y lo sería, no cabía duda.
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