Capítulo 22: Evento

1561 Palabras
REBECA Jueves, 17:12 p.m. Quedaban pocos minutos para que Elías y yo fuéramos al evento que empezaría a las cinco y media. Mientras tanto, decidí hablar por teléfono con mi hermana, ya que Elías seguía en su habitación y no quise molestarlo. Silvia: — ¿Y ya te vas para ese evento al que tienes que asistir? — Todavía no, en unos minutos Silvia: — ¡Ah! — ¿Mamá y papá ya llegaron? Silvia: — Aún no, pero están en camino. Me dijeron que se quedarán el fin de semana aquí para ver a Benjamín — Yo les había comentado que no estaría ahí, pero bueno, otro día los veré Silvia: — Sí, no te preocupes. Ya pasaremos un fin de semana todos juntos — respondió con calma. — Si vuelvo temprano del evento, les llamaré. Tengo días sin hablarles Silvia: — Vale, y si no, hasta mañana — Sí, ya veré. Bueno, hermana, te dejo, voy a ponerme los tacones y terminar de alistarme para salir Silvia: — Okay. Que te la pases bien en ese evento — Gracias. Dale un beso enorme a Benjamín de mi parte Silvia: — Lo haré. Disfruta de la noche — Tú también. Y, oye, gracias por cuidar a Benjamín Silvia: — Sabes que lo hago con cariño, es mi sobrino — contestó con una sonrisa que se sentía en su voz. — Lo sé. Bueno, hablamos después. Chao Silvia: — Claro. Cuídate mucho, adiós Colgué la llamada, me puse los tacones, me acerqué al espejo, y terminé de pintarme los labios con un tono rojo intenso, que contrastaba perfectamente con el n***o del vestido. El vestido no era ajustado, pero tampoco flojo. De corte midi, con un escote en forma de corazón y tirantes delgados, era elegante y sofisticado. Mis caderas se marcaban por el ajuste del vestido, y mis hombros quedan descubiertos, lo que me recordaba que aún tenía un cuerpo que llamaba la atención. En sí, el vestido era hermoso, pero algo en mi interior me contradijo con esa idea, ya que me sentí insegura de no sentirme bella. Por un lado, consideraba que mi cara era linda, con ojos café y cabello en un tono similar. Mis pechos, de tamaño medio, a veces me generaban incomodidad, especialmente cuando hacía ciertos movimientos, como saltar, que los hacían más evidentes de lo que me gustaba. Pero también sabía que, al mirarme de nuevo en el espejo, eran parte de lo que me hacía sentir femenina, un atributo que me gustaba en otros momentos. Por otro lado, lo que a veces me hacía dudar eran mis caderas y piernas, algo más grandes de lo convencional, y la pancita que, a pesar de cuidarme con una dieta equilibrada y ejercicio moderado, seguía ahí. No me exigía demasiado, porque también me daba mis gustos, un postre o una copa de vino de vez en cuando. Después de todo, no tenía que ser perfecta, solo mantenerme saludable, pero esa pancita a veces me recordaba que no siempre había sido tan estricta conmigo misma. Asimismo, mi cuerpo no era tan delgado, pero tampoco estaba fuera de forma. Estaba en un estado adecuado. A pesar de eso, la duda de si era lo suficientemente bonita como para gustarle a alguien me invadía constantemente. Y como actualmente no tenía pareja ni nadie parecía fijarse en mí seriamente, esos pensamientos se intensificaban, recordándome que tal vez no era tan deseada como pensaba. Finalmente, lancé un suspiro profundo y cerré los ojos. Me dije a mí misma que sí, era bella, que sí le iba a gustar a alguien, y al indicado. Era momento de dejar atrás esos pensamientos oscuros, de empezar a reconocer lo bueno que había en mí. Porque al final, un cuerpo bonito no era lo único valioso; había mucho más dentro de mí, algo que valía la pena descubrir y amar. Así que, dejé de mirarme en el espejo, tomé mi bolso y me preparé para salir. Crucé el marco de la puerta y, justo entonces, vi a Elías aparecer al fondo del pasillo. Venía abrochándose un abrigo largo de lana n***o, y en cuanto sus ojos se encontraron con los míos, su mirada cambió. Era una mirada que jamás había visto en él antes: intensa, cargada de algo indescifrable. Entonces, un escalofrío recorrió mi espalda cuando su mirada se deslizó lentamente por mi cuerpo, de arriba a abajo, con una mezcla de intensidad y algo que no podía definir del todo. Había un magnetismo en su expresión que me dejó sin aliento, como si, en ese instante, viera en mí algo que yo apenas estaba empezando a descubrir. Elías: — ¿Nos vamos? — preguntó con una voz grave, lo que me causó un ligero temblor, como si su tono tuviera el poder de encender algo en mi interior. Además, noté sus mejillas enrojecidas, como si trajera ese rubor desde hacía un rato. No sabía si se debía a algo que había tomado o a lo que había estado haciendo antes, pero había algo en él… parecía ligeramente agitado, como si estuviera conteniendo algo. Pero lo que más me desconcertó fue esa extraña atracción que de repente sentí hacia él. Era su postura, cómo su cuerpo parecía estar tan cerca de mí, como si la distancia entre nosotros se desvaneciera en el aire. Y luego, estaba su perfume, tan agradable, suave y envolvente, sin ser excesivo ni fuerte, pero suficiente para despertar una sensación en mí. Mis hormonas se volvieron locas al oler su fragancia, combinada con su propio aroma corporal. Ya me había pasado otras veces, el cómo su olor me descolocaba, pero nunca tan fuerte ni tan rápido como esta vez. — Sí, vamos — respondí y él abrió la puerta. Me dejó pasar y luego salió él. 18:35 p.m. El evento estaba en pleno apogeo, con diversas empresas exhibiendo sus propuestas de inversión y buscando nuevas alianzas estratégicas. Cada compañía tenía su espacio cuidadosamente delimitado, lo que les permitía destacar sus proyectos de manera efectiva y atraer la atención de los asistentes interesados en colaborar. Nuestro lugar, en particular, estaba ubicado estratégicamente cerca de la zona de acceso, lo que aseguraba una buena visibilidad, pero al mismo tiempo, lo suficientemente apartado para ofrecer privacidad en las conversaciones importantes que se generaran. La mesa que habíamos preparado era sencilla, pero profesional, con folletos informativos, gráficos dinámicos en una pantalla digital, y el logo de LuxorMark, destacando de manera clara en un cartel ubicado detrás de nosotros. Todo estaba dispuesto de manera que proyectara confianza y profesionalismo, buscando que los asistentes se sintieran cómodos y a gusto al acercarse a nuestra propuesta. Así pues, estábamos escuchando a una de las tantas empresas hacer su presentación correspondiente de cinco minutos para exponer su propuesta en la búsqueda de nuevos socios estratégicos, mientras nos preparábamos para ser los siguientes en presentar. Sabíamos que este sería un momento clave para transmitir nuestro valor y posicionamiento en el sector del márquetin de lujo, y que la responsabilidad de llevarla a cabo recaería en Elías, el CEO, acompañado de Carlos, el Director de Operaciones. Y, específicamente, Carlos parecía un poco agitado y nervioso, a diferencia de Elías, quien se mantenía sereno. Quizás su calma se debía a su experiencia presentando frente a grandes audiencias o, tal vez, simplemente confiaba plenamente en lo que iban a exponer. Minutos después. Elías empezó hablando en la presentación y se mostró increíblemente seguro durante toda la exposición, atrayendo la atención de los asistentes, y obviamente, la mía. No solo por cómo se movía con una postura que denotaba seguridad, sino también por esa mirada directa que reflejaba una autoridad innata, combinada con su capacidad para conectar con la audiencia, dejando claro que estaba perfectamente cómodo en ese rol. Pero lo que realmente me cautivó fue lo guapo que se veía, algo que no podía pasar desapercibido, está claro. Su elegancia y su voz… tan madura, tan segura, que me tenía hipnotizada. De hecho, por un momento, dejé de prestar atención a sus palabras y me concentré únicamente en su rostro y cuerpo, observando cómo sus manos se movían con sutileza. Ay, diosito… Ese hombre se veía tan guapo, además, había una lámpara en el techo que lo bañaba con su luz desde el escenario, y con su voz, escuchándola de fondo como una melodía, hacía que lo viera casi como una figura irreal. Pero de inmediato, me forcé a dejar de verle de esa manera. Tratando de no caer en esa atracción que me inundaba, porque eso no me lo podía permitir. Parecía que mi mente se estaba fijando en él de maneras que no debía. Él solo era Elías, un hombre muy atractivo, con unos ojos encantadores y una mirada tan picante… Ay, no, ¿por qué me parecía tan irresistible? «Ya, por Dios, concéntrate», me dije. Por último, desvié la mirada y la dirigí hacia la gente, que estaba atenta a las palabras de Elías. No sabía si entre ellos habría alguien interesado en el objetivo de la empresa, pero tenía la esperanza de que alguno de los inversores presentes en el evento se interesara en nuestra propuesta y viera el valor de lo que estábamos ofreciendo. Sin embargo, tanto yo como el equipo debíamos sentirnos satisfechos. Sabíamos que estábamos haciendo bien nuestro trabajo, sin importar lo que pasara luego.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR