REBECA
18:35 p.m.
Llegué a casa y, desde que había salido de la empresa, no dejaba de pensar en la charla que había tenido con Elías. Todo seguía dando vueltas en mi cabeza.
Abrí la puerta, entré a la casa y, en la sala, me encontré con mi hermana Silvia y mi pequeño Benjamín. Estaban jugando con unos bloques de plástico armando una figura.
— Hola, ya llegué — dije, quitándome el abrigo y dejando que la calma de la casa me envolviera.
Benjamín: — ¡Mami!
— Hola, mi amor — respondí, sonriendo, me acerqué a él para recibir su cálido abrazo y le di un beso en la mejilla,
— ¿Cómo estás? ¿Te la pasaste bien en el cole?
Benjamín asintió con la cabeza y luego se volvió a sentar, retomando su juego.
Silvia: — ¿Qué tal? ¿Cómo te fue en el trabajo?
— Ay, pues, ¿qué te digo? — respondí, buscando las palabras para contarle.
Silvia: — ¿Y eso? ¿Qué pasó? — preguntó con preocupación.
Benjamín: — Mami, ¿puedo tomar un jugo?
— Claro, cariño, ahora te lo doy
— respondí con una sonrisa y fui al refrigerador.
— ¿Te gusta el de manzana?
Benjamín: — Sí
Silvia: — Por tu cara, parece que pasó algo serio. ¿Te pasó algo malo en el trabajo? — me preguntó mientras yo le daba el jugo a Benjamín.
— Ven, te lo voy a contar — dije, dejándome caer junto a ella en el sofá mientras Benjamín, se volvió a sentar en la alfombra, y se acomodaba para beber su jugo.
Silvia: — Te ves agitada… ¿A caso pasó algo con tu jefe?
— ¿Cómo lo sabes?
Silvia: — No sé, solo lo supongo, es que tienes cara de que algo no va bien
— Pues sí
Silvia: — A ver… Cuéntame
— Verás, el último día que Elías y yo nos quedamos en el hotel, después del almuerzo, Elías me contó algo que no me esperaba
Silvia: — Ajá
— Él me dijo que buscaba tener algo físico, que estaba interesado en eso
Silvia: — ¿¡Tan directo fue!? — preguntó alzando las cejas, incrédula.
— Sí, pero fue porque yo le pregunté si tenía novia, y él me respondió que no, y que lo que ahora le interesaba era tener algo físico con alguien. Lo que más me sorprendió fue que me hizo la propuesta de hacerlo conmigo
Silvia: — ¿¡Cómo!? ¿¡Qué!? ¿¡Tú!?
— Sí, escuchaste bien
Silvia: — ¿Y qué le dijiste?
— No le di una respuesta, porque justo en ese momento llegó Carlos, un compañero, y nos interrumpió. Pero justo hace rato, Elías me pidió hablar con él y me terminó de contar su propuesta
Silvia: — ¿Y?
— Y le dije que me lo iba a pensar. Le iba a decir de una vez que sí, que quería lo mismo que él, pero luego recordé lo que me pasó con mi ex y me dio miedo
Silvia: — Ay… Te entiendo. Pero olvídate de eso. Vive tu vida. ¿No quieres salir con él? ¿No te parece atractivo?
— Sí, pero no sé si hacer lo que él me dijo
Silvia: — ¿Por qué no? Si él te lo propuso, te está dejando claro que le gustas y le pareces guapa. Aprovecha, no siempre vas a encontrar a un hombre así de guapo e interesante
— Pero no solo eso es lo importante
Silvia: — Lo sé, pero si él te sugirió tener solamente algo físico contigo y tú también estás de acuerdo, hazlo. No estás haciendo nada malo. Es algo mutuo, ese deseo es de los dos. Es verdad que tal vez tú quieras algo serio con él, pero por algo se empieza. ¿Qué tal si él en un futuro se enamora de ti?
— No lo sé, no creo… A ver, tampoco es que quiera algo serio con él, porque siento lo mismo que él, que me atrae físicamente
Silvia: — Pues por eso mismo. Vive tu vida, disfruta de ti. No siempre se sabe lo que va a pasar, pero lo importante es lo que sientes ahora. Vive el momento
— ¿Tú crees?
Silvia: — Ay hermana, nunca te había visto tan indecisa. Tú siempre te lanzas y no pierdes las oportunidades que te da la vida. Siempre has sido valiente, más que yo
— Pero me siento indecisa porque me da miedo lo que vaya a pasar con Elías. Él… Es que es muy guapo. Yo no sé cómo se ha fijado en mí. Él me impone muchísimo, de buena manera. Me hace sentir cosas de mujer…
Silvia: — Ja, ja
— Sí, es verdad. Yo no sé si tiene demasiada testosterona, pero logra causarme cosas con solo mirarme que ningún hombre ha podido
Silvia: — En pocas palabras, se te mojan las bragas tan solo de verle
— Ja, ja, exacto
Silvia: — Pues aprovecha eso. ¿Qué más quieres? Si él te pone y además, te ha dicho que la atracción es mutua, ¿qué esperas? Haz lo que tu cuerpo te pide
— Pero él es mi jefe
Silvia: — ¿Y qué? Mientras sean discretos, nadie tiene por qué enterarse. Además, sigue siendo una persona común y corriente. Es cierto que parece raro, pero si tú y él estáis de acuerdo no hay problema
— Ya, tienes razón. ¡Ay!… No sé qué hacer. ¿Le digo que sí?
Silvia: — Yo diría que vivas el momento. No te prives de algo que quieres solo por miedo. Diviértete y disfruta, la vida solo es una y con tu edad, estás más que lista para eso. ¿Él es mayor, verdad?
— Sí. Él tiene treinta y dos
Silvia: — ¡Ah! Tiene los mismos años que yo, porque este año los cumplo. Está en su punto
— ¡Y vaya que sí! — comenté con una mezcla de picardía y emoción, recordando lo mucho que me atraía. Entonces, las dos reímos, aunque en mi cabeza la idea de estar con Elías seguía dando vueltas. Sabía que estaba jugando con fuego, pero quizá, por primera vez en mucho tiempo, tenía ganas de quemarme.
Silvia: — ¿Vas a verlo mañana?
— Sí… como todos los días
Silvia: — Pues, si ya tienes tu decisión, que yo creo que sí, solo que todavía no te atreves a aceptarla, dísela y vemos qué pasa. Yo pienso que es un buen hombre para ti, aunque solo lo haya visto una vez en persona, cuando coincidimos en la discoteca y te invitó a bailar. Pero me pareció un buen tipo, porque si no, no te diría que le dieras un sí a su propuesta
— ¿Y si le digo que sí, qué pasará con Benjamín? No le he dicho nada a Elías de que tengo un hijo porque siento que le va a incomodar. No sé, es como si decir que tengo un hijo fuera una barrera para muchos hombres. Ya lo sabes, más de uno ha perdido el interés cuando se entera
Silvia: — Sí, tienes razón. A algunos hombres les asusta la idea de salir con una mujer que ya tiene un hijo, pero ¿sabes qué? Si Elías solo quiere algo físico, en teoría no tendría por qué afectarle
— Lo sé, pero aun así me preocupa. No quiero que se entere después y piense que lo engañé u oculté algo importante
Silvia: — Bueno, entonces ve cómo fluyen las cosas. No tienes que decirle nada todavía. Si con el tiempo sientes que hay más confianza y que la cosa puede ir más allá de lo físico, ahí sí cuéntaselo
— O sea, que lo disfrute mientras dure, sin pensar en el futuro
Silvia: — Exacto. Y si las cosas se terminan antes de que tengas que decírselo, pues ni te preocupas
— Eres una mala influencia
Silvia: — Ja, ja. No, soy tu hermana y te digo lo que sé que quieres escuchar
— Pues sí... — dije y lancé un suspiro.
— ¿Sabes qué? Le voy a decir que sí
Silvia: — Vale
— Más que nada porque siento que en verdad le gusto y no lo dice solo para aprovecharse
Silvia: — Ajá
— Sí, porque cuando estábamos en el hotel, en la noche, entré a su habitación y no te imaginas lo que vi… Lo vi en calzones. No es que yo quisiera entrar para verle así
Silvia: — ¡Ay, sí, ajá! — comentó con una sonrisa burlona, cruzándose de brazos. — Seguro que fue pura coincidencia...
— ¡De verdad! Yo no quería, solo fui a dejarle unas cosas y justo coincidió que él estaba así. Pero ahora que lo pienso, me pareció que él sí o sí está dispuesto a mí, porque no se avergonzó en absoluto de que lo viera, es más, pareció que le gustó
Silvia: — ¡Pues ya está! Esa es otra prueba de su interés genuino
— Sí... Y él también me vio cuando salí de la ducha, pero no me vio desnuda, sino con una toalla
Silvia: — ¿Otra coincidencia?… — dijo, levantando una ceja con picardía.
— Sí. Pero el punto es que ese viaje y el hecho de haber compartido una habitación hizo que nos viéramos en situaciones… diferentes
Silvia: — Diferentes no, íntimas
— Bueno, sí, fue extraño pero… creo que nos ayudó a vernos de otra manera
Silvia: — Más razón para que te animes. La tensión entre vosotros es evidente. Solo te falta dar el paso — dijo, dándome un pequeño empujón en el brazo, lo que me hizo sonreír.
En el fondo seguía sintiendo una inquietud en el pecho, pues no podía negar lo mucho que me atraía Elías, pero ¿podría realmente separar lo físico de lo emocional sin que nada se complicara? Al menos, lo iba a intentar. Al fin y al cabo, no había sentimientos de por medio porque no estaba enamorada de él, solo me gustaba por su físico y bueno, también algunas cosas de su personalidad, pero para decir que estaba enamorada, no.