Capítulo 29: Besos intensos

1860 Palabras
ELÍAS 16:45 p.m. Me encontraba en mi oficina atendiendo una charla con Nicolás. No era una conversación formal, solo estábamos de pie a mitad de la oficina, discutiendo detalles sobre un proyecto, algo ligero, sin demasiada seriedad en el aire. Mientras Nicolás me hablaba, mi mirada se desvió hacia la oficina de enfrente, la de Rebeca. La vi allí, y de inmediato me di cuenta de que ella me estaba observando. A pesar de la distancia, pude notar en su mirada el mismo deseo que yo había sentido por la mañana. Durante todo el día, desde el beso que le había dado, me había estado mirando de la misma forma, con esa chispa en los ojos. No podía evitarlo; las ganas de volver a besarla, de sentirla cerca, crecían cada vez más. Aunque ella insistiera en sus dudas o en no estar completamente lista, su cuerpo me decía lo contrario. El lenguaje de su cuerpo al besarla me lo había transmitido claramente: estaba dispuesta, estaba presente. Y eso me volvía completamente loco. Quizás todo esto era un juego de su parte, una forma de hacerse la inocente, de mantenerme al margen mientras me provocaba con cada gesto. No sabía exactamente qué papel estaba jugando, pero eso solo aumentaba el deseo. No importaba qué tan firme se mostrara en sus palabras; su cuerpo ya hablaba por ella. Nicolás: — ¿Entonces qué piensas de lo que te he dicho? — ¿Eh? Sí, estoy de acuerdo contigo — respondí rápidamente, volviendo a centrarme en la conversación. Nicolás: — ¿Seguimos adelante con lo del proyecto? — Sí, mándame todo lo que has mencionado y lo revisamos Nicolás: — Perfecto, en cuanto lo tenga listo te lo envío — Genial Nicolás: — Bueno, yo ya me voy. Ya casi es hora de salir. ¿Tú te vas a ir ya? — No, aún tengo un par de cosas que terminar por aquí Nicolás: — Siempre tan ocupado, ¿eh? — Ya ves, no hay descanso Nicolás: — Pues nos vemos mañana, entonces. Ya me voy, que se me hace tarde — dijo, mientras se dirigía a la puerta. — Adiós Nicolás: — Adiós, nos vemos mañana Después de que Nicolás se fue, volví a mirar hacia la oficina de Rebeca y la vi en su escritorio, ordenando algunas cosas. Entonces, me di la vuelta y me dirigí al pequeño espacio de la oficina donde había varios sofás cómodos, y serví dos vasos con un poco de whisky, sabiendo que Rebeca se pasaría por aquí al final de su jornada. Había algo en mí que deseaba pasar un rato con ella, no solo para satisfacer la atracción, sino también para conversar. Quería entenderla un poco más, descubrir sus límites, sus pensamientos. Sabía que ella, a pesar de sus dudas, tenía un interés en lo que estaba pasando entre nosotros, y yo no podía ignorar eso. Así que, en eso que terminaba de servir, la vi aparecer en el pasillo. Caminaba despacio, con una carpeta en las manos, y cuando me vio, me sonrió de lado. Rebeca: — Le venía a entregar la carpeta con los documentos ordenados, tal y como me lo pidió — Vale, déjala por ahí — dije, y ella dejó la carpeta sobre la mesa. Luego, le ofrecí uno de los vasos que había servido. Ella, sorprendida, lo aceptó y se sentó en uno de los sofás individuales, mientras yo me acomodaba en el más grande. Rebeca: — ¿Es whisky? — Sí, para entrar en ambiente — respondí, sonriendo ligeramente mientras ella tomaba un trago y me miraba. Rebeca: — Ya veo — Quisiera que me contaras un poco de ti — dije, inclinándome un poco hacia adelante, interesado en conocer más. Rebeca: — ¿Sobre qué? — De momento nada de temas personales, aunque si quieres, puedes hacerlo. Pero lo que realmente me interesa es conocer más a fondo tus gustos, tus costumbres Rebeca: — ¿Gustos, costumbres… en mi día a día? — replicó, levantando una ceja, curiosa. — Perdón, no fui muy claro. Me refiero… en el sexo — dije, viéndola sonreír ligeramente. Rebeca: — Ah… — susurró, como si ya esperara algo como eso. — ¿Te incomoda hablar de eso? — pregunté, observando su expresión para asegurarme de que estaba cómoda. Rebeca: — Para nada — respondió, con una mirada llena de desafío, lo que me gustó. — Y bien, ¿quieres que empiece yo y así te sueltas más? Rebeca: — Bueno… si insiste — Vale. Pues, me gusta ser bastante intenso, pasional, y bastante activo — comenté y la vi levantar una ceja. Rebeca: — Parece ser que le gusta ser atrevido — dijo, mientras ponía su vaso sobre la mesita y yo hice lo mismo. — Y mucho Rebeca: — Okay — ¿Te interesa eso? Rebeca: — No suena mal. Solamente espero que no sean solo palabras vacías — En absoluto. Cuando hablo es de verdad Rebeca: — Bueno, yo también soy igual que usted. Creo que compartimos los mismos gustos — ¿Hay algo más que quieras saber de mí? Rebeca: — Sí, quisiera saber algo. ¿Con cuántas mujeres ha estado sexualmente? — Si hablamos de sexo como tal, solo con una. Pero he besado a otras dos más… y nada más. No soy de ir por ahí coleccionando cuerpos, si eso te preocupa — respondí con naturalidad, sin adornos ni excusas. Rebeca: — Okay... — Si quieres estar más segura, podemos hacernos una prueba de ETS los dos. Yo estoy seguro de que estoy bien. Siempre he sido muy cuidadoso, por eso me atrevo a proponerte tener algo físico, si no no lo haría Rebeca: — Me parece bien — ¿Y tú qué disfrutas en el sexo? Rebeca: — Muchas cosas, pero si tengo que elegir disfruto cuando me hacen perder el control. Cuando no tengo que pensar en nada, solo sentir. Y sí, también disfruto provocar, aunque solo cuando vale la pena — Lo tendré en cuenta — comenté, con una leve sonrisa mientras le sostenía la mirada. — ¿Quisieras saber otra cosa de mí? — añadí, dándole espacio para llevar la conversación a donde quisiera. Rebeca: — Mm… puede que sí. Pero no sé si debería — ¿Ahora me vas a dejar con la duda? Rebeca: — Está bien — respondió al fin, mirándome con una mezcla de descaro y diversión. — ¿Cuánto te mide? Me eché a reír, sorprendido, negando con la cabeza. — Esa sí que no me la esperaba — admití, aún sonriendo, aunque no pude evitar carraspear un poco. Rebeca se dio cuenta y su sonrisa se amplió, satisfecha, como si acabara de anotar un punto a su favor. Rebeca: — Me encanta ver a un hombre así de seguro… ponerse incómodo por un segundo — dijo mientras agarraba su vaso de whisky. — No estoy incómodo, pero ya que preguntas… podrías comprobarlo tú misma, algún día Rebeca: — ¿Algún día? Qué modesto te pusiste ahora — comentó, con una ceja arqueada y luego tomó un trago de su vaso. — Bueno, digamos que nunca he recibido quejas Rebeca: — Sabes, eso que dicen de tenerla pequeña y juguetona no me convence — Créeme, te voy a satisfacer, de eso no tengas dudas — dije con total seguridad, sin apartar los ojos de los suyos. Ella me sostuvo la mirada, y esa sonrisa suya, mitad provocadora, mitad desafiante, me hizo saber que estaba disfrutando del juego tanto como yo. Rebeca: — Ya lo veremos… — murmuró con una voz suave, casi burlona, mientras devolvía su vaso a la mesa. — Y bien... ¿Algo más que quieras saber? Rebeca: — Tal vez no hablarlo, sino más bien descubrirlo — respondió poniéndose de pie y acercándose a mí. — Creo que no soy el único que es intenso — dije y se subió encima de mí. Rebeca: — A mí también me gusta serlo — dijo, y esta vez fue ella quien tomó la iniciativa, dándome el primer beso. Me sorprendió, no lo esperaba, pero al mismo tiempo, su gesto me hizo saber que estaba lista para dar ese paso. Así pues, la atraje hacia mí, sujetando su cintura con sutileza, mientras ella colocaba sus manos en mi nuca, profundizando el beso. Sentía su cuerpo vibrar con un deseo palpable, su anhelo era claro y sin reservas. Se veía cachonda, atrevida, y eso que antes parecía estar serena, pero ahora era todo lo contrario. Me besaba con una intensidad que superaba mis expectativas, y eso solo aumentó mi deseo. La atraje aún más cerca, sintiendo su calor, hasta que nos separamos brevemente para recuperar el aliento, con las respiraciones agitadas. Rebeca: — En realidad, no esperaba que algún día me dijeras que me deseabas tanto como yo — ¿Te sorprendió? Rebeca: — Sí, pero saberlo me pone cachonda — respondió antes de volver a besarme con la misma intensidad. Joder, ella se veía sumamente excitada. Era más intensa y más atrevida de lo que me hubiera imaginado. Yo pensaba que era más reservada, incluso tímida, pero con sus palabras y su manera de besarme admitía que me había dejado sin palabras. A continuación, hice a un lado su cabello y la besé en el cuello, sintiendo su piel arder. Rebeca: — Por ahora solo serán besos. Lo otro lo dejamos para otro momento — Está bien En ese momento, me estaban dando ganas de follarla de otra manera más s****l, pero tenía que respetar su decisión. Al final, sabía que a penas estábamos conociéndonos físicamente, por lo que por eso también descarté esa idea. Besé su cuello y fui besando un poco la parte de su escote. Demonios… quería devorarla por completo, pero no, tenía que resistirme a esa tentación. Volví a besarla en los labios y puse mis manos en sus nalgas, dándoles un apretón. Ella miró y la vi lanzar una sonrisa pícara, lo que mató. Indudablemente, ella se veía que le gustaba ser como yo en el sexo, y no podía contener las ganas de explorar más a fondo sus deseos. Sabía que nos íbamos a entender muy bien. Rebeca: — ¿Cuando dices que te gusta ser pasional y activo a qué te refieres? — Que estoy dispuesto a ti. Si me pides que no pare no paro, si te gusta follar duro así te lo voy a hacer. Te tengo demasiadas ganas, Rebeca. Quiero darte todo y no quedarme con reservas Rebeca: — Es justo lo que quiero de ti — respondió con una sonrisa y me besó. Sus besos tenían un sabor adictivo, una mezcla entre dulzura y desafío que me atrapaba sin remedio. Pero ya no era solo el beso en sí, ni la química evidente entre nosotros, era el hecho de que realmente la deseaba. Desde hace tiempo. Rebeca era una mujer increíblemente bella y sensual, con una actitud que me volvía loco. Y saber que compartíamos el mismo deseo solo avivaba más ese fuego que llevaba conteniéndose demasiado. Pero ahora, por fin la podía probar y demostrarle esas ganas contenidas que me causaba solamente con verla caminar.
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