Capítulo 9: Analizando

1787 Palabras
REBECA Viernes, 12:09 a.m. Nicolás: — Hola, Rebeca — saludó al llegar a mi oficina. — Hola, Nicolás. ¿Qué necesitas? Nicolás: — Te quería preguntar si le podías dar estos informes a Elías. Ahora está en una reunión, ¿verdad? — Sí, está en la sala de juntas Nicolás: — Vale, es que yo no se los puedo dar después porque tengo que salir a una reunión fuera de la oficina y no regreso hasta mañana. Me preguntaba si podrías hacerlo por mí porque estos informes son urgentes — Sí, sí, no te preocupes Nicolás: — ¡Gracias, te debo una! — De nada. Que te vaya bien Nicolás: — Gracias. Adiós — Adiós 12:55 a.m. Terminé de agendar unas cosas y me preparé para ir a dejar los informes que Nicolás me había pedido. Elías ya estaba en su oficina; su reunión había finalizado hacía poco, y por el sonido de unos papeles deslizándose, parecía que estaba organizando algunos documentos. Cuando llegué, vi que la puerta estaba entreabierta. Toqué suavemente antes de entrar y luego lo hice. — Señor Monteiro, venía a dejar unos informes que Nicolás me pidió que le diera Elías: — Déjalos ahí en el escritorio — dijo sin mirarme, mientras terminaba de guardar una carpeta en el armario. Asentí y caminé hacia el escritorio, pero justo cuando iba a dejar los documentos, mi pie quedó atrapado en el borde de la alfombra y, en cuestión de segundos, mi cuerpo se inclinó hacia adelante. Antes de que pudiera reaccionar, unas manos firmes me sujetaron desde atrás, aferrándose a mi cintura con seguridad para evitar que cayera. Me enderecé y me giré, encontrándome con sus ojos oscuros, fijos en los míos. El tiempo pareció detenerse. Su mirada era intensa, seria… su expresión y su agarre me habían dejado sin aliento. — Gra… gracias — murmuré, sintiéndome extrañamente atrapada en el momento. Elías: — Ten más cuidado — dijo en un tono bajo. Mientras tanto, notaba que sus manos seguían descansando en mi cintura, aun sujetándome, a pesar de que ya estaba estabilizada. Pero al instante, las fue bajando lentamente, como si quisiera asegurarse de que no volviera a perder el equilibrio. — No me di cuenta, es que… fue culpa de la alfombra — balbuceé, señalando el borde doblado con una mezcla de vergüenza y desconcierto. Elías: — Sí, pediré que la cambien. Yo también, una vez, casi me caigo por lo mismo, y estuve a punto de irme de bruces al suelo — comentó con naturalidad mientras volvía la vista a la alfombra. Yo solté una pequeña risa, pensando que lo había dicho quizás para hacer mofa, pero cuando él me miró rápidamente, me sentí como si acabara de meter la pata. No sabía si realmente lo había dicho para hacerme reír o si yo lo había malinterpretado. Tampoco quería que pensara que me estaba burlando de él, porque no era así. — Digo… sí, es peligroso — añadí, aclarando mi garganta y desviando la mirada. Él no dijo nada más, solo me siguió mirando. Yo, por mi parte, fui a dejar los documentos encima del escritorio, y después él se fue a sentar. Rápidamente, me apresuré a salir de la oficina y me fui a la mía, cerrando la puerta detrás de mí. Todo había sido tan extraño, pero al mismo tiempo sorprendente. La rapidez con la que actuó para evitar que me cayera, la manera en que permaneció más tiempo del habitual sujetándome por la cintura… Su tacto, aunque firme, había sido sutil y me había dejado una sensación que no podía ni quería quitarme de encima. Eso sí, me había parecido vergonzoso casi caerme frente a él y parecer torpe, pero lo que realmente me inquietaba era la forma en que se había quedado allí, sujetándome por más tiempo del necesario. Y tal vez no significaba nada, pero algo me hacía pensar que lo había hecho por alguna razón que solo él sabía. Quizás para hacerme saber algo, quizás para que me diera cuenta de que estaba más atento a mí de lo que había imaginado, o tal vez simplemente porque tenía la necesidad de asegurarme de que estuviera bien… No sé, pero no podía evitar sentir que había algo más en ese gesto. 15:31 p.m. El interfono empezó a sonar y contesté la llamada. Elías: — ¿Tienes la confirmación de la reunión con Javier Santos? — Sí, me envió un correo confirmándola Elías: — Perfecto. ¿Tienes algo que hacer ahora? — No Elías: — Ven a mi oficina un momento, quiero que revisemos algo y me des tu opinión sobre un par de detalles — Vale, ahora voy Colgué el interfono y me dirigí a la oficina de Elías. La puerta estaba entreabierta, así que toqué suavemente y luego entré. Elías estaba apoyado contra el escritorio, con los brazos cruzados. Lo primero que noté fue que no llevaba el saco del traje puesto, lo que hacía que al doblar ligeramente los brazos, se marcaran más los músculos debajo de su camisa. Se veía más relajado, menos formal… pero igual de atractivo. Y lo segundo que me llamó la atención fue la alfombra. Ya no era la misma de la mañana. Ahora había una nueva, de un tono gris oscuro y con una textura más firme, sin los bordes levantados. — ¿Ya vinieron a cambiar la alfombra? Elías: — Sí — Qué rápido — comenté, sin poder evitar mi sorpresa. Él simplemente asintió, como si no fuera gran cosa, pero yo no pude evitar preguntarme si realmente se había debido solo a un asunto de mantenimiento… o si mi caída de la mañana había influido en su decisión de cambiarla tan rápido. Fue un detalle pequeño, pero de alguna forma me hizo pensar que, tal vez, se preocupaba por mí más de lo que yo pensaba. — Muy bien, ¿para qué me necesita? — pregunté mientras me sentaba en la silla frente a su escritorio. Elías: — Quería pedirte un favor… Estoy pensando en hacerle un regalo a mi madre por su cumpleaños. Falta un mes para eso, pero mi diseñador tardará ese tiempo en hacerlo para quede perfecto — Okay… Elías: — Quería comprar un collar porque sé que le gustan mucho, pero no sé cuál elegir y, como no tengo a otra mujer en quien confiar para darme una opinión sincera y tú eres una mujer… Pues pensé que podrías ayudarme — Vale, estaría encantada — respondí, algo sorprendida, más que todo por la confianza que me mostraba al pedirme una opinión tan personal. Se sentía casi íntimo, algo que no me hubiera imaginado. Elías: — Tengo cuatro bocetos para elegir uno. Sé que podría darle todos los collares a mi madre, pero quiero que sea algo especial, algo que realmente sienta que fue pensado para ella y no solo un regalo costoso sin significado — Es un gesto muy bonito de su parte. A veces es más importante la calidad que la cantidad — dije mientras Elías deslizaba los bocetos hacia mí. Entonces me quedé en silencio por un instante, hojeando los bocetos, cada uno con un estilo y color diferente. Cada joya estaba representada con precisión, y junto a las ilustraciones, había pequeñas anotaciones que describían los materiales utilizados. En algunos bocetos, las piedras preciosas estaban resaltadas con su respectivo nombre y cada una con una breve explicación sobre su significado y el tipo de engaste que llevaría. — Son realmente hermosos — comenté con admiración. Elías: — ¿Tú crees?… Los bocetos son míos — dijo con indiferencia, como si no tuviera importancia. — ¿Cómo que suyos? ¿Usted dibuja? — pregunté con curiosidad, sin poder ocultar el asombro en mi voz. Elías: — Estudié diseño antes de dedicarme por completo a los negocios — respondió como si fuera un dato sin relevancia. — Guau. No lo sabía. Dibuja muy bien, tiene mucho talento — dije mirándolo fijamente. Elías me sostuvo la mirada por un instante, pero luego desvió la vista hacia los bocetos. Parecía que mi cumplido no le afectaba demasiado. Pero, a diferencia de otras veces, no fue con arrogancia, sino con una especie de modestia que no esperaba ver en él. Elías: — ¿Qué piensas? ¿Cuál crees que le guste más? — Todos están muy bellos, de verdad lo digo — respondí, sintiéndome un poco indecisa por no querer elegir uno solo. Elías: — Elige solo uno — Me está poniendo en un aprieto — comenté, sonriendo nerviosa mientras miraba los bocetos. Sabía que mi opinión era importante para él, pero la decisión era realmente difícil. Elías: — Solo quiero saber tu opinión honesta — A ver… Todos están muy lindos. Cada uno tiene algo que lo hace llamativo, pero si tengo que elegir uno, el que más me guste… Pues elegiría este con zafiro azul — dije, señalando el boceto. Elías: — ¿Este? — Bueno, es el que podría decir que me gusta más, solo un poco más que los otros Elías: — A mí también me gusta más ese Lo miré de inmediato, y nuestros ojos se encontraron por un instante. Hubo un pequeño silencio, uno que no fue incómodo, sino más bien curioso. Como si ambos hubiéramos notado esa coincidencia de gustos y nos sorprendiera… pero al mismo tiempo, nos gustara. Pero al instante, para disimular, desvié la mirada, como si nada hubiera pasado, aunque aún sentía esa pequeña complicidad en el ambiente. — ¿Y qué hará? ¿Mandará a hacer el collar? Elías: — Sí — Pues espero que a su madre le guste su regalo, ya no solo por la joya, sino también por el gesto. Muchas mujeres valoramos más eso, que venga de una persona especial… Por ejemplo, si usted me la diera, me gustaría mucho — mencioné, devolviéndole los bocetos con una pequeña sonrisa. Elías alzó una ceja con interés, y una expresión casi calculada apareció en su rostro. Elías: — ¿Te gustaría refiriéndote a la persona o al obsequio en sí? — cuestionó con aparente curiosidad, pero con ese tono suyo que dejaba claro que disfrutaba poniéndome en aprietos. Así pues, lo miré enseguida, sintiendo una ligera punzada de nerviosismo al notar su mirada fija en la mía, como si me analizara por completo. — Eh… Por el obsequio, claro, sí, sí — respondí rápidamente, aclarando mi garganta mientras apartaba la vista. Elías no dijo nada por un momento, pero la media sonrisa que apareció en sus labios me dejó claro que no se había tragado del todo mi respuesta. Sin embargo, no insistió. Elías: — Bien, entonces este será el elegido. Gracias por tu tiempo — No hay de qué, señor Monteiro
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