Capítulo 27: Un beso lleno de deseo

1577 Palabras
REBECA Martes, 8:55 a.m. Iba llegando a la oficina con un poco de temor de encontrarme con Elías por los pasillos. Ahora tenía una respuesta a su pregunta y a su propuesta de tener algo físico conmigo. Toda la noche le había dado vueltas a ese asunto y había llegado a una conclusión: debía dejarme llevar. Como había dicho mi hermana, tenía que disfrutar de mi vida y, en este caso, de mi sexualidad. Desde que me separé de mi ex apenas había estado con otro hombre. Solo con uno con quien empecé a salir, pero cuando le mencioné que tenía un hijo, dejó de buscarme. Tal vez por miedo a comprometerse. Desde entonces, perdí el interés en conocer a alguien nuevo, y más porque ningún hombre lograba captar mi atención en todos los sentidos. Pero Elías… Él había logrado despertar en mí algo que creía dormido. Me atraía, y ahora que había dejado claro que lo suyo era solo deseo, ¿por qué no aprovechar la oportunidad? Yo también quería volver a sentirme deseada, disfrutar del placer de estar con un hombre, y no cualquier hombre… Si no Elías. No todos los días se presentaba una oportunidad así. Caminé por el pasillo dirigiéndome a mi oficina y, justo al pasar por la puerta de la de Elías, lo vi. Estaba hablando con otro hombre, Gabriel, del departamento de Finanzas. Nuestros ojos se cruzaron por un breve instante, pero yo no quise interrumpir. Fingí no haberlos visto y seguí mi camino hasta mi oficina, cerrando la puerta detrás de mí con un leve suspiro. Me había dado escalofríos su mirada. No era miedo, no exactamente, pero sí una sensación extraña, una mezcla de inquietud y nerviosismo. A decir verdad, tenía ganas de ver de qué era capaz Elías en la intimidad, pero también me intimidaba. Había algo en él, en su forma de mirarme, de hablarme… Se veía que le gustaba ser intenso, pasional, salvaje. Y eso me inquietaba, no de mala manera, sino porque nunca había sido así con nadie. Pero con él… con él sí tenía ganas de intentarlo. Si Elías se dejaba llevar de esa manera y me daba la confianza para hacerlo, yo también estaría dispuesta. Era algo que quería probar, porque presentía que, una vez que cruzara esa línea con él… Me iba a gustar demasiado. 16:43 p.m. Durante todo el día me había pasado ocupada, haciendo varias cosas, y no había tenido tiempo de ver a Elías. De hecho, él también había estado inmerso en varias reuniones. Estuvo bastante solicitado el día de hoy, así que no quise molestarlo. Pero entonces, la puerta de mi oficina se abrió, y ¿quién era? Sí, Elías. — ¿Señor Monteiro, qué se le ofrece? — dije con una sonrisa amable, intentando parecer más tranquila de lo que realmente me sentía. Elías: — Venía a pedirte que me entregues los documentos de la semana pasada, los que quedaron pendientes — ¡Ah, sí! Ahora los busco y se los doy Elías: — Llévalos a mi oficina — dijo sin apartar la mirada de mí, dando media vuelta con paso firme. Cuando se alejó, tomé una respiración profunda. Entonces, antes de salir, arreglé un poco mi ropa y me acomodé el cabello, tratando de reunir la valentía suficiente para enfrentarme a lo que sabía que sería un encuentro cercano. Finalmente, tomé los documentos y me dirigí hacia su oficina. Al llegar, Elías estaba arrimado en el escritorio con los brazos cruzados y con esa mirada intensa que siempre me ponía nerviosa. Estaba esperándome, y al verlo sentí como si todo en la habitación se redujera a solo nosotros dos. — Aquí están los documentos — dije, acercándome. Intenté no mirarlo directamente a los ojos, pero podía sentir su mirada clavada en mí, como si estuviera estudiando cada uno de mis movimientos. Cuando le entregué los papeles, Elías no se apresuró a tomarlos. En lugar de eso, se enderezó lentamente y dio un paso hacia mí, reduciendo aún más la distancia entre los dos, y finalmente agarró los documentos. Elías: — Gracias — dijo en un tono grave, casi como si su voz se deslizara sobre mi piel. Dejó los papeles sobre el escritorio, y luego, dio un paso más, acercándose de tal forma que su presencia invadió completamente mi espacio personal. No cruzó la línea, pero no hacía falta. Su cercanía me hacía sentir como si la oficina se estuviera cerrando a nuestro alrededor, y me costó respirar con normalidad. — ¿Necesita algo más? Elías: — Cierra la puerta — pidió y con un poco de nervios, pero sabiendo que no podía negarme, cerré la puerta. Luego, me volví a poner en el mismo lugar que antes. Elías: — No quiero parecer impaciente, pero… ¿Ya tienes mi respuesta? — Em… sí, ya lo he decidido Elías: — ¿Y qué has decidido? — insistió, y pude ver cómo sus labios formaban una pequeña sonrisa, como si ya supiera lo que iba a decir. — Que… sí — contesté, sintiendo cómo su sonrisa se agrandaba. Él dio un paso más hacia mí, y estaba tan cerca que casi podía sentir su respiración contra mi piel. Elías: — ¿Estás segura? — murmuró, y su voz resonó en mi pecho, haciendo que un escalofrío recorriera mi espalda. — Creo que sí, pero vayamos despacio — respondí en un susurro, apenas audible. En ese momento, él tomó mis manos y las colocó suavemente sobre su pecho. Me guio con calma, pero a la vez con firmeza. Llegó hasta su abdomen, y ahí se detuvo. Así pues, cerré los ojos por un momento, dejando que la sensación del roce me envolviera. Elías: — A partir de ahora, te voy a dejar claro algunas cosas — dijo con suavidad, pero con una firmeza que hacía que cada palabra pareciera más una orden que una sugerencia. — Nadie tiene por qué saber lo que pase entre ambos. Yo no diré nada, tú no dirás nada. Solo tú y yo. Nada de compromisos, solo lo que ambos deseamos. ¿Está bien? — mencionó, y asentí sin pensarlo demasiado. — Estoy de acuerdo… Elías: — No tengo intenciones de hacer nada en contra de tu voluntad, y eso debe quedar claro desde el principio — Vale. ¿Y… está seguro de lo que está proponiendo? Elías: — Estoy muy seguro — afirmó, sin apartar la mirada de la mía. Bajó mis manos lentamente hasta la altura de su cinturón, pero antes de que pudiera reaccionar, las soltó. Por un instante, quedaron suspendidas en el aire hasta que, insegura, las junté contra mí. Después, Elías se inclinó y puso rostro a centímetros del mío. Levantó una mano y, con la yema de los dedos, deslizó un mechón de mi cabello detrás de mi oreja. Su toque fue ligero, casi eléctrico y por eso me tensé, pero no me aparté. Elías: — Quiero que confíes en mí — murmuró. — Lo haré Elías: — Cuando quieras me avisas y empezamos con esto — dijo y asentí. — Y… ¿Por qué no ahora? — cuestioné y le vi sonreír de lado. Elías: — Iremos poco a poco, a tu ritmo. Sin prisas, pero con ganas — mencionó, y al instante dio dos pasos hacia atrás, guiándome con él hasta que mi espalda chocó suavemente contra la puerta. Fue tan rápido que me agitó, pero lo que más me desconcertó fue lo mucho que me gustó. Antes de que pudiera reaccionar, sus labios capturaron los míos en un beso firme e inesperado, y me quedé paralizada por un instante, pero no tardé en rendirme a la calidez de su boca, recibiendo gustosamente aquel beso impredecible, pero arrollador. Era apasionado, intenso, cargado de deseo. Un beso que nunca imaginé que sucedería… Bueno, sí lo había imaginado, pero jamás pensé que se haría realidad. Elías profundizó el contacto, tomándome del rostro con una de sus manos, mientras su otra palma se mantenía firme contra la puerta, impidiéndome escapar. Su lengua rozó la mía con una caricia tentadora, arrancándome un suspiro ahogado. Entonces, sentí un escalofrío recorrer mi piel, un fuego que nacía desde mi estómago y se expandía sin control. Finalmente, se separó con lentitud y yo casi caía derretida al suelo, con las piernas temblorosas y la respiración entrecortada, sintiendo aún el sabor de su beso en mis labios. Elías sonrió con esa maldita seguridad que lo caracterizaba y, luego se separó de mí. Elías: — Mañana nos volveremos a encontrar. Ahora ya puedes irte Me di lentamente la vuelta, abrí la puerta y salí de su oficina, sintiendo su mirada clavada en mi espalda hasta que crucé la puerta. Estaba que me moría de calor. Mi cuerpo seguía en llamas, y eso que solo había sido un beso. No quería ni imaginar cómo me sentiría cuando pasara algo más. En verdad, hubiera querido quedarme más tiempo en su oficina, descubrir qué sucedería después de ese beso, dejarme llevar sin pensar demasiado. Pero algo dentro de mí me detuvo. Tal vez fue el miedo a lo que esto significaba realmente, o quizás el recuerdo de lo difícil que había sido confiar en alguien en el pasado. No quería apresurarme y terminar lastimada. Si iba a empezar algo con Elías, tenía que asegurarme de que no fuera solo una decisión impulsiva, sino algo que realmente quisiera… y que pudiera manejar. Aun si fuera algo puramente físico.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR